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Silvia Marsó actriz y productora teatral

“Yo no busco la comercialidad, busco el arte, el más difícil todavía”

Silvia Marsó da vida mañana en el Gayarre a la Señora C en el espectáculo musical ‘24 horas en la vida de una mujer’;“el personaje más completo” que ha hecho hasta ahora

Paula Etxeberria Cayuela Javier Camporbin - Sábado, 17 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Silvia Marsó, al frente del elenco teatral y musical de ‘24 horas en la vida de una mujer’.

Silvia Marsó, al frente del elenco teatral y musical de ‘24 horas en la vida de una mujer’. (Javier Camporbin)

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  • Silvia Marsó, al frente del elenco teatral y musical de ‘24 horas en la vida de una mujer’.

Pamplona- Vuelve a Pamplona “con muchas ganas” y con la pasión viva por la obra que protagoniza y ella misma se ha arriesgado a producir en solitario: el espectáculo musical de cámara 24 horas en la vida de una mujer, basado en la novela de Stefan Zweig. Un antes y un después en la vida y la carrera de Silvia Marsó (Barcelona, 1964).

¿Qué le cautivó de esta obra para lanzarse a producirla en solitario?

-La novela de Zweig, que ya conocía y es una obra maestra;la música que ha compuesto Sergei Dreznin, de una belleza sobrecogedora;y cómo los adaptadores franceses Christine Khandijan y Stéphane Ly-Coug extractaron de la novela la esencia de los personajes para plasmarla en la dramaturgia de la obra. Me gustó todo.

Fue a verla a París y se decidió a producirla, sin apoyo de nadie. ¿Tan arriesgado se veía o tan poco riesgo se asume en España a la hora de producir teatro?

-En España no están muy acostumbrados a este tipo de teatro tan diferente, y no encontré coproducción, no encontré un productor que quisiera subirse al carro. En cambio, sí se subió un gran director como Ignacio García, uno de los más grandes que tenemos a nivel internacional. Y él sí se subió desde el minuto cero.

¿Cómo ve las posibilidades para producir hoy en teatro algo que se sale de la norma, algo diferente?

-Es difícil. Hace falta mucha valentía y mucho tesón para atreverse. Porque últimamente por la crisis la gente lo que busca son cosas muy convencionales, muy reconocibles y si puede ser con un gran componente de humor, para que sea fácil venderlas.

Se busca garantía de amortización.

-Sí. Pero yo no busco la comercialidad, yo busco el arte, el más difícil todavía, el compromiso con la cultura;y eso no está pagado con dinero.

Hablando de valentía, su personaje en 24 horas en la vida de una mujer, la Señora C, encarna esa conquista de la libertad, una valentía que igual a otros les parecerá una huida de su propia vida, pero el caso es que esa vida no era auténtica, o no la consideraba ella muy auténtica...

-No se dio cuenta. Hasta que no pierde a su marido, siendo una aristócrata que ha tenido la vida muy fácil, y se queda viuda, sus hijos han abandonado ya el hogar porque son mayores, y se queda sola, con una vida vacía..., hasta que eso no ocurre no se da cuenta de que ha vivido a remolque de lo que iban decidiendo los demás. Y el destino la pone en una situación límite cuando encuentra en el Casino de Montecarlo a un jovencísimo ludópata que se está jugando una fortuna. A partir de ese momento empiezan esas 24 horas en las que por primera vez ella toma las riendas de su vida y empieza a tomar decisiones que la harán cambiar para siempre.

Esa vida a remolque, condicionada por lo establecido, la llevamos la mayoría de los mortales...

-Sí. La mayoría de las personas, en algún momento de nuestras vidas, nos encontramos en un cruce de caminos y tenemos que decidir qué rumbo tomar. Y muchas veces, por cobardía, o por el qué dirán, o por la sociedad, la familia, la religión o por tu estatus, no quieres arriesgar. Y pierdes esas posibilidades que te ofrece la vida. Esta obra es una reflexión sobre eso.

¿Su experiencia con el personaje le hizo replantearse su día a día?

-Sí. De hecho, es lo que me motivó a atreverme a producirla en solitario. El destino puso en mi camino esta obra, y tuve que tomar una decisión importante: hacerla o no hacerla. Porque nadie quería producirla. Y esa enseñanza, una de las que tiene la obra, fue lo que me hizo lanzarme.

Mirando hacia el futuro, ¿en qué le gustaría seguir arriesgando más, como lo ha hecho en esta ocasión?

-En los proyectos que tienen que ver con la cultura, que dan a la gente la posibilidad de pensar, que cuestionan a la sociedad o nuestra posición en ella, y sobre todo los que hablan de mujeres que en algún momento de sus vidas se tienen que enfrentar a todo lo establecido para buscar su propia libertad individual.

Sí, porque en esa conquista de libertad las mujeres lo hemos tenido, y lo tenemos aún, más difícil que los hombres. Siguen vigentes esos prejuicios sobre el amor de una mujer madura hacia un hombre más joven, sigue estando peor visto socialmente que una mujer esté sin pareja a cierta edad... Avanzamos lentamente, ¿no?

-Muy lentamente, cuesta muchísmo. En el siglo XX se logró la incorporación de la mujer en la industria y el mundo laboral, pero todo lo demás aún se está quedando atrás. Y hablo de la brecha salarial, de los puestos de poder o directivos, y por ejemplo en el amor, de que no se le permita a una mujer madura tener una relación con un hombre mucho más joven porque está mal visto... Y muchas más cosas, es infinita la desigualdad.

También la dependencia en los cuidados, que luego causa lo que le pasa a su personaje, ese síndrome del nido vacío por volcarse demasiado en la crianza de los hijos...

-Efectivamente. Zweig en la novela habla de todo eso y hay una lectura profunda de cuál es el sitio de la mujer en la sociedad;y ahí es cuando se produce el debate. El debate que tiene que hacer el público, los personajes no lo hacen, están sumidos en una situación límite... pero los espectadores, al ver lo que les pasa, tienen que sacar sus propias conclusiones al respecto. Por eso, es un espectáculo musical que a pesar de pasar por momentos muy lúdicos, por muchos estados trepidantes, poéticos, románticos, a veces eróticos, sensuales y dramáticos, tiene detrás una profunda reflexión sobre la vida, el paso del tiempo y las oportunidades perdidas.

El espectáculo integra danza, música, canto, interpretación... ¿Este personaje es el más completo que ha encarnado?

-Sí, el más completo. Como te he dicho, busco el más difícil todavía, para mí es un reto apostar por el riesgo. Y este personaje lo tiene absolutamente todo para lanzarte a la piscina.

Volviendo al tema de la mujer, por lo menos ahora se empieza a denunciar el acoso en el mundo del espectáculo. ¿Ha sufrido alguna experiencia en este sentido?

-No, en mi profesión ninguna. Pero hay que denunciarlo y es muy importante que se haya hecho y que sea una corriente internacional. Por primera vez se está hablando de un tema tan sórdido y tan injusto, que es tan necesario evitar ya en el siglo XXI.

La conquista de libertad que defiende Stefan Zweig, ¿la ve posible o tal y como está orquestado el mundo hoy es una utopía y debemos conformarnos con pequeños momentos, con resquicios de libertad?

-La humanidad lleva luchando por la libertad desde tiempos inmemoriales, pero es algo muy abstracto. Estamos muy supeditados a muchos condicionantes, hay muchas lacras personales y sociales que nos envuelven y nos restan libertad. Creemos que somos libres, pero no lo somos.

¿Y dónde encuentra Silvia Marsó la máxima libertad?

-En el escenario. Porque desde el momento en que empieza la función hasta que termina, el actor es dueño de sus actos y de sus emociones, y no hay nada ni nadie que lo pueda manipular. Es el vivo y el directo. Por lo tanto, mi libertad más profunda la siento sobre las tablas.

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