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Obras de pavimentación en Estella-Lizarra. Los gremios en Navarra (siglo XIX)

por Juan L. Erce Eguaras - Sábado, 17 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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En las Cortes de Navarra de 1817-18, las penúltimas del Reino y una de las más fructíferas, en materia social hubo una cierta evolución que se reflejó en varias leyes. Afectaron a un gran sector de la población, a la estructura gremial, a un amplio abanico de profesionales privados o de la Administración y a otros grupos más desfavorecidos, incluidas las mujeres. Se extendieron a campos como la sanidad y en general, aunque supusiesen un paso importante hacia la modernización de las estructuras del Antiguo Régimen, no significaron ni mucho menos un cambio global y profundo.

Los gremios se habían abolido en Francia durante la Revolución y en Inglaterra casi a la par. El sistema se perpetuaba en España y en Navarra. En la época estaba condicionado por las restricciones típicas del Régimen Estamental, con claras pervivencias medievales que hacían mantener las cotas de poder de las corporaciones. Estas se regían por una compleja casuística que impedía la liberalización de las industrias artesanales y el desarrollo económico. La red jurídica gremial se entremezclaba en un sin fin de complicados casos con otras instituciones de la Administración e incluso del clero secular y regular. Por ello, las reformas de carácter social y económico topaban inevitablemente con los obstáculos derivados de estos sistemas organizativos.

Las Cortes del Sexenio Absolutista dieron algunos pasos encaminados hacia la transformación de sus estructuras, pero no aportaron cambios completos. El antecedente se había dado mucho antes, en la asamblea de 1561, celebrada en la ciudad de Sangüesa. Entonces se había dispuesto la supervisión de los estatutos gremiales por parte de los municipios, para después enviarlos al tribunal del Consejo Real. A pesar de ello, las asociaciones relacionadas con los trabajos mecánicos habían logrado perpetuarse hasta 1817, manteniendo algunos aspectos en clara oposición con las leyes vigentes del Reino. Por todo ello se hacía necesaria la revisión de las ordenanzas, aunque los gremios perdurarían en España hasta su extinción definitiva, que sucedería en 1834, en plena guerra Carlista.

Las penúltimas Cortes sí aprobaron alguna ley que afectó de forma directa a la cerrazón del corporativismo. Por ejemplo, todas las sociedades deberían presentar sus ordenanzas en el Consejo, en el plazo de cuatro meses, contados a partir de octubre de 1817. Por otro lado, las cofradías de los oficios quedaban disueltas. Otra de las cláusulas determinó que quienes ya hubiesen superado las pruebas necesarias para acceder al puesto de maestro gremial, no tendrían que volverlas a repetir al cambiar de lugar de residencia. De este modo, desaparecían algunos de los impedimentos con los que las compañías obstaculizaban el acceso al trabajo (ley 55).

Los asamblearios dieron validez legal a otras ordenanzas anteriores, que guardaban relación con los recortes de prerrogativas de los gremios. En adelante, las pruebas de calificación de cualquier oficio se abrieron a todos los aspirantes sin restricciones. Hubo otra derogación importante de la ordenanza gremial, extensible a todos los ramos. En 1790, un Real Decreto había prohibido a las viudas de los artesanos conservar sus talleres y locales de venta, en el caso de contraer segundas nupcias con individuos ajenos al oficio. Los asamblearios decidieron revocarla, añadiendo la condición de que las «botigas» estuviesen regidas por maestro reconocido, al considerarse de interés público (ley 47).

Estas últimas disposiciones tienen un significado positivo y representaron un avance inicial dentro del proceso de desintegración de los rígidos sistemas organizativos, pero no hay que olvidar que la evolución del modelo también estuvo motivada, en gran parte, por las necesidades económicas derivadas de la crisis de la Guerra de la Independencia. Las mentalidades proclives a resistirse a estos cambios se habrían visto obligadas a ceder ante situaciones que requerían la adopción de decisiones extraordinarias. Tal es el caso de la Iglesia o de ciertos sectores nobiliarios de la sociedad a quienes la apertura no les beneficiaba. La manera de adecuarse a estas circunstancias fue ceder el mínimo terreno posible y el resultado general de la obra legislativa de 1817-18 reunió estas características.

También hubo ciertas mejoras sociales, pero ya se habían aplicado en España: la abolición de la tortura, la supresión del concepto de «oficios viles» o la libertad del ejercicio de la profesión de «buhonero». La asamblea de Navarra se dedicó a la mejora de las condiciones del trabajo femenino, pero de nuevo para legalizar anteriores disposiciones de la Novísima Recopilación española, con el fin de que tuviesen vigencia y aplicación en territorio foral. Las mujeres y niñas podrían aprender y desempeñar trabajos adecuados a su fuerza física, dejando que los hombres se dedicasen a las tareas que requerían mayores esfuerzos. Se abrían las puertas de par en par al sexo femenino en las fábricas de hilos y demás talleres artesanales para beneficio y fomento de la industria artesanal. Ninguna normativa gremial podría ir a partir de entonces en contra de estos derechos (ley 48). o Texto Texto.

las claves

estella-lizarra. En los últimos días se están acometiendo obras para la pavimentación de la calzada en varios puntos de la ciudad del Ega donde era muy necesario. Ya se terminó de mejorar parte de la calle Santa Soria (el acceso al Hospital García Orcoyen), y esta semana las máquinas trabajaban en las calles Doctor Huarte de San Juan (en la imagen) y parte de la Avenida de Yerri, por lo que hubo que realizar cambios en el tráfico rodado. En breve se asfaltará también la plaza Miguel Induráin, en el Sector B. Foto: r.usúa