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Hasier Larretxea escritor

“Aunque no pude hacerlo con el hacha, he querido homenajear a mi familia con la palabra”

Con su nuevo libro, que presentará el viernes 23 (19.30) en la librería Walden, el autor de Arraioz rinde tributo a todas esas personas que saben escuchar los latidos del bosque

Ana Oliveira Lizarribar Zuri Negrín/cedida - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Patxi Larretxea, padre de Hasier, en su elemento.

Patxi Larretxea, padre de Hasier, en su elemento. (Cedida)

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  • Patxi Larretxea, padre de Hasier, en su elemento.

Pamplona- En su cita en la librería de Pamplona, Hasier Larretxea (Arraioz, 1982) estará acompañado por el ilustrador Zuri Negrín y por la fotógrafa Paola Lozano. Ambos han sido sus cómplices en este proyecto que no solo contiene abundante información sobre la vida de los bosques de Baztan y del Pirineo navarro y aragonés, sino que, además, relaciona esta temática con el arte, la música y el compromiso social. Con capítulos como partes de un árbol que abraza, perdona, acepta y vive.

¿Dónde enmarcaría ‘El lenguaje de los bosques’, en narrativa, poesía, ensayo, memorias?

-Por un lado es un libro informativo porque profundiza en una materia, en este caso en el conocimiento que mi padre tiene de los bosques y de la madera, que me ha transmitido en horas y horas de entrevistas y viajes a los bosques de Baztan Bidasoa y los Pirineos, pero desde el minuto uno quise desmarcarme de esa tipología de textos científicos escritos por expertos. Lo que me interesaba era el corpus literario en relación a los temas que ya trabajé en libros anteriores como la vuelta a los orígenes, la cosmogonía rural, la sociología... Así que también hay historias del pasado cercano, como las de los contrabandistas o las de mi padre mismo, pero también de las personas con las que me he ido encontrando en el recorrido que hemos hecho para escribir este libro.

¿Qué tipo de personas ha conocido?

-Hay muchos compañeros y compañeras de viaje. Me interesaba muchísimo equilibrar este libro, de manera que por un lado tuviéramos la perspectiva de generaciones anteriores como la que representan mis abuelos y mis padres, y por otro reflejara mi mirada subjetiva sobre mi relación con la madera y con los bosques y sobre lo que ese universo significa para mí. Así que mientras iba entrevistando a mi padre y hablábamos de sus orígenes, de la dureza de la vida en el bosque y demás, iba trayendo el libro hacia mí. Y empecé a profundizar en elementos que me atraen como son la música, el arte y la fotografía. Por ejemplo, hay un compañero de viaje que es Montxo Armendáriz, un cineasta que me interesa mucho y que he entrevistado. Sobre todo quería hablar con él de Tasio y de Silencio rotopor el papel que el entorno, el bosque, juega en la idiosincrasia de los personajes. También, por supuesto, analicé a fondo Carboneros de Navarra, donde, además, se escucha el euskera de Baztan, lo que me resultaba muy bonito. En ese sentido, este libro ha supuesto un viaje fascinante, un regalo de aprendizaje, porque he valorado aspectos que de algún modo siempre he tenido de fondo en mi escritura, pero sobre los que no había profundizado.

Y ha recorrido ríos.

-Claro, he recorrido el río Esca y he hablado con las gentes del Pirineo navarro sobre la memoria de los almadieros. Aquí el compañero fue Iñaki Ayerra, que, entre otras cosas, me contó la historia de su abuelo, Donato Mendibe, que falleció a la altura de la Foz de Arbayún.

También aporta la mirada del arte.

-Sí, lo hago a través de Álvaro Machimbarrena, un artista que trabaja con la madera y que ha expuesto en el Reina Sofía. Es de Donostia y vive en Elgorriaga y con él he ahondado en asociaciones que me interesaban, como la del bosque y la muerte, mostrando cómo en algunos países de Europa hay cementerios en estrecha relación con los bosques... El arte también está representado mediante la fotografía.

La de Paola Lozano.

-Sin duda. Paola es una amiga de Madrid que ahora mismo vive en Hamburgo y que ha hecho el esfuerzo de viajar cuando podía para venirse a las excursiones por Baztan y por el Pirineo que planeaba yo con mi padre y con mi madre. Y le ha encantado perderse en los bosques. La verdad es que ha sido un proyecto muy bonito, aunque también muy laborioso. De hecho, ha habido momentos en los que no sabía si iba a llegar a puerto. Al principio no veía las distintas piezas y el tema es tan amplio...

Seguramente inabarcable, porque los bosques han sido escenario de mil vivencias, como las de los contrabandistas, auténtica referencia sociocultural de la zona en la que Hasier Larretxea nació.

-Siempre me han fascinado. Por eso los incluyo en la parte final del libro, relacionada con la construcción familiar e identitaria de mi padre. En ese aspecto, las historias de mis abuelos y tíos abuelos fueron fundamentales;él recuerda cómo huían de los brigadillas, que eran los guardias civiles que iban de paisano por los caseríos buscando detener a los contrabandistas en aquellos años de la dictadura en los que los agricultores necesitaban sacarse un plus de dinero para sobrevivir. Durante un tiempo, mi procedencia humilde y rural no era algo de lo que me gustara hablar. No es que renegara, pero no la defendía con el orgullo con el que la defiendo ahora. Quizá es normal, sobre todo a determinada edad y yo he tenido que vivir todo un proceso personal para asumirlo. Curiosamente, lo hice desde que me vine a vivir a Madrid, una ciudad en la que cosas que para mi padre, mi madre o para mí eran normales, habituales, como la vida en un pueblo, allí les resultan fascinantes.

Es que la relación con la naturaleza no tiene nada que ver en una gran ciudad y en un valle.

-Claro. Las referencias de mi infancia no tienen nada que ver con las de gente que he conocido en Madrid. Mi construcción personal está estrechamente ligada a la naturaleza. Yo no veía películas de Disney y de pequeño iba al Señorío de Bertiz a buscar hongos o salía a jugar a la calle con un hacha pequeñita atada al costado. Y, por supuesto, las competiciones de mi padre estaban siempre presentes.

Las competiciones de aizkora de su padre, de su tío -el emblemático Donato Larretxea- también aparecen reflejadas en estas páginas de un modo especial, porque durante un tiempo sintió que decepcionaba a la familia por no seguir con una tradición tan arraigada.

-El acercamiento entre mi padre y yo ha sido muy bonito en los últimos años. Con motivo de las performances que hacemos juntos en los últimos años hemos podido hablar de cosas de las que no habíamos hablado nunca. Como buenos vascos, sobrellevábamos las cosas en silencio, acumulando piedras en la mochila. En silencio. Pero la relación familiar es tan bonita ahora... Vamos a los eventos en furgoneta, todos juntos, y veo a mi padre dialogando con fervor con un amigo poeta o con un músico indie... Y es una alegría.

¿Y por fin se perdona a sí mismo por haberse sentido una decepción para su padre?

-Es cierto que durante un tiempo me sentí así. El apellido Larretxea pesaba muchísimo en el deporte rural y se esperaba mucho de mí y de mi hermano. Mi padre y mi tío han estado en primera línea y muy arriba durante mucho tiempo y recuerdo aquel día en la competición en el frontón de Doneztebe, cuando sentí que no podía seguir, con el pelo desteñido, con unas cadenas y una estética hardcore... Yo no me identificaba con aquel mundo y no me interesaba, lo hacía porque tenía que hacerlo, porque era el hijo de Patxi, una de las personas que más ha sabido y sabe de este deporte. Entonces no lo entendía, y es que para él era el mejor legado, la mejor enseñanza que podía darle a sus hijos. Pero, claro, yo no nací para eso y con el tiempo y el sosiego personal hemos podido hablar de estos asuntos y nos hemos permitido superarlos.

¿Han dejado lastres atrás?

-Sí, ha sido un crecimiento compartido. A mí la ciudad me ha aportado mucho. Me vine a Madrid solo, me tuve que sacar las castañas del fuego desde el primer momento, buscar piso, trabajo, en un lugar muy distinto a un pueblo de pocos habitantes. Pero todo esto también ha generado un crecimiento muy grande en mi padre. Mi madre ya había hecho su propio proceso de querer a su hijo, de entenderlo, de quererlo como es, y mi padre también lo ha hecho. Por eso ahora podemos hacer estas representaciones juntos y transmitir emoción y autenticidad. Verdad. Al final es una historia bien resuelta, con final feliz.

Es curioso, porque, como cuenta en el libro, la escritura fue la que le alejó de la familia durante la adolescencia y la escritura es la que ha propiciado un acercamiento a ella con el paso de los años.

-Justamente. La escritura fue durante mucho tiempo mi refugio, mi resistencia, quizá la única manera de dialogar conmigo mismo en un entorno en el que sentía que no podía desarrollarme. Mi padre no lo entendía y emitía juicios de desprecio hacia el cine y hacia la cultura en general, y para mí esos ámbitos eran, a la vez, una forma de enfrentarme a él, de buscar mi hueco. Él no lo entendía, solo creía que yo tenía que ayudarle en las tareas, adecuar la madera para campeonatos, etcétera. Y la literatura era mi modo de escaquearme. O la música. En aquellos años me ponía Euskadi Gaztea y me fascinaba con nuevos grupos, con las letras... Para todo aquello era un descubrimiento.

Y tuvo que irse para volver.

-Nunca pensé en Madrid como destino, tenía una imagen errónea de esta ciudad, pero conocí a Zuri (Negrín), él iba a estudiar allí y yo también fui. Ya llevo allí doce años y la literatura me ha servido para muchas cosas, para entender, para reconciliarme y para volver. Aunque no pude hacerlo con el hacha, he querido homenajear y honrar todo el esfuerzo de mi familia con la palabra. A través de la literatura he intentado expresar mi cariño sobre todo hacia mi padre. Me ha posibilitado una vuelta a las orígenes;tenía que irme para poder volver. Sin las vivencias de los últimos años no sería la persona que soy;la distancia me ha permitido ser quien quería ser. Si no me hubiera ido, por mi carácter y por la manera de ser de los pueblos me habría costado mucho más romper mi caparazón. La ciudad me ha hecho fuerte, me ha hecho quererme y aceptarme a mí y al otro con su idiosincrasia.

Dedica el libro también a Joxan Artze.

-Por supuesto. En el libro está presente la txalaparta y lo que supone;de ahí la presencia de los hermanos Artze, del disco Bat-Hirude Laboa, de Juan Mari Beltrán, de Oreka Tx... Artze fue un maestro, junto a Laboa, para entender la cultura, el arte y la libertad a través de los elementos naturales. La noticia de la muerte de Joxan la recibimos cuando empezábamos a maquetar el libro y pude incluir esa dedicatoria.

Otro aliado esencial ha sido Zuri Negrín, autor de las ilustraciones y compañero de vida.

-Sin duda. Zuri Negrín es mi marido y eje fundamental de este proyecto. De hecho, fue quien me sugirió esta ordenación de los contenidos como si fueran distintas partes de un árbol -tierra, raíz, tronco, rama, hoja...- y también me dio otras ideas como la música, por ejemplo. He hecho una playlist con las canciones que me han acompañado en este proceso que ya hemos incluido en la web que ha hecho él y que ya está activa. Y, por supuesto, están las ilustraciones, que abren cada capítulo junto con un aforismo mío.

¿Y cómo fue el proceso de publicación con Espasa?

-Pues casi sin darme cuenta. Nunca planifico nada. Tanto en la vida como en lo creativo intento ser intuitivo. Conocí a la editora, coincidió con la publicación en El País de un artículo de Sergio del Molino en el que hablaba de mi historia y de la de mi padre, y como Espasa en ese momento tenía interés por abrir una línea más naturalista, todo fue tomando forma. Entonces apenas estaba empezando a hacerle entrevistas a mi padre.

¿Qué significa este libro dentro de la línea biográfica o autorreferencial que ha mantenido hasta la fecha?

-No diría que ha sido el culmen, pero sí la consecuencia de todo lo que he hecho hasta ahora. He recogido versos de libros anteriores que entroncaban muy bien con la temática de este libro. Con los libros anteriores he ido plantando semillas y ahora ha florecido un árbol robusto, un roble contundente, como diría mi padre. Está mal que lo diga yo, pero es un libro que le puede gustar a cualquier persona a la que le guste la naturaleza y los árboles o incluso a quien le interese la historia reciente de Navarra y el País Vasco.

¿Y qué árbol sería Hasier Larretxea?

-(Ríe) Pues no sé. Mi padre se decanta por el roble, quizá debería consultarlo con él, porque suele hablar de las personas y de la vida en relación a los árboles.

en corto

El libro. El lenguaje de los árboles. Un diálogo con el paisaje. Con el tacto y el olor de la madera (Espasa, 2018).

Autor. Hasier Larretxea.

Colaboradores. Zuri Negrín (ilustraciones), Paola Lozano Flores (fotografías).

Presentación en Walden. Viernes, 23 de marzo, a las 19.30 horas.

En el Señorío de Bertiz. Domingo 25 de marzo, con motivo del Día Mundial de los Bosques, performance con Hasier Larretxea (recital poético) y demostración de deporte rural con Patxi Larretxea y Rosario Gortari.

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