Sillas, plumas y risas en una exposición para la memoria

El Guggenheim acoge 11 instalaciones de la donostiarra Esther Ferrer

Maite Redondo - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Una de las piezas que componen la exposición de Ferrer, con la silla como protagonista . Fotos: Miguel Toña (Efe)

Una de las piezas que componen la exposición de Ferrer, con la silla como protagonista . Fotos: Miguel Toña (Efe)

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Una de las piezas que componen la exposición de Ferrer, con la silla como protagonista . Fotos: Miguel Toña (Efe)La artista dibuja el espacio de la sala a través de hilos.

bilbao- El Guggenheim Bilbao llevaba tiempo queriendo dedicar una exposición a Esther Ferrer, “por eso ahora, con esta muestra especial y única, el Museo salda una deuda pendiente con esta artista, que tiene una trayectoria muy reconocida internacionalmente”, explicó Juan Ignacio Vidarte, director general del Guggenheim.

Comisariada por Petra Joos, la exposición ocupa la sala 105 del edificio de Gehry y está compuesta por 11 instalaciones de las cuales nueve son inéditas, ya que aunque la artista las había diseñado en maquetas, nunca se habían llevado a la práctica hasta ahora y las otras dos, la titulada Proyectos espaciales sobre muro, de 1977, y Las risas del mundo(1999), se han reconfigurado especialmente para esta ocasión.

Esther Ferrer dibuja el espacio de la sala a través de finos hilos colocados en sus paredes. Y emplea elementos cotidianos, materiales que se puedan reciclar, o lo que es lo mismo, que puedan ser devueltos a su origen una vez finalizada la exposición. Por ejemplo, en la Instalación con elementos eléctricos, dibuja un paisaje del País Vasco, a base de cables de acero, discos de aislamiento de cristal o material de desecho eléctrico.

Otra de las sorprendentes propuestas es Entrada a una exposición. Realizada con miles de plumas naturales de marabú blancas y negras, se trata de un pasillo de tres metros completamente plagado de plumas que el espectador que lo desee podrá recorrer, completamente a oscuras y envuelto por ellas. “La mejor manera de atravesar este pasillo es desnudo porque de lo que se trata es de que las plumas te acaricien y tengas una sensación placentera, sensual y te lleve a la exposición en un estado de ánimo perfecto a partir del cual tendrás que empezar a pensar”. El Museo advierte de que esta instalación esta desaconsejada para aquellas personas que sufran de claustrofobia o alergia.

El espectador no puede perderse Las risas del mundo, concebida en 1999 para una propuesta de la revista Lápiz, y adaptada mediante tabletas a los tiempos actuales, en las que se reproducen las carcajadas de ciudadanos de distintas partes del mundo. Todo aquel que lo desee puede grabar su propia risa.

Y, por supuesto, sus sillas, elemento fetiche en su obra. Los Espacios entrelazados de Esther Ferrer se podrán ver en el Museo hasta el próximo 10 de junio.

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