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Ópera

Haendel florece

Por Teobaldos - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

‘ariodante’

Obra: Ariodante, ópera de Haendel en tres actos, con libreto de Salvi. Reparto: Kate Lindsey, Ariodante. Chen Reiss, Ginevra. Hila Fahima, Dalinda. Christophe Dumaux, Polinesso. Rainer Trost, Lurcanio. Wilhelm Schwinghammer, Rey de Escocia. Anthony Gregory, Odoardo. Orquesta: Les Arts Florissants. Director: William Christie. Programación: ciclo del Baluarte. Lugar: Sala principal de Baluarte. Fecha: 16 de marzo de 2018. Público: casi tres cuartos de entrada (45, 32, 21 euros).

Siempre que se escucha una de estas obras inconmensurables, en su versión adecuada, en su grandeza, uno se pregunta, al terminar, con el poeta Antonio Colinas: ¿Conocéis el lugar donde van a morir las arias de Haendel?;y se contesta el poeta: en un lugar con más cielo que tierra… en la luz que respiran nuestros pechos. Porque, efectivamente, la extraordinaria ovación que recibieron las huestes de William Christie, al terminar la función, indicaba que los espectadores habían asimilado y guardado el sobrecogedor cúmulo de emociones. Haendel lleva a las voces el preciosismo instrumental, pero suavizando su énfasis matemático y artificioso -sin perder su exactitud, claro-, para plegarse al contenido emocional y a la línea clarísima de canto, indispensable para esta música. Kate Lindsey, como Ariodante, fue, junto a William Christie, la indiscutible triunfadora de la tarde, aunque fue el todo lo que triunfó. La mezzosoprano estadounidense posee un timbre de voz redondo y cubierto;algo corto de volumen, sobre todo en el grave, pero, tan bien manejado, que la endiablada exigencia de sus arias fluye con engañosa facilidad;cultivó con igual acierto los dos extremos de sus arias;las espectaculares agilidades de las de tempi rápidos -vivacidad de acentos, pulcritud, certeza en cada nota, carácter, hasta casi escupírselas a la cara al malvado Polinesio, en el aria prepárate a morir-, y las tenidas, dolorosas y lentas, cargadas de emoción, y sostenidas con tensión hasta extremos muy arriesgados, pues Christie las llevó muy lentas -por ejemplo, la famosa ariaRíe infiel, en la onda de la orquesta, que simula quejido y que apenas sale del sonido del sollozo-. En Lindsey prevalece la delicadeza;si se le puede achacar una mínima mácula es, quizás, que es un poco menos masculina de lo que su rol exige. Chen Reiss, soprano israelí, luce una voz limpia y luminosa, con amplio volumen dentro del estilo. También se defiende muy bien tanto en las arias rápidas como en las lentas -excelente el aria de la culpabilidad-. Ella (Ginevra) y Ariodante firmaron dúos compenetrados, hermosos y bien complementados tímbricamente, como el del final de la obra. Hila Fahima, soprano, como Dalinda, compuso bien la debilidad sentimental de su personaje. La soprano israelí posee un timbre un poco más blanco que su compatriota, apropiado para su rol, aunque algún agudo exigente le sale destemplado. El contratenor Dumaux, en el ambiguo rol de Polinesso, sale airoso en las agilidades, pero, a mi juicio, su línea de canto cambia de color: los agudos son, francamente, esplendorosos, grandes de volumen y con hábil manejo de la apertura al fuerte;pero el resto se me hace un punto caprino. Suficientemente poderoso y con carácter, el Rey de Escocia del bajo Schwinghammer, con graves en el aria de la felicidad matrimonial. No sobrado de fiato, le vino bien que el director le librara de algún da capo. El tenor Rainer Trost, que comenzó discreto, fue a más, tanto teatral como vocalmente;su Lurcanio se hace creíble, y su voz, sin ser extraordinaria, defiende bien las vocalizaciones y exigencias. Timbre adecuado y correcto el de A. Gregory, en su corto papel de Odoardo.

Pero los pormenores individuales de las voces quedan asimilados por ese instrumento prodigioso que es Les Arts Florissants, verdadero motor de todo, conducido por W. Christie. Un colorido orquestal para cada estado de ánimo. Innumerables matices. Oleadas de sonido, que no se especifican en los instrumentos, sino en el conjunto. Como se esperaba, concierto memorable.

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