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La otra crónica

Las manos en la cabeza

Por Javi Gómez - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Diego utilizó ayer el término inexplicable para hablar sobre la derrota de ayer. Algo compartido por todos los presentes, incluso los visitantes. En El Sadar, si no fue por un motivo, por otro, todo el mundo se llevó las manos a la cabeza en algún momento mientras trataba de explicarse, sin lograrlo, qué estaban viendo sus ojos.

Uno de los motivos por el que más gente se echó las manos a la cabeza fue por la cantidad de ocasiones que tuvieron ayer los rojillos sin lograr convertirlas. Unas veces por mérito de un Cristian Álvarez que hizo el partido de su vida y otras por demérito de los arietes rojillos, que no estuvieron acertados de cara a portería. Caso aparte merece Quique González. El delantero está absolutamente ofuscado de cara a portería, pero nadie le puede negar que se deja el alma en cada encuentro y que aporta mucho al equipo. Todo indica que necesita un partido, uno solo, para romper con las barreras anímicas que lleva encima y entonces ya no parará de marcar. La afición rojilla nunca deja solo al que deja todo en el campo y el vallisoletano lo es. Ya llegará.

Osasuna perdió un encuentro, pero recuperó la conexión con la grada gracias a una propuesta acertada y valiente ante un rival con todo de cara

También fue motivo de incredulidad la actuación arbitral. No es que fuese algo continuo ni premeditado, pero se equivoca en las dos acciones que marcan el partido. Primero en el gol anulado a Quique (ni esto le sonríe). El ariete recibe el excelso pase de rabona de Borja Lasso en posición legal. Luego, el señor Aceitón perdonó una roja de libro a Grippo cuando Quique se iba solo a por Cristian. Dos decisiones fundamentales en el devenir del partido.

Pero los aficionados rojillos, cuando no tenían las manos en la cabeza, las estaban usando para aplaudir. Ayer, el verde y la grada volvieron a conectar gracias al planteamiento que realizó Diego del encuentro. Ayer sí se vio a un Osasuna que apretaba y buscaba la portería rápida. Si además a eso le unes la calidad que tiene el equipo en el medio del campo, sale un encuentro como el de ayer, en el que se domina al rival más enrachado de la liga. Torró, Mérida y Lasso certificaron un partido de notable alto, con alguna acción exquisita.

Ayer, por razones poco explicables, Osasuna perdió tres puntos, pero ganó una conexión con la grada fundamental y, por este camino, la afición no se llevará las manos a la cabeza muchas veces, ya que las tendrán ocupadas en aplaudir.

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