El rincón del paseante

De bragueros, autobuses y blasones

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 18 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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hola personas, un domingo más aquí con vosotros para contaros mis pamplonadas. Bien, como la semana pasada os dejé a medias con mi paseo por falta de espacio lo he repetido y os voy a contar a partir de donde quedé: el insti.

He pasado la plaza de la Cruz, nomenclatura callejera que no viene en ningún directorio ya que no existe como dirección de nadie, no ha sido oficialmente nominada nunca, debe su nombre a la cruz de forja que creó en 1932 Constantino Manzana Llena para el jardín del claustro de la Catedral donde estuvo hasta 1941 año en que fue trasladada a su actual ubicación en el estanque que hay en el centro de la plaza, mide 4 metros y pesa 3 toneladas, costó 70.000 pts. Al escultor señor Manzana puede que alguno de vosotros lo conocieseis ya que tuvo durante años una zapatería en la calle Bergamín, en la acera de los jesuitas, que se llamaba Zapatería de Jesús Obrero, yo compré algún zapato para algún disfraz.

Esa querida plaza ha sido un poco cuarto de estar, en ella jugué de niño y en ella pasé largos ratos en mi adolescencia, era punto de cita y de estada, de ligoteo, de conocimientos, de novias, de amigos, de peleas, de bombas en el Delicias, de fritos y cañas en el Mikael, de tardes enteras viendo pasar las horas comiendo pipas en un banco y pelando la pava con alguna niña de carmelitas. Le sacábamos chispas.

He seguido camino para llegar a la Avda. del Conde Olivetto, interesante personaje del XV-XVI (Garde 1460-Nápoles 1528), llamado Pedro Bereterra, conocido en el mundo como Pedro de Navarra, el cual partiendo de su Garde natal con las manos en los bolsillos llegó a ser un gran soldado, marino, artillero casi invicto, solo perdió la batalla de la isla de Yerba en Túnez, y pieza clave de la escuadra del Gran Capitán con la Santa Alianza frente al turco. Por ello Fernando el Católico le distinguió con el título que ostentaba.

Enseguida he recordado el almacén de curtidos que había en el nº 3, siempre tenía colgando en la fachada pieles de zorro, de lobo, de cabra y de lo que fuese, la sensibilidad con el reino animal era otra, era más animal, he recordado que olía a demonios y he recordado el olor;he cruzado la calzada y me parecía estar viendo, haciendo esquina con Príncipe de Viana, una tienda que había de ortopedias y bazar médico y que tenía un escaparate alucinante para mis ojos de niño: unos bragueros enormes, fajas de todo tipo, color y textura, suspensorios, piernas, brazos, orinales, cojines con agujero que a mí me dejaban flipao, no entendía que hacía allí un flotador, y un montón de cosas más que por más vueltas que yo le daba al magín no alcanzaba a adivinar para qué diantres podían servir. De esa tienda se decía, se comentaba, se rumoreaba que vendían profilácticos. Sólo mentar la palabra condón te hacía estar en pecado. Después estaba Radio Far, Ferretería Garde, el almacén de frutas Maganto y más allá la vieja estación de autobuses, punto de partida y de llegada de tantas y tantas excursiones y punto final de tantas y tantas noches de juerga en su cafetería tempranera.

He llegado a la calle Ciudadela para tomar San Antón, y resulta que yo, cuando paseo, además de los ojos abro mucho las orejas y a veces soy muy cotilla y cuando estaba a la altura del bar Espejo he rebasado a dos parejas y una de las chicas iba contando algo con gran vehemencia y risotadas generales, cuando yo estaba a su altura decía, … tía, más me habría (sic) valido llevar un bañador de embarazada, tía, porque el que me dejó, tía, estaba tan viejo y tan ensanchao que me estaba todo flojo y se me salían las tetas y eso, o sea... ¿¿¿??? El lenguaje juvenil no sé si lo llego a entender, ¿qué es “las tetas y eso, o sea”?

Bueno, al fin he llegado a San Antón, también llamada durante el último tercio del XIX y el primero del XX Mártires de Cirauqui, es una calle de las más antiguas de Pamplona y si bien en siglos anteriores fue una calle de oficios y ferrerías ,en el XVIII-XIX se enseñoreo y tiene muchas casas blasonadas y algún edificio muy interesante, ya su esquina te avisa de que la calle es importante, el palacio de Espoz y Mina te recibe. Los blasones de sus fachadas suenan todos a apellidos inconfundiblemente navarros ,Iriarte y Michelena en el nº 69, Sagardiburu, Marco, Aginaga y Beunza en el nº 61, Gaizarian y Ochoa de Olza en el nº 55 y muchos más, no es cuestión de aburrir. Termina la calle en la preciosa Plaza del Consejo que preside el barroco palacio de los Marqueses de la Real Defensa, conocido como Palacio de los Condes de Guendulain. Transcribo del Catálogo monumental de Navarra la descripción heráldica del blasón que corona la puerta principal:… timbrado por corona de marqués (el palacio fue promovido por el Marqués de la Real Defensa ), orlado por abundantes trofeos y panoplias además de rocalla;el campo presenta dos escudos arriñonados. Es cuartelado, en el primero cortado tres lebreles y cinco roeles del apellido Eslava, en el segundo león rampante de Lasaga, en el tercero dos lobos pasantes orlados por cadenas y aspas del linaje de los Berrios y en el cuarto partido, castillo y estrella surmontada por creciente de Eguiarreta.

¡¡¡Toma ya!!! Es más fácil entender a los jóvenes.

Presenta armas frente a palacio la fuente de Neptuno niño, una de las que Luis Paret y Alcázar diseñó para el Ayuntamiento en 1778 .Para mí la más bonita de todas ellas.

Y bueno, el espacio manda y habré de dejar para el próximo domingo la calle Zapatería que también tiene guasa. Ella.

Que tengáis una semana fetén.

Besos pà tos.