El motor francoalemán, cuestionado sin arrancar

La nueva entente entre París y Berlín comienza su andadura con un menor entusiasmo del que era de esperar debido a la debilidad de angela Merkel, la oposición de los países del Norte y la eurofobia en Italia.

Lunes, 19 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El presidente francés, Emmanuel Macron (i), y la canciller alemana, Angela Merkel, conversan durante su reunión en el Palacio del Elíseo, el pasado viernes en París.

El presidente francés, Emmanuel Macron (i), y la canciller alemana, Angela Merkel, conversan durante su reunión en el Palacio del Elíseo, el pasado viernes en París. (Foto: Efe)

Galería Noticia

El presidente francés, Emmanuel Macron (i), y la canciller alemana, Angela Merkel, conversan durante su reunión en el Palacio del Elíseo, el pasado viernes en París.

El eje francoalemán vuelve. La canciller Angela Merkel voló este pasado viernes a París para mantener un encuentro con Emmanuel Macron y demostrar, que tras seis meses de parálisis, Berlín está dispuesta a asumir su tradicional papel de liderazgo europeo. El resultado de la cita no pudo ser más grandilocuente y, a la vez, menos original: la refundación de la UE. Un proyecto sumido en constantes crisis y que Merkel ha capitaneado con mano de hierro en la última década más con respuestas a corto plazo que con espíritu visionario.

Precisamente esta cualidad que a Merkel le falta parecía destinada a ser suplida por el joven presidente de la República Francesa que ha permanecido estos meses a la espera. Pero el resultado de las elecciones de septiembre no pudo ser más desasosegante. En estos más de seis meses de impasse, Emmanuel Macron ha conservado impoluto su perfil europeísta pero a la vez, también ha demostrado que París ni puede ni quiere asumir en solitario el liderazgo del proyecto de integración europeo. El pragmatismo de Merkel y el entusiasmo de Macron parecían complementarse a la perfección para estos tiempos turbulentos postbrexit en una entente con ánimo de hacer historia. Pero el encuentro de ayer de París, lejos del entusiasmo de las primeros encuentros, estuvo marcado por el realismo de los problemas del día a día.

El papel de los socialistas alemanes en la formación de la nueva Gran Coalición parecía convertirse en el mejor remedio para forzar a Merkel a mayores pasos a favor de la reforma de la zona euro con mecanismos de solidaridad capaces de salir al auxilio de países en crisis a cambio de continuar con las reformas emprendidas. Pero aunque el socialismo alemán ha hecho valer su espíritu europeísta como uno de los pilares de la nueva Gran Coalición, las propuestas siguen siendo peligrosamente difusas y por debajo de los planes de Macron y de Bruselas. A esta falta de ambición, se une el peligro de dos partidos castigados por sus electores y en posición de debilidad que pueden verse tentados a moverse más por veleidades del corto plazo que por un programa de gobierno lo suficientemente sólido. En su cuarto mandato, Merkel sigue siendo Merkel, solo que más débil. Y puede que incluso más timorata.

En estos últimos meses ha habido motivos para un cierto optimismo, pero también para la convulsión. Nada será fácil. Si bien el populismo antieuropeo parecía derrotado en las urnas tras la victoria de Emmanuel Macron en Francia y Mark Rutte en Holanda, los resultados de los comicios en Italia han demostrado que la bestia no ha muerto y que partidos abiertamente en contra del actual status quo europeo pueden llegar a gobernar en la tercera economía del euro.

el enemigo en casaPero los enemigos no solo están en el bando contrario. Los más peligrosos suelen ser los de la propia bancada. Y aquí es dónde el motor francoalemán se juega su impronta en la nueva UE tras la salida de Reino Unido. Los halcones a favor de la ortodoxia económica han sacado las uñas. Liderados por Holanda, uno de los países más duros con Grecia durante la crisis de euro, ocho países europeos han elaborado una carta en la que piden ir con pies de plomo a la hora de establecer mecanismos que supongan compartir riesgos dentro de la zona euro.

El discurso no es nuevo, pero antes los países del Norte se sentían a salvo de las peticiones de las economías periféricas al estar guarecidos bajo el manto alemán. Ante el peligro de que Macron y los socialistas alemanes consigan sus propósitos, estos países demuestran que la brecha norte-sur sigue presente. Alemania y Francia no podrán contar tan solo con sus propias fuerzas para arrastrar a resto del club, su papel como tradicional motor comienza a ser cuestionado. La cumbre de dos días que se celebrará este jueves y viernes en Bruselas marcará el camino a la espera que en junio se produzca el milagro: un plan lo suficientemente ambicioso para marcar el futuro de la tambaleante Unión Europea en las próximas décadas.

tablero internacional

Putin y Trump como enemigos

De comercio y espías. Mientras la UE sigue replanteándose su futuro, los problemas con el exterior se multiplican. Suenan tambores de guerra comercial con EEUU si Trump no rectifica y no exime a los Veintiocho de los aranceles al acero y al aluminio. Una contienda que la UE no desea, pero a la que se ve forzada a responder como mal menor. El inquilino de la Casa Blanca no es el único que quita el sueño a los Veintiocho. Putin vuelve a convertirse en foco de preocupación después haber intentado asesinar con un agente nervioso a un exespía ruso en suelo británico. El tablero internacional parece más convulso que nunca.

Últimas Noticias Multimedia