Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra
Mikel Alvira escritor

“Las relaciones, como las mareas, van y vienen, suben y bajan”

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Unai Beroiz - Martes, 20 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Mikel Alvira, hace unos días en Elkar Comedias.

Mikel Alvira, hace unos días en Elkar Comedias.

Galería Noticia

  • Mikel Alvira, hace unos días en Elkar Comedias.

pamplona- Mikel Alvira (Pamplona, 1969) vuelve con una novela que, envuelta en una estructura de saltos en el tiempo con toques de misterio, refleja la fuerza del amor como auténtico y único camino hacia la trascendencia.

Cómo les gusta a algunos autores hacer sufrir a los personajes y, por tanto, a los lectores.

-Mi vocación no es hacer sufrir ni a los lectores ni a los personajes. Yo retrato situaciones, retrato vivencias y escenas que creo que están extraídas de la vida. Y, claro, en la vida hay pasajes que no son gustosos. Pero no soy sádico, ¿eh? Siempre digo que hago entretenimiento. Reflexión, sí, pero entreteniendo. Ni sufro escribiendo ni soy malo con los personajes ni quiero hacer sufrir a quienes me leen.

Pues en El color de las mareas los personajes sufren casi sin parar.

-Sí, pero si cogemos nuestro propio atlas familiar y echamos la vista atrás unos 80 años, veremos que ha habido desgracias, infortunios, frustraciones, muertes... Pero también ha habido ilusiones, construcciones, alianzas, lealtades. La vida es así;es variable, convulsa, y por eso es fascinante.

En este caso, ha vuelto a un texto de corte más clásico que el anterior, La novela de Rebeca.

-Siempre digo que cada novela es un desafío en lo que tiene que ver con la construcción. Me gusta explorar distintas estructuras y diferentes formas de contar. La historia es importante, pero cómo se cuenta también. En el caso deLa novela de Rebeca había una estructura matrioska y en este caso el desafío era desarrollar muchos personajes en muchos años sin que el lector se perdiera, y creo que lo he logrado. El lector no necesita tener un árbol genealógico al lado para seguir las distintas historias. Es verdad que la novela puede recordar a una estructura no sé si clásica o convencional, aunque con saltos en el tiempo y con varias voces narrativas. Cada novela es un ejercicio de creación distinto. Por eso no hago libros como churros y por eso no todas mis novelas son iguales y por eso mismo unas gustan más que otras, claro.

¿Por eso no se ha embarcado nunca en una saga?

-Supongo que el día que me apetezca haré una saga, de momento prefiero que cada novela tenga su propio recorrido y su propia identidad. Pero no reniego de las sagas, de hecho, estoy con los bocetos de lo que quizá en un año o en cinco será la continuación de El silencio de las hayas. Con esto también estoy experimentando, porque más que segunda parte será un spin-off, una historia protagonizada por un personaje de aquella novela. Pero ya digo que algún día haré una saga, iba a decir que cuando tengas canas, pero (ríe)...

Cuando le apetezca.

-Eso es. Tengo la suerte de que escribo lo que me apetece cuando me apetece. Para mí eso es el éxito. No estoy bajo ningún peaje ni bajo ninguna sombra que me obligue a cumplir estilos o plazos.

Ya lo ha comentado, en El color de las mareas el lector viaja hacia atrás y adelante constantemente, ¿hasta qué punto el pasado pesa en nuestro presente?

-Somos porque otros han sido antes que nosotros. También somos por más cosas, pero no podemos olvidar eso. Somos porque nos han precedido y el pasado no tiene que pesarnos, pero sí que tenemos que reconocerlo. En una saga familiar cada eslabón es fruto de los aciertos y tropiezos, de los aprendizajes y experiencias de la generación anterior. No solo, porque nosotros somos fruto de más cosas, de nuestro presente, de nuestro imaginario, de nuestra capacidad individual y colectiva de emocionarnos. No solo somos fruto del pasado, pero también del pasado.

De hecho, Nuria se sumerge demasiado en el pasado recién descubierto de su familia y se olvida un poco de vivir.

-Eso es. Pero claro, ¿cómo reaccionaríamos nosotros si de pronto conociéramos la verdad de nuestra bisabuela o de nuestro tatarabuelo? Su verdad intrínseca, profunda, íntima... Apenas conocemos unas pinceladas de sus vidas, pero nada de sus emociones, de sus miedos, de sus fantasmas. Sería fabuloso saber qué amaron, qué odiaron, qué sintieron en determinadas circunstancias. Quizá, como le pasaba a Nuria en algunos momentos, llegaríamos a la conclusión de que es mejor no arañar demasiado en la capa superficial. Es que, claro, ellos vivieron hace cien, ochenta o cincuenta años y simplemente hay que respetar su memoria.

A veces se puede tener la tentación de juzgarles sin haber vivido en su contexto.

-No hay que juzgar en el pasado ni en el presente. Supongo que la edad y las experiencias me han llevado a no juzgar. No juzgo situaciones ni actitudes. Cada uno es hijo de sus propias decisiones, estoy convencido, y creo que no hacemos bien cuando juzgamos a los demás y mucho menos si lo hacemos con personas del pasado. En esta novela se plantea muchas veces esa cuestión moral. Y hoy en día, cuando estamos tan hiperconectados, es muy fácil juzgar a raíz de un tuit, una foto o un comentario. ¿Realmente sabemos qué hay detrás de 140 caracteres? ¿O de una novela? En el proceso personal que inicié hace años, que me ha llevado a este punto tan bonito en el que estoy ahora, una de mis premisas es no juzgar. Me puede disgustar algo, pero no juzgo. Cada uno es responsable de sus experiencias y de sus aprendizajes. Uy, me estoy poniendo un poco Paulo Coelho (ríe). Pero, en serio, creo que, como decía Tony de Mello, se vive mejor ligero de equipaje.

Hay mucho amor truncado en la novela, pero nunca arrepentimiento. En un momento dado escribe “amar sí que es trascender”.

-Se puede truncar una relación, pero no sé si el amor, si realmente es amor, se puede truncar. En la novela reflejo un amor convulso, el de Beatriz, permanente, pertinaz. Se pueden truncar los proyectos, el matrimonio, el noviazgo, la familia, pero cuando el amor es amor no se trunca. Por eso permite trascender. Yo al menos tengo esa convicción.

La novela también realiza un repaso histórico por importantes acontecimientos del siglo XIX y XX.

-Sin tener ninguna pretensión de novela histórica, no cabe duda de que al desarrollarse a lo largo de décadas, los distintos contextos históricos que atraviesa la historia son importantes para que el lector entienda qué les pasa a los personajes en cada momento. Hay una preguerra, una guerra y una posguerra, por ejemplo, pero también tengo que decir que, salvando las distancias, cuando dentro de ochenta años analicen nuestra época seguramente la verán como un momento de crisis, de vértigo, de incertidumbre, de descalabro de los valores... Y eso no significa que en el día a día seamos desgraciados. El ser humano tiene una gran capacidad para mimetizarse con el entorno, con el momento histórico que le toca vivir. En el caso de la novela, esas etapas históricas conforman la escenografía en la cual se desarrollan los acontecimientos. Por eso no dedico páginas y páginas a cada una, sino con unas cuantas pinceladas nos basta para comprender qué sucede en cada momento.

El contexto es, sin duda, muy importante para comprender cómo afrontaron las circunstancias los personajes femeninos, tan importantes en el relato. Tenemos a Lina, adelantada a su tiempo;a Beatriz, Mercedes, Nazaret, Esperanza... Mujeres fuertes.

-Es que las mujeres son fuertes. La gran mentira de la civilización occidental ha sido definir como sexo débil a la mujer. Me siento muy a gusto con personajes femeninos y en esta novela hay un abanico de mujeres fuertes de distinto modo. Algunas son madres fuertes, otras son amantes fuertes... Todas luchadoras. Lina lo es, Beatriz también... Nuria, que pudiera parecer que no lo es, es pertinaz. Mercedes tiene una gran fortaleza, y no siempre la fortaleza de la mujer ha ido unida a su reconocimiento como heroína. Pero la mujer no necesita una capa para serlo. Y yo me siento tremendamente identificado con ellas. Es curioso, la novela salió a la venta el 8 de marzo, pero fue por casualidad. No se buscó ni se intuía que el 8 de marzo fuera lo que afortunadamente terminó siendo este año. No responde a ninguna operación de marketing. Además, mis novelas han estado generalmente en manos de mujeres con el convencimiento de que la mujer es fuerte y punto. No hay que explicarlo más. Por eso mis personajes son fuertes, muy resistentes, empáticos, capaces de superar las dificultades y muchas veces con el doble esfuerzo que supone hacerlo desde una posición silente.

San Telmo, la ciudad donde discurren los principales capítulos de esta novela, es otro personaje más. ¿De qué esta construida esta localización ficticia?

-Algo que me caracteriza desde El silencio de las hayas es crear espacios universales. San Telmo podía ser Donostia o, si nos vamos más allá de la costa vasca, quizá Santander, Gijón o La Coruña. También poblaciones más pequeñas como Getaria, Zarautz, Bermeo o Santoña. Pero no me interesaba ubicarlo en un lugar concreto, prefería generar un espacio universal para que se convirtiera en un personaje más. San Telmo es el ecosistema en el que se desarrolla todo. Evoluciona a lo largo de la novela hasta casi desaparecer, hasta que el lector casi ni cae en que está allí porque lo tiene ya interiorizado.

Y la mar vuelve a jugar un papel importante.

-Sí. Quería asomarme al mar otra vez, aunque no es una novela náutica. Acabo de terminar un manuscrito de una que sí lo es, pero en este caso es el mar como gran metáfora, porque las relaciones, como las mareas, van y vienen, suben y bajan. El mar no es estable y las relaciones tampoco;hay personajes que aparecen, desaparecen, reaparecen... A veces nos sentimos más cerca de ellos, otras más lejos, exactamente como el mar respecto a la arena o a la orilla. El mar es también una atmósfera en esta novela.

¿Las relaciones personales son el centro de todo en lo que hace Mikel Alvira?

-Claro, es que lo que nos mueve, ya sea en esta entrevista como en cualquier circunstancia, son las relaciones con el resto de personas y las emociones que somos capaces de generar. Si no nos emocionamos o no emocionamos, no hay relación. Por eso hablo también de la novela como lugar de encuentro. A mí lo que me interesa son las relaciones. Cuando me preguntan de qué trata esta novela, lo tengo claro: de personas.

Herramientas de Contenido