Generosos y felices aceituneros

La fiesta del aceite y el pan volvió a lumbier con la celebración del V día de la tostada

Un reportaje de Marian Zozaya Elduayen - Martes, 20 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El colectivo de aceituneros u olivareros, como se denominan, posa al cobijo del atrio de la iglesia en la jornada abierta que organizan.

El colectivo de aceituneros u olivareros, como se denominan, posa al cobijo del atrio de la iglesia en la jornada abierta que organizan. (CEDIDA)

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El colectivo de aceituneros u olivareros, como se denominan, posa al cobijo del atrio de la iglesia en la jornada abierta que organizan.

A aceite, pan, vino y ajos, acompañados de música, letras y artesanía, convocaron de nuevo a la vecindad el domingo en Lumbier con la celebración del V Día de la Tostada/Ogi Txigortuaren Eguna, organizada por el grupo de aceituneros locales que se afana cada año por compartir parte de su cosecha en el marco de una fiesta popular que se abre paso en la agenda de primavera.

La fiesta tuvo que cobijarse de la lluvia y cambió de escenario, pasando de la plaza de Santa María al cercano atrio de la iglesia. “Teníamos todo dispuesto y ante las malas previsiones hablamos con el párroco y acordamos celebrarlo allí”, decía Tomás Belzunegui. Y es que una vez que se lanza la fecha, que no es fija -depende de cuándo les entregan el aceite aunque siempre después de la celebración de la famosa jornada de Arróniz- pero en cualquier caso ronda la Semana Santa, el grupo de aceituneros está deseoso de darle salida y compartir afición y disfrute en forma de fiesta popular, que llena la calle, abierta a cuantas personas se acerquen. Pan, aceite, ajo, vino o sidra, a cambio de la voluntad y mucho más en un programa que abarca gastronomía y cultura.

pregón y poesía Puntuales y cumplidores. Un año más el guión incluyó la música de txistu para despertar y anunciar la jornada que se abrió con pregón, recuerdo a Rafael Alberti y poemas como El canto a la tostada y Luces de hoja de olivo, a cargo de Antonio Echeverría, José Ramón Larrea y Blanca Eslava.

Dieron paso después a los agradecimientos, un espacio que el colectivo de aceituneros u olivareros, ya que se mueven entre los dos términos, abrió en la edición del pasado año para agradecer la labor desinteresada y entrega de vecinos y vecinas en diferentes facetas.

Los nombres propios de la quinta edición fueron los de Iruña Cormenzara López y Alfonso Gogorcena Rebolé, pintora y técnico deportivo respectivamente, ambos comprometidos: con diferentes actividades artísticas ella;con el fútbol local, él.

Conocida pintora y vecina de Lumbier, Iruña Cormenzana es autora de la Mujer Oliva, la musa imagen del Día de la Tostada de la villa, y además, reforzó su colaboración el año pasado con la generosa entrega de la pintura del olivo de fuerza y luz que se sumó al logotipo de la jornada. “Siempre nos ayuda”, apuntan.

Por su parte, Alfonso Gogorcena, destacado entrenador deportivo, recibió el reconocimiento por su entrega desinteresada al equipo local, el Ilumberrri, por su inyección de ánimo y fuerza en la pasada temporada.

Gratamente sorprendidos, puesto que la designación se guarda en secreto hasta el último momento, recogieron su premio, cabezón de pan y garrafa de aceite agradecimiento que devolvieron con amplia sonrisa por la muestra inesperada.

Para el mediodía el ambiente ya estaba impregnado de olor a pan caliente con ajo y aceite, y la afluencia llenaba los soportales que vibraban con la música de la Ilunberriko Txaranga y los gaiteros. Mientras, el público pasaba del atrio de la iglesia a la cercana bajera, en otro tiempo horno de pan, pequeño museo etnográfico para el día, que recuerda aspectos del pasado de la localidad.

producciónCerca de veinte productores se dedican al cultivo del olivo para consumo familiar en Lumbier, zona límite hacia el norte, entre los términos de La Piedra y el Lardín. Algunos incluso, han recuperado olivos centenarios, además de plantar nuevos, y en conjunto en la zonadan oliva más afrutada y menos ácida. Pertenecen todos al trujal Mendía de Arróniz, “con un aceite más caro pero de mayor calidad”, recuerdan. En Lumbier se recogen al año más de 10.000 kilos de oliva de unos 3.000 olivos, aproximadamente. Se cultiva la oliva denominada vidrial, de la que se obtiene un aceite depurado y de calidad, recalcan, con grandes propiedades alimentarias.

Más de sesenta kilos de pan y la misma cantidad de vino y aceite de producción local, de la oliva autóctona con ajos propios dan sabor a una mañana en la que los aceituneros contagian su ilusión de compartir cosecha con el vecindario cada primavera.

Lo dijeron aquel primero de abril del 2014, primera edición de la fiesta que nacía con vocación de continuidad, y así ha sido. Cada año repiten almuerzo casi de hermandad y comida del colectivo para celebrar y compartir generosamente parte de la cosecha. Y aseguran que la de este año “ha sido muy buena”.