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Sabiduría popular

Por José Ramón Urtasun Recalde - Viernes, 23 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Las gentes de nuestro barrio saben bien que “no todo lo que brilla es oro” y que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Los miembros de la plataforma en defensa de unmonumento de la ciudad están que trinan ante la posibilidad de que sea eliminada la cúpula del panteón a Mola y monumento a los golpistas. Entienden que sería un crimen, una “mutilación en toda regla”. Precisemos. Mutilación es separación o corte de un miembro o parte de un cuerpo vivo que se produce en circunstancias violentas. Mutilaciones fueron las que cometieron los golpistas a partir de 1936 contra quienes no se sumaron al movimiento insurrecto del 19 de julio. Así lo pregonaba Mola: “Esta guerra tiene que terminar con el exterminio de los enemigos de España”, añadiendo que “el arte de la guerra yo lo defino así: es el medio de juntar a veinte hombres contra uno y, a ser posible, matarlo por la espalda”. Así sucedió.

Estos estetas solo aceptan la preservación de todo el conjunto arquitectónico, pues para ellos tiene un valor incalculable tanto por su arquitectura como por su ornato interior. Y, sobre todo, porque en el proyecto y ejecución de dicho monumentoparticiparon cuatro académicos: José Yárnoz, Víctor Eusa, Ramón Stolz y Juan Adsuara.

Hagamos historia. Para dar forma al proyecto que hizo suyo la Diputación golpista navarra, reunieron a dos arquitectos, un pintor y un escultor pertenecientes al movimiento salvador de España. Curioso, porque estos cuatro insignes llegarían de un modo u otro a formar parte de la Real Academia de Bellas Artes gracias a las malas artes controladas por el régimen franquista.

¿Eran los mejores en su oficio?

José Yárnoz era arquitecto y canónigo de la catedral. Estaba identificado con la Navarra golpista. Fue nombrado arquitecto de Príncipe de Viana gracias a sus amistades, mientras que su hermano Javier -arquitecto con mayor nivel profesional-, tuvo que exiliarse a Francia, rehaciendo posteriormente su vida profesional en Venezuela. Su delito, ser republicano. Otro arquitecto navarro que también tuvo que emigrar a Cuba fue Martín Domínguez, y así muchos más.

Víctor Eusa -arquitecto y miembro de la temida Junta Central de Guerra Carlista- se hizo con el puesto de arquitecto municipal de Pamplona en 1936, una vez que los golpistas expulsaran al titular, Serapio Esparza, acusado de pertenecer al PNV. Eusa también fue nombrado arquitecto de Diputación por el conde de Rodezno. ¿Era el mejor arquitecto?

Las pinturas de la cúpula se las encargaron a un modesto pintor del régimen, Ramon Stolz. Se trataba de un trabajo dirigido por los carlistas que en aquel momento ocupaban las instituciones. Lo suyo fueron, pues, pinturas hechas por encargo para propaganda carlista.

¿No había más artistas en nuestra tierra? Sí, pero no eran del régimen. El gran pintor Javier Ciga, que había sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, sería represaliado por su afiliación política y encarcelado por los fascistas. Otro pintor y cartelista navarro de gran nivel, Lorenzo Victoriano Aguirre, fue detenido en la frontera, cruelmente torturado y ejecutado en 1942. Al escultor Adsuara lo propuso Jose Yárnoz. Era un colega de su agrado.

Cierto que había buenos escultores navarros como Gerardo Lizarraga o Juan Viscarret, pero también tuvieron que ir al exilio. Ni las pinturas de la cúpula del monumento se asemejan a las de la Capilla Sixtina, ni Ramón Stolz era un genio de la pintura. Seamos serios. Era un profesional con oficio que cumplía con fidelidad los encargos de sus iguales.

En cuanto al edificio y su cúpula, ni se asemeja a la de San Pedro del Vaticano ni al panteón de París. Ni Víctor Eusa se podía aproximar a Palladio, el arquitecto del Redentore de Venecia. Lo intentó con tesón. Ahí tenemos su proyecto de fin de carrera para la Academia de Bellas Artes de España en París.

¿Quién duda que el monumento a los golpistas en Navarra sea una reproducción de su proyecto? ¿Qué influencia ejercía Víctor Eusa entre sus colegas navarros? Sin duda tenía un gran poder político, económico y mediático, quizás por este motivo el conde de Rodezno le encomendó la dirección de la obra;cobrando, claro. Al final, el edificio salió como podemos ver: un revuelto de estilos sazonados con la marca de la arquitectura patriótica al uso.

Dicen los de la plataforma que el monumento es un ejemplo de la arquitectura de su tiempo. Bingo. Es cierto, una arquitectura deleznable.

En su misiva este grupo de intelectuales advierten de que “hay que evitar las reivindicaciones políticas que ya han hallado su cauce”. No lo dirán en serio, ¿no?

Parece que han olvidado que las reivindicaciones políticas siguen pendientes, porque son de justicia con las víctimas del 36, con la verdad y la reparación. Y, por si lo hubiesen olvidado, está pendiente el castigo a los culpables del genocidio.

Antes que la estética está la ética. No hablamos sólo de hormigón armado y de placas de piedra de Tafalla. Una dimensión ética que nadie, ocupe el puesto que ocupe, debe olvidar so pena de convertirse en un amoral.

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