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El guardián del tiempo en Aribe

Hoy, Día Mundial de la Meteorología, el vecino de Aribe Felipe Cervantes será homenajeado por su labor diaria como voluntario de Aemet durante 26 años

Patricia Carballo - Viernes, 23 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

A sus 85 años, Felipe Cervantes recoge manualmente cada día los datos meteorológicos en la estación de Aribe (valle de Aezkoa).

A sus 85 años, Felipe Cervantes recoge manualmente cada día los datos meteorológicos en la estación de Aribe (valle de Aezkoa). (P.CARBALLO)

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  • A sus 85 años, Felipe Cervantes recoge manualmente cada día los datos meteorológicos en la estación de Aribe (valle de Aezkoa).

“Les dije que si me lo ponían cómodo y cerca de casa, me podría motivar y entretener en mi jubilación”

ARIBE- Cuando sale de la puerta de su casa al par de la mañana, Felipe Cervantes Vizcay, natural de Gorraiz de Arce y de 85 años, ya vaticina cuántos grados hace en la calle o cuántos litros por metros cuadrado han caído ese día. Casi siempre acierta. Es una de las destrezas que ha forjado tras llevar 26 años recogiendo diariamente los datos meteorológicos en la estación de Aribe, a un paso de su casa. Un trabajo voluntario que hace gustosamente cada día y que hoy, Día Mundial de la Meteorología, el Gobierno de Navarra y la delegación navarra de la Agencia Estatal de Meteorología han querido gratificar en un acto conmemorativo, al igual que a otros dos colaboradores de Cabanillas. “Me hace mucha ilusión que me hagan un homenaje. Este trabajo lo hago muy a gusto”, comenta halagado.

Cuando en 1992 estaba a punto de jubilarse como agricultor de la patata, una decisión que le costó, pero que no le ha penado nunca porque “ha ganado treinta años de vida”, desde la Administración le encomendaron la posibilidad de realizar esta tarea voluntaria. Hasta entonces era un trabajo que había llevado a cabo un vecino de Ezcároz que regentaba la patatera de Aribe y que murió fortuitamente en una cacería. “Les dije que si me lo ponían cómodo y cerca de casa, me podría ayudar a motivarme con algo y así me entretenía en mi jubilación”, rememora. Porque, al fin y al cabo, el tiempo es algo a lo que siempre ha mirado de cerca, pues la siembra de la patata dependía de las condiciones meteorológicas.

Desde entonces, es el encargado de realizar todas las mañanas del año las mediciones de la temperatura mínima, la temperatura máxima, las precipitaciones y los meteoros y de enviar posteriormente los datos a la Agencia Estatal de Meteorología mediante un contestador automático. “Ahora es muy sencillo. Los apunto en un papel y los mando por teléfono. Antes se los tenía que pasar a la Caja de Ahorros y de ahí lo mandaban al Gabinete de Prensa”, explica. El mayor problema viene, dice, cuando la nieve se acumula sobre el pluviómetro sin fundirse. “Tengo que quitar la nieve y esperar a que se convierta en agua para medir lo que ha caído”, añade. Pero no suele haber ningún inconveniente. Salvo aquella vez que el termómetro marcaba una temperatura que no podía corresponder con el día. “Según cómo había ido la noche anterior, no me coincidían los datos. El viento había hecho caer el termómetro y se había roto, pero ya vinieron enseguida a arreglarlo”, recuerda.

Sin embargo, por muy rutinaria y sencilla que pueda resultar esta labor, lo cierto es que, en realidad, el trabajo de los voluntarios de Aemet resulta extremadamente importante a la hora de realizar numerosas investigaciones y estudios climáticos y también para comprender las variaciones del clima. Navarra es pionera en la recogida de datos meteorológicos, se almacenan datos históricos desde el año 1880 y en la actualidad AEMET y el Gobierno de Navarra tienen instaladas 91 estaciones manuales que se distribuyen de norte a sur de Navarra, además de otras 58 estaciones automáticas.

INVIERNO FRÍO A sus 85 años, Felipe goza de buena salud y compagina su labor meteorológica con paseos, partidas al mus y charlas con los amigos de Aribe, a los cuales les encanta conocer de primera mano los datos del día. “Me suelen preguntar mucho, y en verano hay mucha gente que para con el coche y me pregunta a ver cuál ha sido la temperatura mínima del día”, afirma. Y es que en estos valles pirenaicos, las noches frías están a la orden del día. “Este invierno ha sido muy frío y lluvioso, hemos tenido dos días seguidos en enero con una mínima de 9 grados bajo cero y en todo el mes cayeron 256 litros”, afirma, recordando cómo suele estar alerta cuando se desborda el río Irati a su paso por el pueblo.

Manteniendo la misma ilusión que hace 26 años y sin ninguna intención de dejar la faena, Felipe recibirá hoy junto a dos colaboradores más un reconocimiento por su labor altruista y desinteresada, un quehacer diario que nunca ha dejado abandonado, aunque fuese un día festivo. “Me gusta mucho viajar por ahí y este verano me voy a pegar un viaje de los mayores que he hecho en mi vida: me voy a ir 15 días a China en avión. Así que le tendré que mandar los deberes a uno del pueblo”, dice entre risas.

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