Música

Incombustibles

Por Javier Escorzo - Sábado, 24 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Medina Azahara es uno de esos grupos que parece que está ahí desde siempre. Publicó su primer disco a finales de los setenta y, desde entonces, no ha dejado nunca de grabar ni de girar. Su estilo, una mezcla de influencias en la que tienen cabida el heavy metal y el rock andaluz, le hace inconfundible. Actualmente está terminando la gira de su último disco (Paraíso prohibido, 2016), que, como no podía ser de otra manera, le hizo recalar en Pamplona;siempre ha tenido un vínculo especial hacia nuestra tierra, no en vano, la mayor parte de su álbum en directo A toda esa gente (1996) fue registrado en la sala Gares de Puente la Reina. Además, aunque no ha parado de girar, también está dando los últimos retoques a la grabación del que será su próximo álbum (del que todavía no se conoce título ni fecha de salida). En semejante estado de actividad llegaron sus miembros a la sala Indara, que se llenó para recibirles. Como suele suceder con los grupos que llevan tanto tiempo en la carretera, en las primeras filas había seguidores de toda la vida, algunos de los cuales acudieron a la cita con sus hijos.

Comenzaron con el que fue primer single de su último disco, Ven junto a mí, en el que contaron con la presencia de una bailarina aparentemente salida de un cuento de Las mil y una noches, que con sus danzas potenció los aromas arábigos de la canción. El primer clásico en sonar fue Palabras de libertad, que desató una gran ovación. Reivindicaron su pasado reciente con Aprendimos a vivir, de Las puertas del cielo (2014), aunque el grueso del repertorio recayó sobre temas más antiguos, como Solo un camino, Tierra de libertad o Andalucía. Llegados a ese punto, Manuel Martínez, cantante y alma del grupo, rememoró su buena relación con Navarra y sus visitas a Gares, Burlada o Pamplona durante los Sanfermines de hace dos años;en aquellas fiestas se produjo la presunta violación, recordó, y en ese punto mencionó también al niño Gabriel, recientemente asesinado. Tras esa introducción despacharon otro clásico de su repertorio, La tierra perdida (O.U.A.), en la que el público, ya completamente animado, les acompañó en los gritos guturales que preceden a las estrofas. Además de los himnos, también sorprendieron con temas menos habituales en sus conciertos, como Otoño o Qué difícil es soñar. E incluyeron tres versiones que, estas sí, suelen tocar con mucha frecuencia: El lago y Abre la puerta, niña, de Triana, y Al padre santo de Roma, de Camarón, dos referencias esenciales de la música andaluza, ambas muy influyentes en su música (especialmente la primera).

Manuel, único miembro original del grupo, estuvo incombustible durante toda la velada y perfectamente acompañado por la banda, en la que destacó Paco, el guitarrista, que se marcó varios punteos dentales, el último en la imprescindible Todo tiene su fin (en realidad de Los Módulos, pero que ya parece suya). Se entregaron al máximo y recibieron a cambio toneladas de aplausos.