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Tribuna

Los Arcos, otra defensa de la muga

por BITTOR ARBIZU - Sábado, 24 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

SI hay algo que impresiona a propios y extraños al pasar por esta localidad situada al oeste de Tierra Estella/Lizarraldea, por muchas veces que la contemples, es la imponente torre de la Iglesia. Principalmente las columnas cilíndricas superiores que le dan ese aire tan señorial y que en su día sería necesaria torre de vigilancia, dada la estratégica situación de la villa en la muga de Nabarra. Cuando hablamos de Los Arcos, un amigo de la Berrueza siempre me resalta que la citada torre es una de las más bonitas de Nabarra, opinión que comparto.

Desde siglos, o quizá milenios, Los Arcos ha sido un importante enclave y cruce de caminos en las diversas rutas. Los vestigios romanos de las cercanías y ser uno de los puntos notorios del Camino de Santiago dan fe de ello. No es casualidad que cerca de antiguas calzadas romanas vayan autovías. Un poco de memoria, hace unos años Los Arcos tenía un importante tráfico, ya que por ahí pasaba la ruta Bilbao-Zaragoza-Barcelona. Ahora, más reposado, mantiene algo de aquellos aires, además de la presencia de peregrinos.

No sólo es la capital de las llamadas Cinco Villas, es decir El Busto, Melgar, Sansol, Torres y Armañanzas, sino prácticamente de la toda la Berrueza, parte de Valdega, y pueblos como Urbiola. Ello debido al importante mercado que se viene haciendo desde la Edad Media, y a que era la zona de ocio de la juventud de los citados lugares.

Llamativo resulta también el portal de Castilla, situado entre la iglesia y un palacio, desde el que se accede a la zona de la iglesia y después a la plaza, al que parece que se llegaba atravesando un pequeño puente sobre el río Odrón, hoy remansado y transparente, sobre el que disfrutan relajados y coloridos patos.

Es llamativa una piedra sepulcral del pórtico, con la inscripción Elizondo, que bien podría ser un apellido venido de otras partes del Reino, pero también local, ya que las casas que están junto a la iglesia se suelen denominareliza (iglesia) + ondo (junto a), es decir Junto a la iglesia.

Hay otros dos arcos de acceso a la antigua villa, así como dos casas palacio que destacan en la plaza, en una de ellas leemos la inscripción Armas de los Radas, oriundos del Palacio de Murillo del Fruto y Señores del Palacio y lugar de Lezáun. La otra creo recordar que era de una familia de origen en Gipuzkoa, entorno al siglo XVIII. Ambas posiblemente hablasen euskera al igual que algún otro vecino.

Muy llamativo me resultó ver el plano del antiguo castillo, cuyas amplias murallas abarcaban el cerro de la parte alta de la actual población. Castillo cuyo plano se puede ver en Internet, y que contaba con torre del homenaje, torreones, casas, nevera… Mi amigo de la Berrueza me comentó que los mayores de 60 años conocen perfectamente el lugar llamado Castillo, y que otros saben dónde estaba la nevera. También me comentó que había un antiguo poblado vascón, Uranzia. Dicha ciudad vascona la constatan al final de la edad de Bronce. El nombre Urantzia lo llevan algunas asociaciones locales, y se ha interpretado como la forma euskara del pueblo.

El blasón del escudo de armas de la villa fue concedido por Sancho el de Peñalén, tras la batalla de Valdegón (1067), en la guerra de los tres Sanchos, el de Nabarra, el Castilla y el Aragón. De 1463 a 1753 perteneció a Castilla, por una sentencia arbitral del rey de Francia, pero manteniendo los fueros de Nabarra. Había estado en el bando agramontés, es decir, los favorables al Reino de Nabarra frente a Castilla.

En 1592 Felipe II hizo una noche en la villa, manifestando: “Está en tierra llana que se descubre de muy lejos y tiene un castillo y cercado viejo de veinte torres, que hermosean la villa, todas de tiempo antiguo, y tiene este castillo un alcaide. También tiene hermoso campanario con iglesia y portal, y es la comarca de mucho pan, vino, fruta, caza y pesca por no estar muy lejos de Ebro, y á la entrada pasamos por muchas y buenas huertas”. (Euskomedia-Wikipedia)

Hace unos años quise saludar al escritor Pablo Antoñana, que veraneaba en Los Arcos. Unos señores me indicaron la zona por donde paseaba. No le vi. Unos meses después me enteré de su fallecimiento. Descansará en su mítica república de Joar. Fue uno de los grandes de Nabarra. Nacido en Viana, en la misma casa y habitación que naciera Navarro Villoslada, quien escribiese Amaya, o los vascos en el siglo VIII. Antoñana fue premiado con el Príncipe de Viana, el Manuel de Irujo y otras distinciones. Ejerció de secretario en la zona, recogiendo magistralmente la vida del medio siglo anterior en el entrañable libroTierra Estella. Era miembro de La Sociedad de Estudios Vascos. Articulista incansable, en 2008 redactó y firmó el Manifiesto 1512-2012 sobre la conquista de Nabarra y los derechos de sus habitantes.

Sobre el libro tengo una reseña que hice en su día, donde indicaba que el mismo es un cuadro que resalta hermosas, entrañables y emotivas pinceladas que reflejan el encanto de la tierra y a la vez la dura realidad, donde levanta acta de las penurias de los débiles, describiendo magistralmente toda una época, sus gentes y las costumbres de estas ante la madre tierra.

Sobré el topónimo Urantzia hablaremos otro día, pero posiblemente tengamos ur (agua) + aintzi (cenagal) + a (el), por la zona del río Odron. Un pueblo a visitar.

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