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Jokin Zamarbide | Promotor musical

“En Iruña tenemos un nervio, una inquietud musical que no existe en otros lugares”

Jokin Zamarbide es uno de los promotores musicales más veteranos de Navarra, una trayectoria que ha sido reconocida por sus compañeros de la asociación ARTE.

Fernando F. Garayoa Unai Beroiz - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Jokin Zamarbide, con Tom Waits y su mujer, en San Fermín, durante la visita privada que realizó el músico.

Jokin Zamarbide, con Tom Waits y su mujer, en San Fermín, durante la visita privada que realizó el músico. (Cedida)

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  • Jokin Zamarbide, con Tom Waits y su mujer, en San Fermín, durante la visita privada que realizó el músico.

PAMPLONA- A las puertas de cumplir 60 años, Jokin Zamarbide ha visto reconocida su labor como promotor musical en un año que, sin duda, está siendo uno de los mejores de su ya dilatada vida profesional, y es que los conciertos que este año ha traído hasta Navarra van de sold outen sold out. Director de la empresa In &Out, que comparte con su hermana Ana -“mi socia desde hace veinticinco años, sin ella nada de lo que hemos conseguido hubiera sido posible;ella es siempre al menos la mitad de todos los reconocimientos y éxitos de In &Out”-. Por sus manos han pasado algunos de los principales conciertos organizados en esta tierra, como los de Bon Jovi, Bob Dylan, Shakira, Maná, Joaquín Sabina o el festival Tres Sesenta, por citar solo algunos. Pero no solo eso, ya que allá por principios de los años 80, a través del sello Soñua, primero, y después con Nola, editó los discos seminales del rock radical vasco: hablamos de los primeros álbumes de Hertzainak, Kortatu, Barricada o La Polla Récords.

Charlar con Jokin es como sumergirse en la historia viva de la música en Navarra, y más allá de nuestras mugas.

¿Qué supone para Jokin Zamarbide el reconocimiento a toda una trayectoria que le ha otorgado ARTE (Asociación de Representantes Técnicos del Espectáculo)?

-Es un reconocimiento de la profesión, es decir, en ARTE estamos más de 400 promotores, managers, agentes... Toda la industria del espectáculo y la música se integra en esta asociación. Y por eso es algo realmente especial, porque te lo dan tus propios compañeros. Y está bien, por otra parte, que no sea solo Madrid o Barcelona los que acaparen estos reconocimientos, porque es una forma de premiar a los promotores locales, que tan importante labor creo que hacemos. También es un reconocimiento a todos los managers y artistas que han trabajado conmigo a lo largo de estos años, en conciertos grandes y pequeños, y que han quedado satisfechos.

Una labor, la del promotor local, pocas veces reconocida, ya que los galones casi siempre se los ponen a las grandes promotoras, olvidando que los artistas no solo viven de tocar en las grandes ciudades, de la misma forma que los habitantes de ciudades más pequeñas también quieren ver a en directo a esos artistas.

-Eso es fundamental. Ahora parece que todo se han concentrado en los festivales, un boomque ha ido en detrimento de las giras de conciertos que se hacían antes. Se ha cambiado el chip, pero las giras de otoño e invierno son fundamentales para la supervivencia de los artistas y los promotores. Y, además, están destinadas a otro perfil de público, es de otra calidad, no digo si más o menos, pero es otro tipo de público el que asiste a los teatros, auditorios o salas que el que acude a los festivales.

En este sentido, ¿qué está sucediendo en Pamplona, ciudad en la que desde hace varios años los conciertos se han multiplicado exponencialmente, pero es que en este 2018 la respuesta del público está siendo abrumadora, con incontables sold out en los diferentes escenarios de la capital navarra?

-Esto no ha sido siempre así. Actualmente se está programando con bastante calidad y con buen ojo. Pero, además, es que los diferentes programadores que estamos en Iruña, públicos y privados, hemos ido formando público;y eso al final se nota. De la misma manera que la bajada del IVA al 10% también ha supuesto un impulso porque te permite mantener unos precios de entrada sensatos.

Precisamente, respecto a esa “formación de público”, Navarra lleva ya muchos años siendo referencia musical, tanto por su público, especialmente inquieto, como por sus artistas, que forman una cantera sobresaliente e inagotable.

-Es un nervio, una inquietud musical la que tenemos en Iruña que no existe en otros lugares. Tanto en público como en vis creativa, ya que ambas cosas se realimentan.

Volviendo la vista atrás, a los orígenes de la carrera profesional de Jokin Zamarbide, ¿cómo empezó en este proceloso mundo de la música?

-Cuando tenía 18 años estaba componiendo en euskera. Cogía textos de Patxi Zabaleta o de Aresti y los musicaba con mi guitarra. De hecho, formamos en un Iruña una especie de colectivo de músicos que cantábamos en euskera, en el que estaban Charo Arbilla, Andoni Sarobe o Iñaki Aritza, al que llamamos Lur Ebakia. Esto sería por el 77 o 78. Y había una compañía de discos que se llamaba Izeta que quiso grabarme un disco. El caso es que mientras preparaba ese álbum, empecé también a echarles una mano en la promoción y distribución... y acabé abandonando mi disco y pasé a grabar los de los demás, creando un sello que se llamó Soñua, en el año 80. Una discográfica que monté inicialmente con Iñaki Aritza y al que luego incorporé a Marino Goñi, a quien conocía de su programa de radio en Pamplona, porque me parecía un crack, y así ha sido. Bendito día. El cuarto socio era Txabi Oneca, que se encargaba de los diseños.

En aquellos tiempos, montar una discográfica iba más allá de una aventura, casi se podría calificar de locura.

Era una irresponsabilidad (risas), aunque yo tenía la ventaja de que había vivido las tripas de otra compañía, la citada Izeta. La discográfica la montamos, con estudio propio, en la calle Lesaka de la Txantrea, con la idea inicial de hacerlo rentable a través de la grabación, principalmente, de cuñas publicitarias. Y a partir de ahí empezó a rodar todo.

Empezó a rodar justo en el momento de la eclosión de lo que luego vino a ser el rock radical vasco, termino que se acuñó desde el propio sello.

-Sí, aunque, como anécdota, la primera grabación que hicimos fue un casete de la charanga de Marcilla que se titulaba ¡Aúpa Osasuna!También grabamos jotas, al humorista tudelano El Señor Tomás y folk vasco, pero enseguida tomaron carta de identidad las maquetas que nos llegaron, dando lugar a los primeros discos de Barricada, Kortatu, Potato, Hertzainak o Cicatriz, La Polla Récords o Tijuana in Blue.

Bendita “irresponsabilidad”, ya que hablamos de los grupos seminales. Y, además, funcionó muy bien.

-Sí, funcionó muy bien porque conseguimos que una distribuidora muy potente, Zabaltzen, se implicara con nosotros casi desde el principio, y eso hizo que los vinilos y casetes pudieran llegar a las tiendas de toda Euskal Herria. Posteriormente, dimos un salto mayor y contactamos con otra distribuidora, Movieplay, con la que llegábamos a todo el Estado, y es que grupos como Barricada o Kortatu tenían ya una notable repercusión fueran de aquí. Fue un movimiento arrollador, manejar todo aquello era una locura, cada banda era un mundo y era un universo en el que se empezaban a hacer las cosas casi desde cero.

Una labor discográfica que compatibilizaste, también casi desde el principio, con la organización de conciertos.

-Sí. El primer concierto que organicé fue uno de Benito Lertxundi en el Anaitasuna, en el año 78, que se petó. Solo contábamos con una planchadacomo escenario, así que cogimos unos cañizos de la piscina y construimos varias columnas con iluminación de focos. Posteriormente, por citar otro que recuerdo especialmente, ya cuando estaba en Soñua, organizamos un concierto en la Ciudadela, que también se reventó, citando en el mismo escenario a un acordeonista, Juan José Tomasena, los Barricada y creo que también algún jotero;una locura a modo de presentación de catálogo del sello. Creo que la entrada costaba 100 pesetas. La escena, por aquel entonces, era casi marginal, institucionalmente no terminaba de encajar. Fíjate que los conciertos se regían por la ley taurina, ya que todavía no existía la ley de espectáculos. Y nadie nos consideraba dentro del concepto industria;yaspectos básicos como los cachés, por ejemplo, no estaban implantados.

Siguiendo con tu trayectoria profesional, el siguiente paso es otro sello discográfico, Nola.

-Sí, Soñua se deshace. Por un lado Marino funda Oihuka y yo monto, junto con Txabi Oneca, Nola. Eso sería en el año 88, porque arrancamos con el doble vinilo en directo del concierto de despedida de Kortatu, Azken guda dantza.Con este sello editamos, además de Kortatu, a grupos como 21 Japonesas. En Nola también contamos con otros dos socios, Paco Trinidad (reconocido productor musical, fundador del sello GASA) y un abogado amigo mío, Daniel Zubiri. Con Nola aguantamos hasta el año 1991, más o menos. Fueron años en los que se generaban mucho dinero pero también se dilapidaba...

Una vez fuera del mercado discográfico, Zamarbide orientó todo su saber hacer hacia la organización de conciertos exclusivamente.

-Tras Nola, monté mi propia empresa, Iruña Ocio y Comunicación, con la que, por ejemplo, hicimos, junto con Iñigo Argomaniz (Get In), el concierto de Elton John en El Sadar, en 1995. Pero esta empresa tuvo una existencia breve porque enseguida me ficharon para la agencia Tentempié, dirigida por Tako Pezonaga, y en la que ya empecé a trabajar con mi hermana. En Tentempié estuvimos dos años, en los que, por ejemplo, hicimos el concierto de Bon Jovi en El Sadar o El Circo del Arte;hasta que nos fichó Aberin, empresa dirigida por Alejandro Rico. En esta agencia organizamos, por ejemplo, el concierto de Julio Iglesias en la plaza de toros, que llovió y tuvimos que suspender y hacerlo al día siguiente. De ese bolo recuerdo que le dije a Julio, tras suspender, que llamara a diferentes medios de Navarra para comunicar que el concierto se iba a hacer al día siguiente, y Julio, personalmente, fue el que llamó las redacciones para comunicarlo. En Aberin estuvimos cuatro años, con conciertos como Scorpions, Hellowen, Deep Purple o Iron Maiden, hasta que en el 2000 montamos, mi hermana y yo, nuestra propia empresa, In &Out, en la que al principio también estaban de socios Rubén Alonso e Iñigo Argomaniz (Get In). En esta época hicimos cuatro Maná, Luis Miguel, Ricky Martin, Sabina, Extremoduro, Bob Dylan, Juanes, Carlinhos Brown, Manu Chao, The Corrs, Shakira o aquel de Alejandro Sanz, que llegó una hora tarde y tuve que ir a buscarle... Entre otros muchos

Y llegó la maldita crisis. Años duros en los que hubo que reinventarse...

-Con la crisis, Iñigo Argomániz y Rubén Alonso se van de In &Out. Nosotros tuvimos que reciclarnos, convirtiendo una empresa con un estructura de nueve personas, en la actual, como menos cargas laborales y fundamentada en el trabajo free lance. No solo fue el IVA, la depresión económica era galopante y, lógicamente, la gente no gastaba dinero en entradas.

Una nueva forma de trabajar que os ha dado más que buenos resultados, ya que este año, por ejemplo, In &Out va de sold out en sold out.

-Tras la crisis, abrimos el abanico hacia otros espectáculos y formas de trabajo, como musicales, ejerciendo de oficina de contratación para grupos como Brothers in Band y los Music has not limits o montando festivales como el Tres Sesenta y ahora el Tourmalina Fest. Y sí, la verdad es que este año tenemos el ciclo Con.Ciertos Sonidos, tanto en Baluarte como Gayarre, con música popular de calidad, y que está yendo muy bien, como Silvia Pérez Cruz, India Martínez, Vanesa Martín, Andrés Suárez o Rozalén.

las claves

“Cuando empezamos a organizar conciertos , a finales de los 70, no había ni ley de espectáculos, nos regíamos por la taurina”

“En Navarra, los programadores, públicos y privados, hemos sabido formar público, y eso ahora se nota”

jokin zamarbide

Programador musical

lo que puede venir

Más y más conciertos. Aunque como buen promotor apenas suelta prenda, Jokin Zamarbide apunta algunos de los grupos que está trabajandopara que próximamente recalen en Pamplona, bandas como Vetusta Morla, Izal, Luz Casal o Ara Malikian.

anécdotas y artistas

Induráin y Julio Iglesias. “En una comida que organizamos en Pamplona, recuerdo que Julio Iglesias estaba charlando con Miguel Induráin y le decía, entre risas: ‘No sabes lo qué se siente cuando la sangre no te llega a donde te tiene que llegar”.

Los hijos de Bon Jovi . “Recuerdo con cariño como los hijos de Bon Jovi jugaban a fútbol en El Sadar con Javier Primo, el encargado del estadio. Estaban locos con él”.

‘Sus’ artistas. Zamarbide recuerda con especial cariño a artistas como “Joaquín Sabina, Paco de Lucía o Silvia Pérez Cruz, entre otros muchos. Son gente que te llega al corazón”. Con Deep Purple llegó a irse de poteo de por San Juan tras un concierto, con Bob Dylan apenas pudo cruzar un “hola, qué tal” mientras que Fher, de Maná, “me consultaba todo lo que sucedía aquí para documentarse y ver qué podía decir en el concierto”.

‘Sus’ conciertos. “Son más de 2.000 conciertos los que hemos organizado, y con todos hemos tenido bueno rollo. Excepto una vez, con Leo Bassi, que no quería salir a actuar y le tuvimos que poner las pilas. Por otro lado, uno de los conciertos más especiales que recuerdo fue el de David Byrne, en el Teatro Gayarre, que lo llenamos y perdimos pasta, pero queríamos demostrar que aquello se podía hacer. El de Bob Dylan también fue muy especial, y el de Julio Iglesias también, con él tengo muy buen trato. Recuerdo que le llevamos a comer a Las Pocholas, que estaba abierto solo para nosotros y algunos invitados oficiales. Otros artistas con los que tenemos una relación especial son, por ejemplo, Vetusta Morla o Xoel López”.

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