El rincón del paseante

De nieves, aguas y baldosas

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hola, personas, ¿cómo va eso?, venga, ánimo que ya está aquí la primavera (ironía). Esta semana he estado tempranero en mi paseo, no por nada de particular sino porque hoy lunes ha caído una fenomenal nevada y me ha parecido bien aprovecharla para darme un gélido garbeo y despedir el invierno como se merece en una ciudad a la que tanto castiga como es nuestra Pamplona del alma, fría y lluviosa como ella sola, ciudad de inviernos oscuros, anochece nada más amanecer. Lo despedimos con alegría, ¡¡hala vete pa’l hemisferio sur!!

Me he defendido contra el frío con braga, gorro y guantes, he sustituido bastón por paraguas y me he dirigido a mi Camino con mayúsculas: el pequeño serpentín que baja de Beloso al río. He pensado que semejante noche más valía verla y contarla desde la naturaleza que desde la urbe. Cuando iba hacia él por Baja Navarra la nieve flotaba arremolinada por el viento e iluminada por las farolas me hacía sentir dentro una de esas bolas con una torre Eiffel, una Virgen de Lourdes o una catedral de Burgos en su interior nevado. Me gusta.

He llegado a mi Camino y no me ha decepcionado, era de cuento, un perfecto sendero negro flanqueado de laderas blancas, muy pendiente, bien iluminado con luz cálida, frío y húmedo pero cálido a la vez;quizá soy subjetivo pero a mí me relaja, me comulga con el entorno natural y me divierte ¿qué más quiero? He llegado a la pasarela de madera y metal que salva el río y tampoco me ha decepcionado, pasarela que se convierte en txalaparta o tamboril con mi bastón en verano, hoy me ha esperado virgen con su manto de nieve intacta para mí, al pisar crepitaba como noche sanferminera de fuegos artificiales, he pasado despacio, pisando y oyendo, ahora despacio, ahora de prisa, fuegos espaciados, gran traca, esa pasarela siempre hace música, pero… ¡oh!, a mitad del puente me he dado cuenta que no era tan virgen como pensaba, suele pasar, a mi derecha se adivinaba el paso de un pato, su palmípedo pie delataba su delito.

Al llegar a tierra firme en vez de seguir recto he doblado hacia la izquierda por el camino que discurre entre las huertas, primero, y el Club Natación, después, y el río. Es un camino que te hace sentir importante porque a medida que vas andando se van encendiendo las luces que lo alegran, parece como si un ejército de gnomos se fuesen enviando una señal y diesen la luz a tu paso y… fiat lux. ¡¡Hay que ver lo que inventan los payos!! He llegado a la presa del Club Natación, dónde este verano me bañé y anduve por su borde de lado a lado hoy estaba apabullante por la cantidad de agua que dejaba caer, qué ruido, qué espuma blanca viva, qué fuerza en remolinos, he perdido diez minutos de mi vida extasiado viendo el caudal y he ganado millones de unidades de belleza para mi almacén.

Las pasarelas de toda la vida estaban cerradas y he pasado el Arga por una de las cinco construcciones más bonitas de Pamplona, el puente de la Magdalena, puerta románica por donde entran los peregrinos de medio mundo, puerta de la primera ciudad importante de la ruta Jacobea. Arriba del puente he parado y me he asomado al cauce, bajaba potente pero embarrado, a mi derecha era espejo del Molino de Ciganda.

He seguido corriente arriba y llegado al ascensor que sin esfuerzo alguno te planta en la Media Luna, he salido al fuerte de San Bartolomé , hoy en día muy bien urbanizado, restaurado y utilizado como centro de interpretación de las murallas, antiguamente sitio siniestro a donde llegábamos aventureros a mirar por el ojo de su gran cerradura que solo permitía ver cachivaches y herramientas que nuestra mente infantil transformaba en leyendas increíbles.

He salido a la calle Aralar y he dirigido mis pasos para casa analizando las diferentes baldosas que cubren las aceras, he observado que unas están rayadas y son seguras en caso de nieve o agua, otras son lisas pero rugosas y son medianamente seguras y otras son lisas y satinadas, ¡en ellas te juegas la vida!, ¿a qué lumbrera se le puede ocurrir fabricarlas? Y… ¿ a qué lumbrera, mayor, se le puede ocurrir comprarlas y colocarlas?, el director general de baldosas para aceras del IIº ensanche del Exmo. Ayuntamiento no estuvo muy acertado esa mañana. Pero, bueno, he llegado a casa, en la esquina de Tafalla con Paulino Caballero he visto al primer ser humano de toda la noche. La farmacia marcaba la 1,15 y 1º.

Hasta aquí mis escritos invernales, ahora llegan los primaverales, serán más floridos.

Que recibáis con gozo la estación más bonita del año y que ésta os sea benévola.

Besos pa’ tos.