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Los Caídos como problema. ¿Puede un monumento ser tóxico?

Por José María Muruzábal del Solar - Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Lamento de verás tener que volver a escribir sobre este tema, al que ya he dedicado otras reflexiones, pero a la vista de argumentos que uno lee en Diario de Noticias me siento en la obligación de hacerlo. Leo un artículo en el citado periódico, de miembros del autodenominado Ateneo Basilio Lacort, en que añaden nuevas torpezas intelectuales, enredos diría yo, al debate sobre el futuro del Monumento. Ahora resulta que el Monumento a los Caídos de Pamplona es TÓXICO. ¿Pero de verdad cree alguien que un monumento puede ser tóxico? Suele denominarse tóxico a lo que produce efectos dañinos sobre los seres vivos. Señores del autodenominado Ateneo Basilio Lacort, los edificios para nada son tóxicos, serán tóxicas sus interpretaciones. Este edificio se levantó con un sentido y en un contexto histórico determinado, como se levantó el Coliseo de Roma y otros muchos edificios. ¿Les parece tóxico el Coliseo en base a los espectáculos y crueldades que allí se llevaron a cabo? La plataforma de defensa del edificio, a la que me honro en pertenecer, lo que estamos transmitiendo a la sociedad navarra es la necesidad de conservar el mismo con las debidas transformaciones, con otro sentido y en otro contexto histórico, de acuerdo a la actualidad. Así de sencillo, con una idea de progreso y modernidad para Pamplona. El Monumento a los Caídos ni es tóxico ni es problema alguno, más bien se trata de una gran posibilidad y oportunidad para nuestra ciudad;posibilidad y oportunidad de progreso y cultura. Pero para progreso y modernidad resulta difícil de entender.

Uno ya empieza a estar cansado, hasta las narices, de esta verborrea trasnochada y vacía que nos meten con calzador… edificios tóxicos, amabilizar la ciudad (en Zaragoza vi el otro día que la habían “pacificado”), el empoderamiento de no sé qué… no es más que verborrea pseudointelectual para liar más la madeja. Por lo demás, el artículo del autodenominado Ateneo Basilio Lacort, disfrazándose de sentido ético, vuelve a los argumentos de siempre… genocidio, crueldad, masacre. Nosotros vamos a trabajar para que, en lugar de destruir, derribar, demoler (como repiten cual disco rayado algunos), se platee el rehabilitar, modernizar, progresar.

Leo también en el mencionado artículo, “…otros su resignificación milagrosa en Museo de la Historia o en un Centro Cívico Equis, nos hallamos ante la clara manifestación de una idea distinta de lo que entendemos por el bien y por el mal en términos éticos”. Resulta increíble que la idea de transformar el Monumento en un Museo de Historia lo asocien ustedes con el mal ético y su demolición la asocien con el bien ético. ¿Transformar un edificio que se erigió para glorificar la victoria de unos navarros sobre otros en un Museo de la ciudad, un centro cultural atractivo y moderno, es un mal ético? Ya ven uds, pura lógica, puro raciocinio de algunos que, por lo visto, tienen en sus manos la verdad. La historia demuestra que tener en unas manos la verdad o la ética es propio de totalitarismos.

Además siguen confundiendo a la ciudadanía con la tan traída Ley de Memoria Histórica. Dicha ley, en su artículo 15, Símbolos y monumentos públicos, dice textualmente: 1- Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura. Entre estas medidas podrá incluirse la retirada de subvenciones o ayudas públicas. 2- Lo previsto en el apartado anterior no será de aplicación cuando las menciones sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley.

Resulta evidente que el Monumento a los Caídos de Pamplona entra perfectamente dentro de esos supuestos que plantea el artículo citado de la Ley. Resulta evidente que así se demostrará en los entes políticos y jurídicos correspondientes. En las jornadas que el colectivo ZER realizó el año pasado sobre el Monumento, en el Condestable de Pamplona, así lo puso de manifiesto la intervención jurídica de Rafael Escudero, ante el espectacular enfado de muchos de los asistentes.

Parece también que muchos de ustedes están muy molestos con el Alcalde de Pamplona por las últimas jornadas de debate celebradas en torno al Monumento. Por las mismas pasaron gentes diversas, algunos de notable prestigio en sus campos correspondientes. La opinión trasmitida fue unánime, derribar NO, transformar SI. Y claro, la reacción de esta extrema izquierda navarra, anclada en el siglo XIX, antigua y trasnochada, fue comenzar a vociferar contra el Alcalde y su grupo. ¿Qué pasa ahora, que entre los malos de la película comienza a estar también el Sr. Asiron? Ver para creer. Así se observa en la reacción de algún grupo del Ayuntamiento de Pamplona, lo mismo que en las opiniones de este autodenominado Ateneo Basilio Lacort.

La plataforma promuseo de la ciudad de Pamplona, ubicándolo en el Monumento a los Caídos, va a seguir trabajando, desde la palabra y la razón, desde los consensos y la democracia, desde el sentido de superar odios y rencores. Creo que intentar derribar/demoler la historia siempre trae nefastas consecuencias. Estamos absolutamente convencidos que la mejor opción que existe es la transformación de ese edificio en un Museo de la Ciudad de Pamplona, en un museo moderno, dinámico, pedagógico. Se trata de darle el mejor sentido posible a un edificio, y a una denominación, que efectivamente se han quedado anclados en otra época y que es necesario remodelar y reinventar. Por supuesto que habrá que eliminar símbolos y elementos del mismo y en eso tendremos que llegar a consensos. Tenemos la certeza que esto será aceptado por la inmensa mayoría de los pamploneses y navarros y que, además, puede servir perfectamente para superar esas obsesiones de 1936. Lo único que deseamos es encarar el siglo XXI desde la concordia, el progreso y la modernidad.

El autor es profesor e historiador del arte y miembro de la plataforma pro Museo de la Ciudad de Pamplona

las claves

E·Monumento a los Caídos tiene una serie de singularidades que es necesario tener en cuenta a la hora de valorar qué hacer con él. Yo lo tengo claro, lo mejor para la ciudad, para el espacio urbano y para la memoria es derribarlo, no cabe reciclaje alguno, no sería una intervención interesante, ni útil. Nadie en su sano juicio plantearía derribar el monumento si hubiera sido un centro de detención, o hubiera sido un campo de concentración o una cárcel. Nadie plantea por ejemplo tirar el Fuerte de Ezkaba o Auschwitz.

El Monumento a los Caídos no significa nada de eso, a través de él no podemos entender la magnitud de la represión, ni sus piedras nos hablan del sufrimiento de la gente republicana. Sus piedras sólo nos hablan de una victoria humillante y que pretendió imponerse sobre el futuro a través de este tipo de edificios. Esa victoria fue tan aplastante que su huella, terrible, asesina, cruel nos persigue hasta en la memoria de las piedras, que ya es decir.

El franquismo llenó toda España de este tipo de monumentos, en Barcelona, en Zaragoza y en multitud de ciudades, donde por cierto ya han sido derruidos o trasladados. El objetivo de estos monumentos está claro;imponerse en el espacio público, recordar a los vencidos lo que ocurrió y ser inmortales.

Se trata de un ejemplo perfecto de arquitectura fascista, que conecta un monumento apologista con el corazón de la ciudad, rodeándose de un entorno difícil de transitar, lleno de espacios que nadie acaricia, nadie vive, configurándose así un espacio vetado, que limita, que hace de frontera urbana, que no deja que la ciudad se estire, y que sobre todo capa cualquier intervención.

La ciudad se construye desde muchas perspectivas, pero una de las cosas más relevantes son los sitios que facilitan la relación, los lugares comunes como espacios de representación, y es que en esa plaza no se puede hacer nada porque el monumento corta y la fuente y los jardines son un muro evidente. Tenemos que permitir y facilitar que ocurran cosas ahí y en ese espacio lo único que pasa es el tiempo, mortecino y rutinario. Es un espacio inacabado de forma infinita, por eso mismo es difícil su reciclaje en otra cosa.

Por eso resulta pertinente recrear un paisaje nuevo y atractivo acorde con las nuevas referencias, con los nuevos tiempos, con las nuevas necesidades. Un nuevo espacio donde poder volcar los nuevos consensos de la ciudad. Y esa es la propuesta central, ensayemos nuevos encuentros, practiquemos nuevos acuerdos a partir de ese espacio que se debería quedar vacío. Repensemos la Iruñea del futuro desde esa idea, desde ese reto colectivo.

Reivindico el derecho a la ciudad, lejos de un urbanismo que cierra puertas y relaciones. Al contrario derribar ese lugar y regenerarlo nos ayudará a hacer una ciudad más hospitalaria y a asumir la modernidad no como despilfarro, sino como instrumento restaurador.

Este es uno de esos momentos que en las ciudades merece la pena vivirlos, ya que cambian el paisaje y el imaginario. Necesitamos respirar la ciudad real, lejos de cuneteros y golpistas, lejos de edificios inservibles, lejos de lo imponente, lejos de la chulería de los vencedores, lejos muy lejos de misas franquistas, secretos y conspiraciones de nostalgia, tenemos que ser capaces de construir una forma urbana evocadora de la dignidad de los espacios, los sucesos y las vivencias.

La ruina del edificio será la mejor forma de demostrarnos a nosotros mismo que la vergüenza que sentimos algunos por lo que aquí sucedió en aquel 36 maldito, lo vamos encarando. Esas ruinas serán la única forma de vivir un lugar en el que nadie se sienta, nadie ensucia… nadie corre. Porque es un espacio que corta, infrautilizado, inútil y que, estando en el centro, vive paradójicamente de espaldas a la ciudad y sus pobladores.

Abrir la avenida, ampliar la vista y dejar que entre el hueco que oxigene, es pues una propuesta de higiene democrática y urbanística. Seamos valientes y rompamos con ese baldón que nos encadena a un pasado cruel, que se mantendrá por mucha cúpula que se quite, porque su sola presencia supone un manotazo a nuestra historia, para eso lo hicieron, para imponerse durante años, no les demos ese gustazo.

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