Música

Tenor y bajo pedal

Por Teobaldos - Miércoles, 28 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

festival de música sacra

Intérpretes: Coro del Patriarcado de Moscú. Programa: Anónimos de la liturgia Ortodoxa de la Pascua. Y obras de Raschmaninov, Tchaikovski, Txesnokov, y Dimitri Bortnianski. Programación: Festival de Música Sacra del Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Iglesia de los Carmelitas Descalzos. Fecha: 23 de marzo de 2018. Público: lleno, se agotaron las entradas (gratis).

Después de la consabida pelmada de hacer dos colas, a la intemperie, y esperar, cansados, a que se abran las puertas de la iglesia un cuarto de hora antes, aunque esté jarreando, y no media hora para, por lo menos, esperar sentados;después de todos esos inconvenientes que parecen insoslayables en la organización de los conciertos sacros, digo, escuchamos un excelente concierto del coro ruso, pero sólo en la segunda parte;porque, a mi juicio, el conjunto del Patriarcado de Moscú, se equivocó al dilatar, excesivamente, la primera parte con las diversas liturgias orientales;interesantísimas, por supuesto, pero incardinadas en la ceremonia, no tanto para concierto tal como se hizo;así, por ejemplo, de la lectura bizantina del Evangelio de la Pascua hubiera bastado un muestrario, no todo el repetitivo texto. Vamos, es como si en una boda te atiborran a patatas fritas -por muy buenas que sean- antes de los exquisitos platos principales. Y fue una pena, porque varios bancos se quedaron vacíos y mucha gente se perdió la excepcional segunda parte.

Comenzó el concierto con el Llanto de Adán, un solo del siglo XVI, acompañado de zanfoña. A partir de ahí, ya con los doce componentes masculinos al completo, se sucedieron las antiquísimas melodías sagradas tradicionales de canto georgiano, ruso, bizantino, serbio, etc. Más bien lento, majestuosamente narrativo, centrado en tesituras (extensión de la voz) medias, sin grandes intervalos, y muy penetrantes y constantes, alimentadas por los graves que, a modo de bajo pedal, sostienen la narración. Más que grandes voces solistas -en este caso el bari-tenor solista andaba un tanto apurado en los discretos agudos- lo que hace falta es un gran dominio del fiato (aire que alimenta el canto). La cosa cambió, radicalmente, con el salmo 103 y Ahora es, Señor, de lasVísperasde Rachmaninov, con las liturgias de Tchaikovsky, y unas preciosas canciones de Chesnocov y Bortnianski. Aquí se nos reveló una voz de tenor francamente excepcional: con unos agudos naturales limpios y luminosos, homogeneidad en su línea de canto, incisivo en el ataque, abierto y sobresaliente cuando cantaba solo, y que, con sus compañeros de cuerda -también con gran dominio del agudo- nos llevaron a ese timbre tan característico de la escuela coral rusa, que se puede permitir el lujo de catar muy abierto y natural porque tienen el contrapeso de una cuerda de bajos, también, excepcionales. Aquí los bajos no son barítonos más o menos graves, sino que conservan el color cavernoso de resonancias profundas, capaces de cimentarlo todo. Sus contrastes entre los fortísimos -siempre empastados, y cundiendo como cien- y los pianísimos súbitos o finales -instrumentales, como de órgano de tubos- fueron escalofriantes. Así como el volumen sonoro, manejado con una regulación que alcanzaba plenitudes inverosímiles, y se replegaba a intimidades inauditas. Una propina y el público en pie.