Otra cultura del territorio

Por José Mª Aierdi Fernández de Barrena - Miércoles, 28 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Son paisajes potentes, con indudable fuerza gráfica y sugerentes evocaciones. Las cálidas Bardenas al atardecer, la imponente vista desde lo alto de la foz de Arbaiun, el coqueto puente medieval de Artabia, la intimidad del nacedero del Urederra o las intensas capas de nieve que cubren las laderas de los Pirineos son algunas imágenes que nos están sirviendo, ya desde las recientes citas internacionales de Fitur en Madrid y Navartour en Baluarte, para poner en escena la recién creada red Explora Navarra. Este proyecto, impulsado por Lursarea -la agencia navarra del territorio y la sostenibilidad integrada en la sociedad pública Nasuvinsa- y que el Consejo Social de Política Territorial de Navarra debatió y aprobó ayer, agrupa a más de una veintena de espacios naturales dispersos a lo largo y ancho del territorio de la Comunidad Foral. Pero esta historia no acababa en estas imágenes. Más bien al contrario;son sólo el comienzo.

Navarra nos cuenta un relato de siglos de historia en estos paisajes, pero también nos habla hoy de un mundo rural vivo, de innovación, tradición y modernidad. La presentación de Explora Navarra muestra algunas antiguas fotografías -en color sepia- de almadieros por el Irati, arados tirados por bueyes, labradores de secano con herramientas de boj en ristre o el viejo tren del Plazaola, testigos todos ellos de la secular actividad humana que atesora el paisaje rural. Pero, a renglón seguido, estas fotos se transforman en coloridas imágenes de jóvenes ganaderos con ropa alpina, de horticultores o pequeños productores agrarios con Facebook, de cicloturistas o deportistas sobre el terreno, de familias plenamente integradas en los modos de vida rural. Aquellos idílicos paisajes de repente han cobrado movimiento, actividad y vida.

“No necesitas ir a lugares salvajes profundos, sitios remotos o parajes recónditos”, escribía la premio Pulitzer norteamericana Annie Dillard, una referencia internacional en el ámbito de la divulgación de turismo rural, al hablar de destinos que esconden autenticidad. Siguiendo este paralelismo, en Navarra se ha empezado a abrir paso una nueva cultura del territorio que no se limita a una visión exclusivamente conservacionista o contemplativa de bellos y recónditos paisajes. Una nueva cultura que no pasa tanto por vender postales como por actuar en un territorio vivo y vivido y por hallar el equilibrio entre la conservación y una actividad social y económica perdurable.

El giro que durante estos dos últimos años venimos imprimiendo al desarrollo territorial sostenible -gracias a la complicidad lograda entre Gobierno y los agentes locales- devuelve el protagonismo al factor humano, precisamente lo que convierte la actividad en el medio natural -esa misma que llevamos siglos ejerciendo- en una alternativa de futuro. Busquemos, por tanto, esa autenticidad a la que apelaba Annie Dillard sin necesidad de escondernos en parajes recónditos y hagamos que las gentes de nuestros pueblos se conviertan en compañeros de viaje y aliados en la gestión del territorio.

Pese al fuerte éxodo rural de décadas pasadas, el 40% de la población navarra reside fuera del área metropolitana de Pamplona y de los núcleos urbanos de Tudela, Estella o Tafalla. Este alto porcentaje es, sin duda, una riqueza que debemos mantener, apoyar y activar. Y no como una mera reserva natural, sino como un territorio equilibrado donde las realidades urbana y rural, lejos de darse la espalda, se conozcan e interactúen para enriquecerse mutuamente. Estas dinámicas de desarrollo rural sostenible -junto con políticas de cohesión social en Educación, Sanidad, Vivienda o Cultura- van a ser clave para responder al reto demográfico en todas las comarcas de la Comunidad Foral.

La apuesta por la industria agroalimentaria como sector estratégico, el fortalecimiento de infraestructuras y servicios en el eje del Ebro para que la Ribera despegue como una comarca emergente, el aprovechamiento de la biomasa forestal de nuestros bosques como fuente energética alternativa o -a través de este proyecto Explora Navarra- la dinamización de los espacios naturales para convertirlos en motores de desarrollo territorial sostenible son algunas de las apuestas acometidas, en esta línea de trabajo, por la agencia Lursarea y el conjunto de este Gobierno -en muy estrecha colaboración, hay que reconocerlo, con los agentes locales- para generar riqueza y otra cultura en nuestro entorno rural.

A ese 40% de la población navarra que reside fuera de los principales núcleos urbanos se le presenta ahora la oportunidad de reivindicar, con audacia y sin complejos, los valores de una ruralidad creativa, arraigada y moderna que haga del desarrollo -actividad económica en el entorno natural- y la sostenibilidad -un modo de vida durable para las siguientes generaciones- los factores clave para, más allá de laspostales, reactivar un mundo rural vivo y construir una alternativa de futuro para nuestros pueblos.

El autor es director gerente de Nasuvinsa y de la Agencia Navarra del Territorio y la Sostenibilidad Lursarea