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Pamplona ‘libre de transgénicos’

Miércoles, 28 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Recientemente la Comisión de Urbanismo del Ayuntamiento ha acordado declarar PamplonaZona libre de transgénicos. Según han informado “el Ayuntamiento considera imprescindible en este proceso informar a la ciudadanía”.

Un transgénico u organismo modificado genéticamente (OMG) es aquel al que le han incorporado genes de otro ser vivo de forma artificial mediante técnicas de ingeniería genética para que produzca alguna característica nueva. La modificación genética de los seres vivos se viene realizando desde los inicios de la agricultura y la ganadería mediante técnicas de domesticación, cruces e hibridaciones. El uso de la ingeniería genética y de las nuevas técnicas de edición del genoma simplemente han posibilitado realizar esas modificaciones de forma más dirigida, controlada y mucho más segura.

A diferencia del ámbito social y político, a nivel científico no existe polémica o controversia alguna respecto a la seguridad de los transgénicos. Son cientos las entidades técnicas y científicas que ratifican su seguridad. Sin pretender entrar en un debate político, y con este objetivo de informar a la ciudadanía, pondremos solo dos ejemplos recientes.

En 2016 la Academia Nacional de Ciencias de EEUU publicó la mayor revisión científica sobre el impacto de los OMG realizada hasta la fecha. Las conclusiones son claras: no existe ninguna evidencia científica de que los transgénicos tengan un impacto negativo en la salud o el medio ambiente, más bien todo lo contrario. Se han examinado los datos epidemiológicos de incidencia de cáncer y otros problemas de salud a lo largo del tiempo y no se han encontrado evidencias de que los alimentos procedentes de transgénicos sean menos seguros que los convencionales: no hay ningún peligro para la salud humana por el consumo de un producto transgénico. Tampoco se ha encontrado ningún indicio de que el uso de OMG reduzca la biodiversidad en los campos donde se plantan, no se ha demostrado que provoquen ningún impacto en el medio ambiente, y no hay datos que puedan demostrar que los cultivos transgénicos contribuyen a la contaminación del planeta. Este informe recomienda que las regulaciones de nuevos tipos de cultivo se hagan en base a cómo es el producto y no a cómo ha sido desarrollado, desaconseja marcar los OMG como tales en el etiquetado, y reconoce que no hay argumentos de salud pública que apoyen esta idea.

Ese mismo año, 131 premios Nobel de Medicina, Física y Química publicaron una carta pidiendo a Greenpeace y a los gobiernos de todo el mundo que abandonen su oposición y sus campañas en contra de los OMG. En dicho texto se exigía que acabaran las campañas contra los cultivos y alimentos transgénicos y, en concreto, contra el cultivo del arroz dorado, una variedad transgénica modificada para reducir el déficit de vitamina A. Esta variedad de arroz tiene el potencial de reducir o eliminar muchas de las muertes y enfermedades causadas por la deficiencia de esta vitamina, un grave problema de salud que causa ceguera y mortalidad infantil. Según datos de la OMS, se estima que 250 millones de personas sufren déficit de vitamina A, el 40% de ellos son niños menores de cinco años en países en desarrollo. En definitiva, se debe permitir el acceso de los agricultores a todas las herramientas de la biología moderna, especialmente a las semillas mejoradas a través de la biotecnología.

Los OMG han revolucionado la investigación biomédica, y gracias a las modificaciones genéticas de animales, plantas y microorganismos somos capaces hoy en día de curar muchas enfermedades. Muchos medicamentos, como la insulina, el interferón o la hormona del crecimiento se obtienen de bacterias modificadas genéticamente. En una zona libre de transgénicos, ¿se prohibirá la venta de insulina a los diabéticos en las farmacias? Declarar unazona libre de transgénicos es afortunadamente imposible. Son muchos los productos de origen transgénico que usamos en la vida cotidiana: desde las proteasas para lavar las lentes de contacto, hasta las enzimas que se utilizan para tratar zumos o harinas, o las levaduras y bacterias utilizadas para la elaboración de pan, vino, cerveza, queso o yogur. La ropa de algodón que usamos o el papel de los billetes de euro están fabricados con transgénicos.

Declarar una zona libre de transgénicosno tiene ningún sentido. Confiemos en que en Pamplona, por el bien de toda la ciudadanía, podamos seguir viviendo sin preocuparnos por un problema que no existe.

Firman este artículo: Nora Alonso Casajús, CEO de Iden Biotechnology;Arturo H. Ariño, profesor de Ecología Universidad de Navarra y UNED;Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona;Ion Arocena Vélez, director general de la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO);Gloria González Aseguinolaza, directora del programa de Terapia Génica del CIMA-Universidad de Navarra;María Jesús Grilló, investigadora y representante institucional del CSIC en Navarra;Iñigo Lasa Uzcudun, director Navarrabiomed, catedrático de Microbiología Universidad Pública de Navarra;Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología Universidad de Navarra;Joaquín Sevilla, responsable de Divulgación del Conocimiento, Universidad Pública de Navarra;Cristina Solano Goñi, profesora titular de Microbiología, Universidad Pública de Navarra;José Luis Vizmanos Pérez, catedrático de Genética, Universidad de Navarra;Lucía Ramírez Nasto, catedrática de Genética y Mejora Vegetal, UPNA;Gerardo Pisabarro de Lucas, catedrático de Microbiología, UPNA

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