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Neumünster, prisión para presos noveles

LA CÁRCEL EN LA QUE PERMANECE EL EXPRESIDENT ACOGE A RECLUSOS CON PENAS DE HASTA CIN | cO años, el 74% alemanes

Un reportaje de I. Santamaría - Miércoles, 28 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Periodistas apostados frente a la cárcel de la localidad de Neumünster, al sur de Kiel.

Periodistas apostados frente a la cárcel de la localidad de Neumünster, al sur de Kiel. (Foto: Efe)

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Periodistas apostados frente a la cárcel de la localidad de Neumünster, al sur de Kiel.

Rodeado de un muro de 685 metros de largo y 5,5 de alto, el centro penitenciario de Neumünster, donde está encarcelado Carles Puigdemont, cuenta con un total de 571 celdas, de las cuales 505 están destinadas a los presos con régimen cerrado, 44 para los que están pendientes de juicio (una de ellas la ocupa el expresident, que puede recibir dos visitas al mes) y 20 para los presos con tratamiento psiquiátrico.

Además, tienen a su disposición 22 calabozos más en la propiedad rural de Jugendarrestanstalt Moltsfelde, a seis kilómetros de distancia. Se trata de un centro para hombres adultos con penas de hasta cinco años y un 74% de los reclusos son de nacionalidad alemana. El 26% de los presos son extranjeros (de otras 35 naciones) pero predominan los turcos y los procedentes de países de la Europa del Este. En cuanto a los trabajadores, la prisión alberga un total de 256 empleados de los cuales 65 son mujeres.

El centro que ha hecho famoso Puigdemont tuvo recluido al escritor Hans Fallada, que luego recogió sus vivencias en un libro

Construida entre 1901 y 1905, acoge a reclusos en prisión preventiva o condenados por delitos menores, muchos de ellos por robo o lesiones. La cárcel se levanta en Neumünster, ciudad de provincias situada a 330 kilómetros al norte de Berlín, a unos cien de la frontera con Dinamarca y a 40 de Kiel, la capital del estado federado de Schleswig-Holstein. En los años veinte, acusado de desfalco y estafa, estuvo recluido entre sus muros el famoso escritor alemán Hans Fallada (1893-1947), quien rememoró su tiempo entre rejas en el libro Wer einmal aus dem Blechnapf frisst. Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen, cuyo seudónimo era Hans Fallada, fue denunciado en marzo de 1933 a las autoridades alemanas por una conversación que mantuvo con el también escritor alemán Ernst von Salomon con supuesto contenido hostil al Estado.

Además de condenados por robo, hurto, extorsión o lesiones, que suman el 60% del total de los reclusos, hay también presos por tráfico de drogas, fraude o delitos sexuales. En todos los casos se trata de primeras condenas, de menos de cinco años, y destaca también la presencia de internos jóvenes, a los que la cárcel ofrece la posibilidad de obtener el graduado escolar o de realizar formación profesional en ramas como la panadería, la cocina, la electrónica o la ebanistería.

El recinto original, edificio protegido como patrimonio arquitectónico, presenta los rasgos propios de principios del siglo pasado, con ladrillo rojo y muros encalados.