Una opinión de perogrullo

Maite Sota Virto Pediatra de Atención Primaria - Jueves, 29 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La posesión y uso de vehículo privado, a ser posible grande y de elevada potencia, se ha asociado con progreso económico y nivel social. Sin embargo, hoy, las ciudades con más éxito (económico, ambiental y de bienestar) son las que menos coches tienen circulando por sus cascos urbanos. Oslo, Hamburgo, París, Amsterdam, Londres y otras han puesto en marcha, mediante duras restricciones, planes ambiciosos para eliminar el coche de sus calles pues, aunque resulta un medio de transporte cómodo, su implicación en la congestión de las ciudades, los accidentes, la polución, el ruido y la falta de actividad física es indiscutible.

El 80% del dióxido de nitrógeno (uno de los mayores contaminantes atmosféricos) procede de los motores diésel. En 2012 el coche disputó la supremacía como causa de enfermedad respiratoria y cardiovascular al tabaco;en 2013 la OMS clasificó la contaminación atmosférica como agente cancerígeno. La toxicidad ambiental es siempre más grave en los niños pues son más vulnerables a efectos agudos y también crónicos al no haber completado su desarrollo. Se ha determinado una disminución de la maduración pulmonar en el feto, un aumento del índice de recién nacidos prematuros, aumento de asma y retraso en la maduración cerebral en escolares. Hay una relación directa entre zonas metropolitanas de especial concentración de NO2 y el número de exacerbaciones asmáticas, aunque el nivel global de la ciudad sea relativamente bajo como en Pamplona.

Para conseguir mejorar el aire respirado hay que implementar medidas enfocadas a aumentar los parques y zonas verdes de hoja perenne que actúan como pulmones urbanos, aumentar los carriles bici y separarlos con setos para sacar a los ciclistas de las vías motoras, fomentar los desplazamientos a pie y mejorar la red de transporte público.

No cabe duda de que los seres humanos somos animales de costumbres, pero el uso exponencial de la bici en las ciudades da muestra de un paulatino cambio de hábitos. El aire limpio es patrimonio colectivo, incluidos los habitantes de las urbes, y llegará el día en que el uso innecesario del coche será una reliquia del pasado como ocurrió en Amsterdam.