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Los Caídos, inhabitable e intransitable

Por Santiago Martínez-Magdalena - Jueves, 29 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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La ciudadanía de Pamplona y Navarra ha podido participar en la Reflexión pública sobre Los Caídos emprendida concienzudamente por el Ayuntamiento de Iruñea en un largo y difícil proceso para su desmantelamiento como símbolo genocida. Como en la organizada en enero del año pasado por el colectivo cultural memorialista ZER, Dilemas urbanos / Derivas ciudadanas, con la colaboración del Ayuntamiento, hemos querido participar en estas nuevas jornadas técnicas, documentada en parte en la web del Ayuntamiento (http://www.pamplona.es/verPagina.asp?IdPag=2046&Idioma=1). La organización optó por dividir la jornada en dos sesiones separadas: una presidida por un plantel de expertos y expertas de las ciencias sociojurídicas, artístico-memorialistas y urbanísticas con proyección nacional e internacional, trabajando con una metodología comparada, ilustrando lo que se ha hechoen casos supuestamente comparables como el modelo del tratamiento de la monumentalidad nazi y fascista en Alemania e Italia, entre otros;y una segunda sesión con las asociaciones memorialistas de Navarra. Ambas escuchadas por un auditorio que pudo participar de forma distinta.

De manera precisa se pudo comprobar el hiato creado por esta estrategia, seguramente más ficticio que real, pero de una gran eficacia: mientras que en el primer caso las propuestas técnicas, exponiendo casos similares, abogan principalmente por resignificar el Monumento (urbanística o dotacionalmente como museo o centro documental), mejor que dejarlo a la artística incuria del tiempo, las asociaciones (de manera mayoritaria) clamaron por el derribo, pretensión ésta apenas mencionada, o claramente deshechada, en la mesa experta. Las asociaciones y el público asistente subrayó la inconveniencia de separar estas dos sesiones. La estrategia busca, seguramente, justificar por la vía técnica los requisitos jurídicos necesarios para acometer tan importante intervención. Sin embargo, el interés social que ésta requiere, y a la que se reducen todas las salvedades jurídicas que pudieran contemplar el derribo (la necesaria descatalogación del Monumento por Príncipe de Viana, el cumplimiento de la normativa en Memoria histórica, y la expropiación de los restos en manos privadas y de la iglesia, en referencia a la perpetuidad de la cripta) no puede separar la ciudadanía de la asistencia técnica. Si la participación ciudadana es una técnica también (investigación-acción-participación, sociopráctica), como el propio Ayuntamiento demuestra afortunadamente;si las exigencias democráticas y contemporáneas obligan a considerar apto lo que en otras épocas era minoría de edad y hoy algo más que una opinión;si esto es así, y lo es, no cabe separar las mesas. El debate tiene que ser fuerte, unificado, multipolar, licuado después y no antes. La presencia de las asociaciones memorialísticas (no todas por el lugar de celebración del encuentro) es legítima de manera integrada a la técnica de gestión del dificilísimo proceso en el que participamos;la ciudadanía, reducida a público/auditorio, como agente último, a la espera de la tarjeta o el micrófono, es técnicamente legítima igualmente, porque sostiene la intención y agencialidad política de quienes quieren participar y desde luego de la representación institucional a la que le confió su función política. La ciudadanía, incluso las asociaciones, no son ni se reducen al foro victimal, al contexto local, al foro que implora -ese polo emocional-, descarnado-encarnizado, y no técnico. Son quienes legitiman la acción, y desean de manera ardiente contrarrestar el horizonte estrecho de la comparación técnica que sí, descontextualiza: incluso se menospreció en la mesa técnica, en cierto modo, el esfuerzo documental navarro, pionero en España en los posteriores procesos de memoria histórica. Desde luego que se trata de un problema de gestión, y que el Ayuntamiento intenta canalizar de la mejor manera posible, catalizando polos de tensión. Pero debemos atender a los sin embargo..., con ánimo de mejora.

Porque, veamos: las propuestas técnicas de la primera mesa están amparadas en una comparación por lo demás harto difícil entre regímenes análogos y colaborativos, el nazismo, el fascismo y el carlo-falangismo, todos ellos con vocación genocida pero con resultados históricos y consecuencias jurídicas contrarias: pérdida de la guerra y democratización inmediata en el primer caso;victoria y sometimiento del país a una postguerra infame en el segundo. El resultado de la articulación jurídica es pues opuesto. Esto hace que desde luego el método comparativo no pueda ni deba aplicarse. Comparar políticas de la memoria y tratamiento del patrimonio del horrores sólo una parte, un elemento de la comparación, pero no puede equilibrarse en el reconocimiento de la analogía: porque sitúa más adelante, en la Transición española, el punto de apoyo que le falta a la comparación, y éste punto está descarrilado de su muñón en la historia de España. La Memoria aquí tiene el deber de contribuir a la democratización profunda, verdadera y definitiva del país y su apertura a la pluralidad y la descolonización, por cierto. Esto hace que la comparación sea asimétrica y siempre coja.

Aunque no aspiremos a tanto en Pamplona, sí sabemos que el mundo está observando la resolución de este inexplicable patrimonio que aquí comenzó con la sublevación y continúa perpetuado. La mesa técnica se ha centrado en el problema urbano y la solvencia arquitectónica, así como la utilidad pública para revitalizar la ciudad. Éste sería el sentido para remover el obstáculo del Monumento: la viabilidad y la conectividad de Pamplona. Hacerlo transitable para el tráfico vehicular, desmochando la cúpula y abriendo los pórticos, manteniendo las columnas. Hacerlo translúcido para ampliar el horizonte entre la ciudad vieja y la nueva. O también adecuarlo para museo histórico, artístico o documental de la memoria histórica. Es decir, en cuanto el Monumento es considerado un lugar, con potencialidad habitable y transitable.

Pero basta atender a la incomodidad de las sesiones (lugar inhóspito y de horror, bajo la cúpula alegórica y sobre la cripta infame, con un frío aterrador y un eco de bóveda de sepultura) para cerciorarse de que el Monumento no es un lugar. Más bien es un no-lugar absoluto, un punto cero de la historia urbana y social. El Monumento no es ni puede ser un elemento urbano, ni con posibilidades dotacionales. Es inhabitable y debería ser intransitable. Era un lugar de muerte glorificada y para la muerte. ¿Alguien ha olvidado lo que significa etimológicamente la palabra cripta, y a qué parcialidad de muertos enterró? Lo que desactiva cualquier pretensión de darle una resignificación concreta con uso dotacional museográfico o documentalista. Necesitaría en este caso edificios anexos desde donde contemplar las ruinas pseudoarqueológicas de un pasado no resuelto tampoco así. Significa además ignorar que existió la idea original de hacer en los flancos del Monumento un museo de guerra, que derivará más adelante hacia el museo carlista, y que se pidió a la Diputación que sufragara un guía pedagógica y turística para explicar el sentido del Monumento en la época;o que se pretenda hoy un museo de la ciudad, o hasta hace poco una sala de exposiciones. Si el destino del Monumento fuera finalmente el de un museo, y puesto que aun resignificado conservaría parte de la estructura y sus lienzos, aunque fueran rotulados con cartelas, seguiría actuando el dispositivo original, que quedaría residualmente radioactivo en la captura de una vitrina. Lo pedagógico no desactiva al dispositivo de dominación, siempre radioactivo. En todo caso tendría que hacerse un fuerte contramuseo, y esto no significa otra cosa que derribarlo para retornarlo al punto de inicio, incluso al proyecto de Serapio Esparza. Hágase si place un museo o un centro de investigación, pero desde el inicio rasurado a cero. Pamplona cuenta con numerosos espacios del horror donde sí la población represaliada resistió bajo la tortura, y también cuenta con espacios dejados a la incuria si no del tiempo sí de las instituciones. Pamplona cumple todos los requisitos para implementar museos y centros de documentación, de arte y de memoria. Todo ello hacen lugares, habitables, los antilugares. Es necesario, según mi opinión como ciudadano de legitimidad técnica, habilitar con claridad la posibilidad primera del derribo. Es cierto que lo está, pero veladamente, bajo una estrategia;o dejado a la consideración de los proyectos expertos del concurso internacional de ideas, cuyas ideas técnicas ya hemos podido vislumbrar en la primera mesa de la Reflexión pública sobre Los Caídos. Sin embargo...El autor es profesor de Antropología Social de la UPNA

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