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Los Caídos, reflexión pública abierta

Por Joxe Abaurrea - Jueves, 29 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Una de las cuestiones en las que más empeño y esfuerzo hemos puesto desde el gobierno del cambio de Pamplona-Iruña es la recuperación de la memoria histórica o democrática a través de algunas actuaciones necesarias que ya se antojaban a estas alturas casi imposibles. La presentación de la primera querella en el Estado español contra los crímenes del franquismo o las plazas dedicadas a Maravillas Lamberto en Lezkairu o al juez Elío junto a la Audiencia. En el ámbito del monumento a Los Caídos, en concreto, cambiando el nombre de la antigua plaza Conde de Rodezno por plaza de la Libertad y procediendo a la exhumación de los restos de los criminales de guerra Mola y Sanjurjo enterrados con honores en la cripta de ese monumento.

Actuaciones con carácter histórico y que llevaban años bloqueadas por UPN. Por eso ahora podemos abordar la otra gran actuación pendiente que consiste en dar uso ciudadano a ese espacio, para lo que se pretende impulsar un concurso internacional de arquitectura como parte de esa gran reflexión pública. El objeto del debate es decidir, por un lado, qué queremos hacer con el monumento a Los Caídos y su entorno urbano para recuperar para la ciudad tanto el derecho a la memoria democrática como el disfrute ciudadano de un espacio ahora pobre, poco atractivo y de mala accesibilidad;y, por otro lado, cómo nos gustaría hacerlo. El qué nos interpela sobre los usos y la actividad;el cómo nos invita a modificar ese espacio, lo que puede incluir la transformación de ese edificio-monumento, la eliminación completa o su mantenimiento. Un concurso que ha despertado una expectación muy importante en los sectores profesionales que están llamados a aportar proyectos de futuro para este espacio. Unos proyectos complejos porque deben abordar aspectos diversos como la representación de la memoria democrática, la composición arquitectónica del lugar y el rescate ciudadano de un espacio esquivo. Y todo ello en una propuesta armónica y equilibrada.

Nos gusta insistir, por ello, en la idea de que esta reflexión no habla solamente de un edificio monumento sino que también hablamos de ese gran espacio que hace la réplica de la plaza del Castillo al final de Carlos III y que supone una bisagra hacia el nuevo barrio de Lezkairu.

Hablamos por tanto de memoria, de arquitectura y de espacio público. Pero no es menos cierto que la carga simbólica de ese espacio es abrumadora. Allí se representa la barbarie a través del ensalzamiento de unos hechos brutales como fueron los crímenes cometidos en el alzamiento fascista de 1936 y los plomizos años que les siguieron de durísimo régimen franquista.

Existen algunas posiciones que sostienen que solamente con la desaparición del monumento es posible recuperar la dignidad y la memoria democrática e incluso que esa demolición sería una exigencia legal derivada de la normativa en materia de memoria histórica. Otros exigen que el concurso no incluya su posible desaparición, como plantea UPN. Pero la realidad es que, partiendo de la necesidad de recuperar ese espacio para la memoria democrática y el disfrute ciudadano, sigue existiendo una pluralidad de opiniones sobre cómo conseguirlo tanto en el campo memorialista, como en el jurídico, en el artístico, como en el arquitectónico. Y un tratamiento internacional de estos elementos también distinto según momentos y contextos tanto en Alemania, como Italia o el pasado confederado de los EEUU. Así lo pudimos ver en la jornadas del colectivo ZER de hace algo más de un año o en las recientemente organizadas por el Ayuntamiento. Por eso el debate debe ser amplio, profundo, multilateral, con plena libertad de propuesta;y no parece razonable, con todos los respetos, establecer condiciones insalvables de partida. A este respecto y en atención a esa completa libertad de actuación y al más rico nivel de propuestas, el concurso de arquitectura prevé todo el abanico de actuaciones posibles, incluida también y sin límites la eliminación del edificio. Tenemos la plena convicción de que tanto los equipos proyectistas que trabajen con la premisa de eliminar el edificio como quienes quieran transformarlo nos van a aportar buenas propuestas que nos permitirán seguir con un debate realmente apasionante para el futuro de la ciudad y que podría albergar una consulta ciudadana como colofón. Un futuro que ahora está, afortunadamente, en nuestras manos.

El autor es concejal del área de Ciudad Habitable y Vivienda

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