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La violencia o el fin de los machos

Viernes, 30 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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narrativa

LAËTITIA O EL FIN DE LOS HOMBRES

Autor: Ivan Jablonka.

Editorial: Anagrama, 2017.

‘Laëtitia’ reconstruye con vigor ejemplar la Francia conmocionada por la violación y el asesinato de una joven de 18 años a comienzos de 2011

Leamos estos textos, valientes y decididos, para conocer el infierno de quienes no son culpables ni de

Páginas: 419.

dos de las últimas obras presentadas por Anagrama en los últimos meses de 2017 nos trasladan a un pasado reciente caracterizado por la indecencia moral. República luminosa, Premio Herralde de Novela, se enfrenta a determinados acontecimientos acaecidos dos décadas atrás en una localidad tropical diezmada por la injusticia social y su hija mayor, la marginación: “El día que llegué a San Cristóbal, hace hoy veintidós años, yo era un joven funcionario de Asuntos Sociales de Estepí al que acababan de ascender. En el plazo de pocos años había pasado de ser un flaco licenciado en Derecho a ser un hombre recién casado al que la felicidad daba un aire más apuesto del que seguramente habría tenido de forma natural”.

Andrés Barba (que también cuenta con la vuelta a la vida en enero de 2018 de otra de sus obras, La recta intención, para la colección Compactosde la misma editorial) pronto mete en vereda al lector: “Me ofrecieron el puesto porque dos años antes había diseñado en Estepí un programa de integración de comunidades indígenas”. Y Laëtitia, por su parte, reconstruye con vigor ejemplar la Francia conmocionada por la violación y el asesinato de una joven de dieciocho años a comienzos de 2011: el libro de no ficciónde Ivan Jablonka, que tiene mucho de periodismo literario y podemos leerlo gracias a la colaboración del sello barcelonés y Libros del Zorzal para la presente edición, también recupera la viciada atmósfera en la que se ve envuelta la juventud, en este caso la de aquellas ciudades que llenan los periódicos, las revistas y las redes sociales de crímenes cobardes y perturbadores.

El docente Jablonka así lo entiende, cuando asegura que: “El caso Laëtitia oculta una profundidad humana y cierto estado de la sociedad: familias desestructuradas, sufrimientos infantiles mudos, jóvenes que ingresan demasiado pronto en la vida activa, y también el país a comienzos del siglo XXI, la Francia de la pobreza, de las zonas periféricas, de las desigualdades sociales”. En su relato, el autor se sumerge (y sumerge al lector) en las razones y las consecuencias del “epicentro” de una “sociedad en movimiento” pero Laëtitia “no cuenta solo por su muerte. Su vida también nos importa porque la joven es un hecho social. Encarna dos fenómenos más grandes que ella: la vulnerabilidad de los niños y la violencia de género. Cuando Laëtitia tenía tres años, su padre violó a su madre;luego su padre de acogida abusó de su hermana;ella misma no vivió más que dieciocho años”.

Andrés Barba, en República luminosa, tampoco evita las mil y una injusticias reales de nuestra sociedad: “Lo más inquietante de todo no fue que una diputada conservadora propusiera un anteproyecto de ley que suponía un atropello a los derechos más elementales del menor, sino que la propuesta fuera refrendada por el setenta por ciento de la reunión sin el menor pestañeo”. Estos textos, que destapan situaciones de opresión social y violencia sobre los pobres y los desvalidos, demuestran, según Barba, que habíamos “aprendido a hacer cosas con la mano izquierda sin que lo supiera la mano derecha, y al hacerlo no solo nos habíamos dado cuenta de que no nos resultaba tan difícil, sino de algo aún más temible: que no nos sentíamos tan mal al fin y al cabo”.

Tomemos ya en serio dichas reflexiones. “Aprendí términos técnicos -asegura Jablonka en Laëtitia-, expresiones de especialistas, pero me gustaría en lugar de eso dar con lo difuso, lo vago, la propensión al olvido, el sentimiento de impotencia e incomprensión que hay en la mente de un niño, Laëtitia, Jessica, o ese pequeño que todos fuimos”. Leamos estos textos y otros similares, valientes y decididos, para conocer el infierno de quienes no son culpables ni tan siquiera de haber nacido en el hogar equivocado. ¿No es, acaso, algo esencial para lograr una auténtica convivencia?

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