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miguel rasero reinterpreta el cubismo

¿Quién dijo que el bodegón es clásico?


Un reportaje de Paula Etxeberria Cayuela. Fotografía Mikel Saiz - Viernes, 30 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Miguel Rasero posa ante uno de sus cuadros a base de collage y pintura en la Galería Fermín Echauri.

Miguel Rasero posa ante uno de sus cuadros a base de collage y pintura en la Galería Fermín Echauri. (Mikel Saiz)

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  • Miguel Rasero posa ante uno de sus cuadros a base de collage y pintura en la Galería Fermín Echauri.

Si, como él mismo dice, la pintura “en el fondo siempre es autobiográfica”, Miguel Rasero tiene que estar en un buen momento vital;completo, equilibrado, sereno, bello. Como lo son sus bodegones, que irradian sutileza y a la vez plenitud. Belleza estética y contenido histórico, además de, por supuesto, técnica y calidad.

Con todo ello puede conectar el visitante que acuda a la Galería Fermín Echauri (Navas de Tolosa, 13), que acoge hasta el 28 de abril la exposición El bodegón de nuestro tiempodel pintor cordobés afincado en Barcelona. Más de una veintena de cuadros componen un recorrido por un estilo muy personal, que reinterpreta el cubismo renovando un género clave en la historia de la pintura, como es el bodegón, en el que Miguel Rasero (Doña Mencía, Córdoba, 1955) se inició en los 80 y que ahora reinventa a través del collage. De la misma generación que artistas como Miquel Barceló o Jaume Plensa, Rasero vio claro su camino en la pintura pasada la etapa de juventud de los 20 años. Fue cuando tuvo claro que su referente sería Cézanne, junto a otros como la pintura primitiva italiana o los muros pompeyanos. “Entonces empecé a trabajar el bodegón con bastante libertad de criterio y sirviéndome de materiales muy pobres, como el papel y el cartón ondulado, por cuestiones económicas. Una tela en aquella época era una cosa cara...”, dice. Partiendo de Cézanne, el pintor empezó a fraguar lo que ha venido siendo -y sigue siéndolo, hoy- una rica, larga e intensa relación con el bodegón y su historia, mirando hacia atrás para dar pasos adelante. Para renovar el género.

“Y llega un momento en que el papel, que en principio era un soporte para trabajar con acrílico, acaba convirtiéndose casi en la paleta del pintor. Empiezo a teñir papeles, y empiezan mis collages”, explica Miguel Rasero en referencia a las obras que expone ahora en Pamplona, en la que es su tercera muestra individual en la Galería Fermín Echauri. Cuando se le pregunta por qué Cézanne como referente, al pintor se le abre un mundo por respuesta: “Está en el origen del cubismo, de todas las vanguardias, interpreta muy bien el paisaje y el bodegón y de una manera completamente nueva, con lo cual te da mucha libertad para jugar. Te permite entrar en el siglo XX, te abre las puertas para que reinterpretes de nuevo el bodegón. Cézanne es de esos pintores que amplían tu espectro sensitivo, visual, emotivo”, afirma Rasero, a lo largo de cuya trayectoria ha generado series pictóricas muy diferentes entre sí, tanto en temática como en técnica, pertenecientes a “periodos vitales muy distintos”. “La pintura en el fondo siempre es autobiográfica, estés hablando de bodegones o de metafísica;es un reflejo de tu vida en ese momento, de tu estado anímico, emocional, intelectual;unas veces predomina la razón, y tu pintura se vuelve mucho más reflexiva, y otras predomina la emoción. Yo creo que en el caso de los bodegones hay una fusión”, dice.

Nunca ha dejado las naturalezas muertas. “Aunque haya estado siete años metido en otras series, siempre he hecho algún bodegón, para mí es como el descanso del guerrero. El puro placer del pintar, de construir la superficie...”. Los bodegones que presenta ahora al público navarro llegan tras unos años de inmersión en los Desastres de la Guerra de Goya. “Después de ese trabajo, vuelvo de nuevo al género y lo hago de una manera incluso másjoie de vivre, más lúdica, estética, buscando cierta serenidad, buscando la belleza, que está tan mal interpretada en las vanguardias”. Jugando con placer, tal y como se transmite en este trabajo a través de una paleta cromática muy rica, contemporánea, amable;de numerosas sutilezas y una gran libertad desde la cual reinterpreta el cubismo y su análisis geométrico de la realidad. Están Picasso, Braque o Juan Gris en estos cuadros, pero también Caravaggio y otros momentos memorables del bodegón. Laten ahí, pero el pulso vital es el propio de un pintor muy personal, Miguel Rasero, que a través de sus naturalezas muertas nos habla de la historia real de la pintura, y demuestra a todos aquellos que todavía tienen prejuicios ante el género, que el bodegón ni es serio ni es aburrido.

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etiquetas: cultura, bodegon

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