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Música

Eslava siempre

Por Teobaldos - Viernes, 30 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Festival de Música Sacra 2018

Intérpretes: Coro Sinfónico de la Federación Navarra de Coros (director, José Antonio Huarte Azparren). Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Zaragoza (antes Goya). María de los Llanos, soprano. Estíbaliz Ruiz, mezzo. Manuel Gómez Ruiz, tenor. Josu Yeregui, bajo. Juan Luis Martínez, dirección. Programa: Hilarión Eslava: Sinfonía Fantástica. Officium Defunctorum. Liberame Dómine. Programación: Festival de música Sacra del Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 25 de marzo de 2018. Público: lleno el patio de butacas (10 euros). Incidencias: se dedicó el concierto al presidente de la Federación de Coros (Gorricho), que se repone de una enfermedad.

Con el Oficio de Difuntos, se completa la extraordinaria trilogía -con el Miserere y la Misa de Réquiem, de los años anteriores- en torno al canto litúrgico que rodea la muerte, compuesta por el maestro burladés;y, además, el estrambote del precioso Libera Me Domine, también rescatado por el titular del coro, compositor y maestro musicólogo José Antonio Huarte, que ha puesto a disposición del repertorio general unas excelentes ediciones críticas de las obras. El concierto que hoy nos ocupa ha servido, de nuevo, para descubrir una partitura enjundiosa y profunda, interpretada con evidente empuje coral;algo disminuida por un cuarteto solista mejorable;unas estupendas intervenciones orquestales, sobre todo en maderas y metales, y una dirección que sostuvo con eficacia el edificio, pero que, quizás, debiera haber buscado algunos matices más allá del contraste fuerte -piano- (hechos hermosamente), y, a mi juicio, en algunos tramos, fraseos más legato. Después de una corta Sinfonía Fantástica, muy italiana, que sirve más como obertura del concierto, nos adentramos en el Oficio.

Los dos primeros números -Invitatorio y Venite- nos muestran un coro de sonoridad compacta, seguro en las entradas, y, desde luego, exultante en el Exultemos, aunque un poco brusco. El bari-tenorYeregui no acaba de redondear un convincente Quoniam por la voz algo fluctuante e indeterminada de timbre. En el siguiente número, el coro responde bien. El tenor Gómez Ruiz deja pasar una oportunidad de lucimiento en su aria Hodie;es verdad que la obra no da tanto protagonismo a los solistas como el Miserere, por ejemplo, pero sí que se le puede sacar partido. Se muestra muy inseguro, y no alcanza el estilo extravertido, teatral, casi operístico de su parte. La mezzo Estíbaliz Ruiz cumplió con su papel, aunque un poco corta de volumen;el precioso fraseo que le dejó el oboe marcó su intervención;en el dúo con la soprano María de los Llanos destacó la limpia voz de ésta. El Réquiem a cargo del coro alcanzó plenitud sonora en los fuertes, y, en contraste, los matices piano adornaron de tranquilidad la respuesta et lux perpetua. El siguiente número -con una exquisita redondez en el llamamiento de las trompas- es de fuerte imprecación -Pecati-;las voces masculinas del coro se emplean a fondo;casi un poco violentas, pero el texto lo requiere;este fragmento es digno del acto de la Inquisición del Don Carlo de Verdi, o algo así. El cuarteto solista del último número tampoco cuaja una intervención emocionante. Cierra la función el precioso Libera mea cargo del coro: el comienzo es muy hermoso, en la media voz y el matiz piano el conjunto Federación se desarrolla bien;es en los fuertes donde se golpea un poco;por ejemplo en el cuando coeli movendi sunt, aunque, de nuevo la intención del texto les disculpa. La orquesta, como siempre, hace una gran prestación: respeto a las voces y empaque sonoro.

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