Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra

El riesgo de inundación

Por Julen Rekondo - Viernes, 30 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Se repite en innumerables ocasiones que las inundaciones son fenómenos naturales, que siempre han ocurrido, y que no podemos evitarlas. Partimos de una mala situación. Son miles los kilómetros de ríos, estuarios y costas sometidos a elevado riesgo de inundación en la península Ibérica. Es decir territorios, muchas veces muy amplios, donde se producen inundaciones con bastante asiduidad y en las que hay infraestructuras humanas, que pueden sufrir enormes deterioros: cascos urbanos, zonas industriales, infraestructuras viarias, áreas agrícolas, granjas, etcétera.

Navarra no es ajena al fenómeno de las inundaciones. Si escogemos el caso de su capital, por ejemplo, Pamplona y alrededores, como algunas zonas ya urbanizadas, la Rochapea, ciertas áreas de Villava, Huarte y Burlada, etcétera, han venido siendo huertas en las sucesivas distribuciones históricas de la capital, hasta que a finales del siglo XX y principios del XXI se urbanizaron como zonas residenciales. Pero hay que tener en cuenta que esas zonas están ligadas a llanuras de inundación, por lo que se repite el fenómeno de daño por inundación con bastante frecuencia en los últimos años.

En primer lugar, en mi opinión, se debería plantear una estricta moratoria que impida la construcción de nuevos elementos muy vulnerables (viviendas, pabellones industriales, infraestructuras críticas…) en áreas de alto riesgo. Es decir, aprendamos de nuestros errores, algunos de ellos de hace siglos.

No obstante, los municipios navarros tienen cada vez más restricciones para edificar en zonas con riesgo de inundación. Partimos de la directiva europea de 2007 sobre inundaciones y gestión de riesgo de inundación, cuya consecuencia directa es que hay más prohibiciones para edificar en zonas con alto riesgo de inundación, lo que imposibilita planes urbanísticos de expansión en los municipios, que incluso afectan a infraestructuras públicas.

La citada directiva de la CE cambia el enfoque tradicional de lucha contra las inundaciones, que hasta entonces se resumían en la construcción de infraestructuras de defensa, cuando se vio que, además de tener un coste ambiental muy elevado, se habían revelado como insuficientes. Pueden reducir el riesgo, pero no eliminarlo. Con los mapas de riesgo de inundación se pretende aminorar este riesgo en las áreas con mayor probabilidad de sufrirlo.

Siguiendo esta línea de actuación, el Gobierno de Navarra, el pasado 7 de febrero de 2018 aprobó las modificaciones del Plan Especial de Protección Civil ante el riesgo de inundaciones, para adecuar las políticas de protección civil al Real Decreto 903/2010, de 9 de julio, y lograr una política preventiva de protección civil ante inundaciones de un modo rápido, eficaz, eficiente y coordinado entre todas las administraciones con el fin de minimizar las consecuencias. De este modo, se han actualizado las Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPI) y los tramos fluviales con riesgo de inundación, incluyendo mapas de peligrosidad con sus zonas de inundación según la probabilidad alta, baja o media y los mapas de riesgo. Además, se ha actualizado el estudio histórico con las inundaciones acaecidas en Navarra desde 1993 hasta 2015, y se ha adaptado el análisis de inundaciones a los citados mapas de peligrosidad y riesgo.

Pero como decía anteriormente, partimos de una mala situación en la que tenemos viviendas, pabellones industriales, infraestructuras, etcétera en áreas de alto riesgo. Y uno de los retos de cara a reducir el riesgo de inundaciones debe ser a través de una política de prevención, especialmente en las zonas en que este riesgo es mayor, mediante la combinación de diversas medidas.

Una de ellas es que los nuevos asentamientos urbanos y las nuevas infraestructuras deben situarse en zonas seguras. Y en esto tiene mucho que ver la concepción errónea que muchas veces existe de los ríos, en la que no se tiene en cuenta que los ríos son sistemas vivos y dinámicos. Sin crecidas no hay ríos. Los ríos necesitan expansión. Es el momento de optar por una diferente ordenación del territorio, que tenga en cuenta que cada cierto tiempo el río reclama lo que es suyo.

Otra cuestión muy importante es la propia coordinación de las instituciones que tienen competencias en la materia como entidades locales, Gobierno de Navarra y confederaciones hidrográficas;el establecimiento de sistemas de aviso y alerta temprana, y la información clara y precisa a la población, tanto antes (cuando no llueve, de manera que quien está en zona de riesgo sepa qué tiene que hacer y qué no tiene que hacer) como durante los eventos extremos. Esta cuestión ya se viene haciendo, aunque todavía, y pese a que hemos avanzado bastante, tenemos un gran camino por delante a recorrer.

Otro aspecto a considerar en una política de prevención de inundaciones es en las zonas urbanizadas, en aquellas zonas que pueden ser cascos urbanos y polígonos industriales sometidos a alto riesgo de inundación. Sin duda, en estas zonas habrá que adoptar medidas estructurales. Las soluciones de ingeniería clásica que hasta hace muy poco se han adoptado a pesar de que cada zona es diferente y un mundo aparte, se deberán de utilizar cuando no haya otra opción posible, y en todo caso ejecutando la acción correspondiente con el máximo respeto medioambiental, y siempre y cuando se hayan agotado otras posibilidades.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente

Herramientas de Contenido