Música

Día de la música antigua con disco

Por Teobaldos - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

CAPILLA RENACENTISTA MICHAEL NAVARRUS

Sara Agueda, arpa. Daniel Oyarzábal, órgano. David Guindano, dirección. Programa. Tomás Luis de Victoria: Misa Quam Pulchri Sunt y motetes sobre el Cantar de los Cantares. Programación: Ciclo Encantando de la Coral de Cámara de Navarra. Lugar: sala de la muralla del Baluarte. Fecha: 24 de marzo de 2018. Público: lleno (10 euros).

Yen medio de tanto concierto dedicado a la meditación sobre la muerte, propia de Semana Santa, un recorrido por el gozoso Cantar de los Cantares: libro bíblico sobre cuyos textos se han escrito los poemas más hermosos, y se ha compuesto cantidad de música. En una alocución -de cátedra- previa al concierto que nos ocupa, David Guindano, el titular de la velada, abunda en la indudable sensualidad del libro escrito en el siglo cuarto antes de Cristo;de su difícil encaje en la religiosidad judía y cristiana;de los problemas con la censura que acarreó a Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, etcétera, del lenguaje poético que casi lo emparienta con las Mil y una noches;de sus dedicatarios: dos personas casadas;del impacto entre los músicos de todas las épocas, entre ellos Tomás Luis de Victoria, protagonista del concierto, con su misa Quam Pulchri Suntentreverada de motetes sobre el texto citado. La Capilla Renacentista Michael Navarrus se presenta con unas voces equilibradas, bien definidas en sus cuerdas, y diáfanas en el inconmensurable follaje polifónico, donde todo parece entremezclarse. El tempo tomado por el director no es ni lento ni rápido, está alimentado por el propio vaivén de esta música, que forma una especie de alta meseta sonora, de la que, eso sí, nunca hay que bajar, porque si se hace la tensión desfallece. El oyente aprecia que se pasa de la parte -cada voz atacando lo suyo-, al todo, donde el entramado vocal ya tiende a la plenitud;a esos finales, a los que hemos visto crecer poco a poco, sin darnos cuenta, y sin añadidos extraños de regulación. Es la gran polifonía, difícil de sostener por las voces, que deben hacer un gran esfuerzo para no sucumbir al cansancio. Los kyries se van abriendo poco a poco, hasta el último, francamente sonoro y magnífico. Se intercalan con un gregoriano un tanto rudo, lento y medido, que choca con el ondulado y volátil que se suele interpretar;pero, por lo visto era así, “musicólogos dixit”. La fidelidad al estilo, a su solemne austeridad, no está reñida con la expresividad: desbordante, en el final del Vidi Speciosam, por ejemplo. El Sanctus es un poco más tenido de tempo, para contrastar con el regocijante Hosanna. En el Credo, los bajos redondean la subida en escala;y todos ponen el énfasis preciso en el Et Unam Sanctam. El Benedictus se confía a coro reducido -a modo de solistas-. Y en el Agnus, de nuevo, disfrutamos con ese coger fuerza hasta el Pacem final (a pesar de algún despiste). En el Ave María -el que es de verdad de Victoria-, se logra un precioso sonido estático, más sonoro al final. Todo, además, ha quedado grabado en un disco, verdaderamente novedoso, porque esta misa -a estas alturas- estaba sin registrar;o por lo menos yo no la he encontrado ni en la caja de Archiv del Ensembre Plus Ultra, ni en discos sueltos, a excepción de una cita del Crucifixus para vihuela (Carlos Mena, Armonía Mundi). No se la pierdan.

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