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La otra crónica

‘Disconnecting people’

Por Javi Gómez - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Seguro que recuerdan un anuncio de una antigua marca de móviles cuyo lema era connecting people (conectando personas). Éste pareció ser el lema que adquirieron desde Osasuna tras la derrota contra el Zaragoza. La afición, que se enchufa con menos que nada, estaba dispuesta a subirse al carro para empujar en los últimos partidos. En Barcelona las sensaciones parecieron asentarse, aunque no se consolidaron. Pero llegó el día de ayer y todo se desmoronó.

Es cierto que el equipo de Diego Martínez no ayudó lo más mínimo en el día de ayer. No sólo por caer derrotado, sino por la imagen que dio el equipo, especialmente tras la lesión de un Róber Ibáñez que parecía coger el nivel esperado poco a poco.

Tampoco ayudaron las imprecisiones que permitieron, entre otras cosas, que el Tenerife marcase el gol (sin quitarle mérito al posterior zapatazo) de la victoria visitante. Por supuesto, y ya es repetitivo, la ausencia de un plan B cuando el A no funciona. Ayer, Borja Lasso en la segunda parte dio signos de estar con la reserva encendida un buen rato y, pese a que lo intentó, se veía que no podía. Estando Roberto Torres en el banquillo parecía lógico y normal darle aire al sevillano y que el de Arre tuviese algo más de 10 minutos, donde todo quedó reducido a centros laterales que, además, no lograron crear peligro a un Tenerife que se sabía la lección al dedillo.

El equipo no ayudó a conectar con la grada, pero no debería cargar con la culpa de los cambios de objetivo y discurso de otros

Solamente Unai cumplió con nota. Incluso Torró, habitual sostén del equipo, estuvo por debajo de su nivel. Otro mal partido en El Sadar y ya van muchos.

Así que, una vez dicho esto, queda claro que el equipo ayudó a que esa requerida (o recurrente) conexión se diluyera, pero es tremendamente injusto que tanto jugadores como entrenador carguen con los cambios de discurso constantes que se dictan desde otros puestos con mayores responsabilidades que ellos (y no es la junta directiva).

Porque otra cosa no, pero para bien y para mal, Diego apenas ha cambiado su discurso desde que llegó a Pamplona. Pero como el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso ninguno (si no, miren la falta de asunción de culpas en la planificación del Promesas por parte de todos los presentes en ella), el entrenador cargará también con este tema.

Quedan nueve partidos, Osasuna está metido en la pelea de lleno, pero las sensaciones con las que salía todo el mundo ayer de El Sadar eran de tener muy pocas esperanzas.

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