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Juez de línea

Las tres caídas

Por Félix Monreal - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La presión de tres rivales acaba tumbando a Róber.

La presión de tres rivales acaba tumbando a Róber. (Foto: Javier Bergasa/Mikel Saiz)

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La presión de tres rivales acaba tumbando a Róber.

camino del Calvario, la tradición cristiana cuenta que Jesucristo cayó tres veces por la fatiga y el peso de la cruz. Pocas celebraciones hay como la Semana Santa que animen los titulares deportivos: pasión, vía crucis, resurrección... Tópicos, si quieren, pero muy expresivos. Quizá porque el fútbol, en el caso que nos ocupa, permite echar mano de la mística para interpretar hechos mundanos pero cuyo discurrir azota el ánimo de las gentes provocando sensaciones extremas. Como las que ofrece este Osasuna. Por eso, la metáfora de las caídas y el tránsito al calvario entiendo que retrata el momento actual y el desarrollo de la temporada. Y quien sabe si hasta el final. Y me explico.

El primer momento crítico del curso explotó tras la derrota con el Alcorcón (2-3), que remontó para ganar en el tiempo de prolongación. Ese día terminó la racha de Osasuna de doce partidos invicto, tiempo en el que los rojillos lideraron la clasificación durante cuatro jornadas consecutivas. Con la caída llegaron las primeras dudas, la sospecha de que había más ruido que nueces, más puntos que fútbol, más quiero que puedo. Aparecieron los análisis en diferido que, echando la vista atrás, solo encontraban al cabo un buen partido al que agarrase (el del Sporting);crecieron las críticas al discurso del entrenador, a su método y a una obligación por impulso del proyecto de la dirección del club que le empezaba a venir grande. Además, cobró fuerza la sensación de que este equipo era muy vulnerable en su estadio. Osasuna entró en un periodo de dudas sobre su personalidad, la identidad requerida, las alineaciones y la cantera. Los pírricos triunfos a domicilio no aliviaban y eran como poner vinagre en las heridas.

La segunda caída es la más dura por el contraste. En el partido más completo de juego, ambición, personalidad y comunión con la grada, Osasuna sale del campo con una corona de espinas. Perder con el Zaragoza es siempre una pesada cruz que el osasunismo carga hasta la siguiente cita. Los cambios de todo tipo (de sistema, de alineación, de mentalidad...) solo sirven para evocar el credo de un equipo y de un estadio, de los buenos tiempos que parecen ya leyenda, y conjurarse para ser lo que fuimos. De remate, el club reclama a la afición que, como El Cirineo, cargue también sobre su espalda con el peso del proyecto.

La tercera caída, ayer ante el Tenerife, es un anuncio prematuro de rendición. Con 19 puntos entregados en El Sadar, sin capacidad para sostener las buenas sensaciones ofrecidas ante el Zaragoza y en Barcelona, sin soluciones para enfrentar a un rival mejor posicionado, con el eterno problema para rematar a gol, peleados con el balón desde los pies del portero a la cabeza del delantero, sin nadie a quien encomendarse... Los dos puestos de ascenso solo se sostienen como meta por ayuda de las matemáticas: es igual de grande la distancia en puntos como la del fútbol que practica Osasuna y el de sus rivales. Una brecha es profunda como un precipicio. Los puestos de play offtambién comienzan a ser más selectivos por arriba (tercero y cuarto) y con mayor número de pretendientes por abajo. Entrenador y jugadores podrán apelar a los puntos que quedan, a los tropiezos frecuentes de otros favoritos, pero es difícil creer cuando los hechos son tan tozudos, las promesas tan huecas y la clasificación tan esclarecedora. Quien sepa y tenga ganas, que rece.

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