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Osasuna se tambalea en casa

SEGUNDA DERROTA SEGUIDA EN EL SADAR | Los rojillos compiten en el primer tiempo, pero se desmoronan tras el gol del Tenerife en el segundo, que gana y complica un poco más la lucha por el ascenso

Javier Saldise - Javier Bergasa/Mikel Saiz - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Quique, en una ocasión en el segundo tiempo a la media vuelta.VER VÍDEOReproducir img

Quique, en una ocasión en el segundo tiempo a la media vuelta.

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pamplona- Osasuna ha perdido la brújula en los partidos en El Sadar y más allá que un descuido, que un problema sin resolver, se está convirtiendo en uno -otro- de los factores principales para que la lucha por el ascenso se esté convirtiendo en un trabajo colosal al que, ahora mismo, no se ve final feliz. El campeonato ya no se anda por las ramas, circulando por esos encuentros con responsabilidad periférica, y cada jornada que se tropiece pasa una pesada factura. Ayer, en otro encuentro con versiones distintas de un mismo equipo, Osasuna se dejó arrebatar los tres puntos por un rival con las ideas más claras y también más rotundo en su juego.

El conjunto de Diego Martínez supo competir la primera mitad ante un Tenerife guerrero y atrevido, pero se sintió sin poderío ni argumentos para reaccionar tras recibir un gol en contra a los diez minutos de la reanudación. En otro encuentro también con una bajísima producción ofensiva -un tiro entre los tres palos-, por añadidura Osasuna tampoco pudo exponer un ahínco o una insistencia con los que soñar con algún tipo de interferencia en el marcador en contra.

Aún con la regularidad como salvoconducto innegable para pelear por el máximo objetivo, este tramo de la competición todavía exige más y Osasuna, en este terreno donde no caben las concesiones, no acaba de encontrar ni su juego -a pesar de las algunas aceptables sensaciones de los encuentros con Zaragoza y Barcelona B-, ni una cadencia de resultados suficientes como para mantenerse como uno de los aspirantes con galones en la pugna por el ascenso. El proyecto para el regreso a Primera se tambalea, aunque los puntos que quedan por repartirse (27) también podrían pintar un escenario distinto si media una reacción de altura. Hoy mismo, la mueca es la de la decepción.

Por encima de consideraciones más o menos sesudas o apelaciones al osasunismo, los rojillos debían arramplar con los tres puntos para iniciar una racha venturosa en el tramo final de diez partidos que comenzaba ayer, pero no salieron los planes ni tomaron cuerpo los mejores anhelos. En un encuentro con palpables exigencias, Osasuna y Tenerife se enredaron en el primer acto en una pugna a pecho descubierto, equipos más o menos valientes los dos, con idas y venidas, pero sin ocasiones para marcar. Aparentemente, quisieron también primar las demostraciones de carácter más que las alegrías en ataque y ello redundó en un duelo trabado, con centros pero sin remates, pero también animado e intenso.

El Tenerife se mostró en El Sadar como un equipo ordenado, ambicioso, con la presión muy alta, atento a las pugnas individuales y a las segundas disputas. La mano del entrenador, Joseba Etxeberria, sin lugar a dudas le ha inoculado ese aspecto rocoso y nada agradable que le ha transformado en otro candidato a la gloria, rival directo de Osasuna.

Diego Martínez, que tiró con una alineación más o menos prevista -la presencia de Javi Flaño en el lateral izquierdo fue la principal novedad-, se vio obligado a reformar su apuesta inicial por la lesión de Róber Ibáñez, al final del primer tiempo. Su sustituto, Sebas Coris, firmó el primer disparo entre los tres palos de los dos contendientes a los seis minutos de la reanudación. Fue el aperitivo a los minutos fatales de Osasuna.

Bryan Acosta probó los reflejos de Herrera un minuto más tarde y, cuando las manecillas estaban en los diez minutos, un zambombazo del centrocampista fue demasiado para el meta, que nada pudo hacer ante el misil en diagonal de una esquina del área a la otra punta de la portería.

El atrevimiento del Tenerife le premiaba con el gol en su segundo lanzamiento entre los tres palos -nada que ver con la falta de puntería rojilla-, mientras que Osasuna pasó al plan B. Xisco saltó al campo, la defensa pasó a tres jugadores y, a pesar del nuevo dibujo y las ansias que ello conllevaba, el aturdimiento tardó en abandonar al equipo. No hubo más remates a puerta y lo mejor fue una intentona de Quique a la media vuelta y un disparo desviado de Borja Lasso desde el borde del área que tampoco fue entre los tres palos.

Con menos apuros que otros equipos, a pesar de que Osasuna pisó el acelerador en algunas jugadas, el Tenerife fue despachando el encuentro sin encerrarse ni olvidarse del todo de la portería de Sergio. Con la segunda derrota consecutiva en El Sadar atronando en la cabeza, los jugadores se marcharon. Osasuna se tambalea, se descuelga. No hay más, tampoco queda mucho.