Música

Gloriosa acústica itinerante

Por Teobaldos - Martes, 3 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Concierto de la capilla de música de la catedral de pamplona

Intérpretes: Capilla de Música de la Catedral de Pamplona. Solistas: Juan de la Rubia, órgano principal;Julián Ayesa, organista acompañante;Carlos Fructuoso, chelo;Francisco Fernández, contrabajo;Marta Ciriza, mezzosoprano. Dirección: Aurelio Sagaseta, maestro de Capilla. Programa: obras de Gallus, Casals, Escaregui, Victoria, J.S.Bach, J. Michel Bach y anónimos gregorianos;improvisaciones de Juan de la Rubia. Programación: Festival de música sacra del Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Catedral de Pamplona. Fecha: 26 de marzo de 2018. Público: lleno (gratis).

No era especialmente novedoso el programa presentado por la Capilla de Música, ya se lo habíamos escuchado en otras ocasiones, sin embargo, este recorrido por los rincones catedralicios y el siempre majestuoso órgano bien tocado han propiciado uno de los conciertos más bonitos -visual y acústicamente- de su ya larga carrera. En esta ocasión, la música se pone al servicio del lugar -el Locus iste del salmista- y exalta aún más su magnificencia. En estos tiempos de acústicas raras y megafónicas, comprobar el buen funcionamiento para la voz de la sabia articulación arquitectónica de arcos ojivales, naves alargadas y ondulantes girolas, fue una verdadera delicia. Las voces, la música adquieren, en el recorrido -y sea en el rincón que sea- una presencia absolutamente cercana para el oyente, y mucho más espiritual, al percibirse envolvente y como venida del cielo. La Capilla de Música cantó muy bien todo su repertorio;son voces consolidadas, maestro incombustible y con partituras adecuadas a su estilo. Ya desde el comienzo del concierto, salta la sorpresa: un Stabat Mater corre por el aire sin saberse de dónde viene;es la entrada procesional desde el trascoro;es espectacular la distribución tan simétrica que la catedral hace del sonido. El coro suena empastado, llega bien al oyente su amplificación no tanto de volumen -siempre el adecuado-, cuanto de cercanía. Y esa va a ser la sensación durante toda la velada. Siempre la música lo primero, antes que los intérpretes. Todo, además, en una tensión estética que nunca decayó. Con una sonoridad dramática en la obra de Casals, conseguida desde la entrada del chelo, y el buen acompañamiento de Julián Ayesa al órgano portátil;con unos tenores luminosos en Bach;con unos preciosos matices en pianísimo de todo el coro en Unser Lieben,etcétera. Solo sobró la incursión del micrófono en la solista Marta Ciriza -quizás por error-. Era la fiesta de la acústica sin artilugios.

El otro gran acierto del planteamiento del concierto fue la de contar con el titular de la consola de La Sagrada Familia de Barcelona, para hacer los comentarios improvisados -si es que se puede hablar de improvisar a tales niveles- a lo que cantaba el coro. En este aspecto, De la Rubia nos ofreció unas variaciones muy comprensibles en algunos comentarios, pero alejadas del tema, en otros. Así, fue precioso el registro lleno y el tema poderoso en el pedal, de Stabat Mater;también el entramado polifónico trasladado al órgano de T.L. de Victoria, como el coro. Entendí menos la deriva -preciosa por otra parte- hacia sonidos, a lo Messiaen, del comentario de Casals, aunque me encantó que el órgano comenzara con una registración que copiaba exactamente la sonoridad que dejó el coro. Bach, por supuesto, impecable;pero, también me hubiera gustado una variación original del propio organista sobre el conocido tema del Adorote Debote. El público agradeció la experiencia, se notaba en el ambiente -llena la catedral- que se apropiaban, como nunca, del espacio gótico.

Últimas Noticias Multimedia