Bailando con lobos, el cercano Oeste

Patxi Galera Muñoz - Martes, 3 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Siguiendo con la temática del Oeste, yo era un adolescente de 15 años que jugaba mal al fútbol (como casi todos).

En mi pueblo se podía jugar al fútbol pues había campo, aprender piano y solfeo (bastante aburrido) y bailar danzas populares.

Me ofrecieron, ante la escasez de chicos, entrar a bailar, y cuál fue mi sorpresa que me gustó y llegó a dárseme bastante bien. Por fin, había encontrado algo que me gustaba y se me daba bien. Tenía una afición y un aliciente todas las semanas, una ilusión. La alternativa era hacer el kinki, robar en las huertas, romper cristales... En fin, el mal camino y, seguramente con el tiempo, caer en alguna dependencia a las drogas para llenar ese vacío y ese aburrimiento. Tener una afición y una ilusión me hizo no caer en eso.

Pero cuál fue mi desagradable sorpresa que bailar jotas y purrusaldas se acabó convirtiendo en algo subversivo y hubo quien empezó a verlo con malos ojos.

Con los años me dio por pintar flores. En jarras, sueltas, sobre piedras. No sé qué puede tener eso de subversivo pero me cayó la del pulpo.

En un momento dado, todo puede ser subversivo, todo puede ser terrorismo...

Amigos de la jota navarra, cuidado con lo que cantan, que algunas jotas tienen mucha retranca...

Pásense a los bailes latinos para internacionalizar el problema, así, tal vez se diluya...