Una vida entre tradición

Aitor Calleja tiene 31 años y desde los 16 crea y restaura gigantes en su taller, en Marcaláin, de donde han salido más de 70 figuras

Laura Garde | Patxi Cascante - Martes, 3 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Aitor Calleja, junto a la Latina, Alfonso VI y Manuela Malasaña, tres gigantes de Madrid restaurados que entregó la semana pasada.

Aitor Calleja, junto a la Latina, Alfonso VI y Manuela Malasaña, tres gigantes de Madrid restaurados que entregó la semana pasada. (PATXI CASCANTE)

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Aitor Calleja, junto a la Latina, Alfonso VI y Manuela Malasaña, tres gigantes de Madrid restaurados que entregó la semana pasada.

marcaláin- Con tan solo 16 años supo combinar a la perfección sus dos pasiones para empezar a trabajar en su pequeño taller y llegar a convertir los gigantes en su vida. Ahora, con 31, su casa (en Marcaláin) se ha transformado en el espacio donde han nacido y renacido más de 70 figuras. “Desde pequeño me gustaban mucho los gigantes y las manualidades. Tuve suerte de poder combinar ambas cosas”, dice Aitor Calleja. Estudiaba Ebanistería artística cuando recibió el primer encargo del Ayuntamiento de Valtierra. Sin duda, fue su oportunidad para darse a conocer: “Hasta entonces, solo había tocado la restauración y pude demostrar lo que era capaz hacer”.

Sus creaciones no se han quedado en Valtierra, Beriáin, Lodosa, Aoiz, Fitero o Tudela -entre otras localidades navarras-;han saltado también a municipios riojanos, catalanes o madrileños, como Alfaro, Igualada, Vilafranca del Penedès o Pozuelo de Alarcón. Su temporada en el taller termina en octubre y comienza en noviembre. Con “casi todo” entregado para junio, trabaja junto a Mikel Eraso;y en “temporada alta”, como lo es ahora, cuentan con la ayuda de Laura Eraso.

Sin un boceto, Aitor no puede poner el marcha el proceso de construcción. Él es también el encargado de diseñarlo: “En el boceto se plasma la idea. Es una manera de que lo vea el cliente y saber si está conforme. Tiene que dar el visto bueno a lo que se va a hacer”, explica. El segundo paso es el modelado en arcilla, la escultura tanto de las cabezas como de las manos: “Para las manos tenemos varios moldes. Vamos cambiando modelos para jugar y encajar el más adecuado para cada figura. No las hacemos exclusivas para cada gigante”. De la misma manera, los cuerpos tienen distintos modelos. Lo que los diferencia del resto de las partes es el material con el que están hechos. Son de poliéster y fibra de vidrio, y sin embargo, las cabezas y las manos suelen estar moldeadas, por lo general, con la técnica tradicional del cartón. “Hay quien lo pide todo de fibra porque se cree que pesa menos que el cartón, y no es del todo cierto”, asegura el artista.

Muchos de los gigantes representan personajes históricos, por lo que tiene la oportunidad de inspirarse en retratos: “Estamos preparando cuatro para Viana. Entre ellos se encuentran César Borgia y Sancho El Fuerte. En ambos casos hay imágenes con las que me puedo guiar”. Las figuras se completan con la pintura y los trajes. El óleo es la materia prima para la primera. De la segunda tiene parte de la responsabilidad El Costurero de Ana, ubicado en Zizur: “Yo los diseño y elijo las telas y Ana los confecciona”.

Para Aitor, lo más laborioso son las manos: “Son muchas piezas que hay que unir sin que se note. Tienen muchos recovecos, las arrugas, las uñas... Hace falta mucho más tiempo para lijar, marcar los detalles y pintarlas, porque llevan muchos colores y sombras”.

El proceso de restauración es “diferente” y, en ocasiones, más “difícil” que el de creación: “Lo que creo es obra mía, hago lo que tengo en mente y sé qué pasos tengo que dar y cómo van a resultar. Sin embargo, cuando voy a restaurar una figura, antes de quitarle la pintura, no sé qué me voy a encontrar, si va a tener golpes, si le han puesto parches...”.

Aitor siempre ha querido recuperar la imagen antigua y barroca de los primeros gigantes. Su sueño es materializar sus ideas en unos gigantes “a su gusto”: “Antes se parecían más a una imagen religiosa, a un santo, que a un muñeco. Eran tallas de madera, llevaban ojos de cristal, pelucas... De esto a lo que conocemos hoy, hay un abismo”. De hecho, aunque sabe que hoy en día este arquetipo “no gusta”, intenta que a la hora de modelar y pintar, sus figuras sean “más clásicas”.

paciencia y arteEn el taller no dan tregua, y cuando no tienen un gigante entre manos, trabajan otros encargos: “El viernes presentamos en Tudela una escenografía para la Pasión viviente. Hemos hecho también, entre otras cosas, el Olentzero del Palacio de Navarra”.

En su “poco” tiempo libre, Aitor toca el tambor con los gigantes de Ezpelur: “Si no estoy haciéndolos, estoy detrás de ellos”, dice entre risas. Sus aficiones marcaron su trayectoria y la paciencia y la visión artística le han permitido llegar hasta aquí: “Al principio no pensaba que pudiese convertirse en un negocio. Ahora, los gigantes son mi vida y no me imagino haciendo otra cosa”.