El farolito

Dios

Por F.L. Chivite - Miércoles, 4 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

estos días he estado pensando en Dios. Con tanta procesión y tanto vía crucis es normal, supongo. Desde luego, si lo que pretendían era eso, hacernos pensar en Dios, conmigo lo han conseguido. De todas formas, el hecho de que Dios muera y luego resucite me sigue resultando raro. No lo pillo. ¿Cómo puede estar Dios muerto durante tres días? Cuando era pequeño, este engorroso misterio teológico me tenía en ascuas. Me imaginaba un universo sin gobierno, girando enloquecido a merced de Lucifer. En aquella época Dios era una figura imponente cuya presencia en nuestros cerebros resultaba insoslayable y sobrecogedora. Ahora Dios ha cambiado mucho. Ya no es el que era. La sociedad cambia y Dios también. Dios siempre ha sido discreto. Quizá demasiado. Quizá hasta algo taimado. ¿Por qué le interesará tanto que dudemos de Él? No lo sé, claro. Pero siempre he fantaseado con la posibilidad de que algún día nos diera la sorpresa saliendo de su escondite. ¿Os lo imagináis? Verle ahí de repente, sobre el cielo de París y oírle decir: “De acuerdo, pequeños miserables, seres sucios y ruines, dejad de pelear por mí, aquí me tenéis, esto es lo que hay: basta ya de dudas y engaños”. Solucionaría algunos problemas. En fin, supongo que si no lo hace, sus razones tendrá. No está claro cómo actúa Dios en el mundo. Ni siquiera podemos estar seguros de que actúe de algún modo. Ahora bien, los que dicen actuar en su nombre pueden llegar ser aterradores. De todas formas, a mí me parece bien que se crea en utopías y en cosas maravillosas y consoladoras mientras nos ayuden a vivir. Las ficciones funcionan: son bellas y a menudo nos salvan. Al fin y al cabo, si algo nos define es eso: las tres o cuatro bonitas ficciones a las que hemos decidido ser fieles a pesar de las incoherencias. Porque, ¿qué clase de bichos seríamos sin la encantadora suspensión de la incredulidad?

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