El sitio de mi recreo

Política de procesión

Por Víctor Goñi - Miércoles, 4 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

resuenan todavía los ecos de El novio de la muerte entonado al alimón por cuatro ministros -cuatro- con motivo del traslado por la Legión del Cristo de Mena. El despliegue gubernamental no generaría ninguna controversia si los cuatro miembros del Gabinete de Rajoy hubieran acudido a título particular, lo que no sucedió porque todos ellos ocuparon un lugar distinguido, tan preferente como la primera fila en un acto de lo más concurrido. Nos encontramos entonces con un Gobierno colegiadamente devoto que, además de personarse con pompas y boatos en las procesiones, decreta un luto oficial por el ajusticiamiento de Jesucristo materializado en banderas a media asta en desempeño de la regencia de un Estado que se dice aconfesional en el artículo 16 de su Constitución. Por consiguiente, se trata de un Ejecutivo que convierte las legítimas y respetables creencias de sus integrantes en acción gubernativa, vinculando el ejercicio público de representación colectiva a una fe en concreto, lo que constituye una supina aberración intelectual. Sin embargo, las contradicciones no quedan ahí, ya que tan aparatosa exhibición de puritanismo se traduce en burdo cinismo cuando se pervierte la Semana Santa por interés partidario, aunque como maniobra de despiste se apele a las costumbres religiosas con mayor penetración social. Pues tamaña ostentación consciente de beatería institucional obedece al notorio afán de fidelizar al electorado más tradicional ante la creciente fuga de sufragio a Ciudadanos que detectan todos los sondeos de opinión. Un sumidero que taponar con más guiños dirigidos al voto católico militante que los ya habituales de la ministra Báñez encomendándose a la Virgen del Rocío para la mejora de la economía o las recurrentes distinciones de los ministros del Interior sucesivos a santas y cofradías dignas a su juicio de medallas por méritos policiales de lo más diverso. Todas estas evidencias acreditan cómo para el PP la religión católica resulta un anzuelo tan primordial en su caladero de votos que todas sus leyes educativas pretenden blindarla con carácter de asignatura confesional.