París-Roubaix, el infierno del norte

POR DAVID HERMOSO DE MENDOZA (BIOMECÁNICO Y EXPERTO EN CICLISMO) - Viernes, 6 de Abril de 2018 - Actualizado a las 15:12h

París-Roubaix, la leyenda del duro deporte del ciclismo.

París-Roubaix, la leyenda del duro deporte del ciclismo. (@Paris_Roubaix)

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París-Roubaix, la leyenda del duro deporte del ciclismo.París-Roubaix, la leyenda del duro deporte del ciclismo.David Hermoso de Mendoza, biomecánico de YouNextBike Pamplona.

PAMPLONA. Entrada ya la primavera y con el sabor dulce que nos dejó el fin de semana el Tour de Flandes, este domingo dará comienzo la clásica más 'extrema', la clásica del 'horror'. No hay otra carrera como la París-Roubaix en el ciclismo profesional, y eso los corredores potentes lo saben: se preparan para el 'infierno' casi desde finales del año anterior.

El desafío no solo está en lo físico, también entre lo mental y emocional. Los ciclistas que aman estas carreras están preparados para cualquier situación, y cuanto más extrema más se crecen. Saben que con mal tiempo el 75 % del pelotón está eliminado ya de salida.

Hay muchas otras clásicas que superan los 250 kilómetros, muchas otras grandes clásicas por toda Europa y otras muchas con adoquines, pero ninguna es tan exigente como la París-Roubaix, una ruta que ha dado pie a innumerables batallas. La leyenda de esta carrera se ha escrito y se escribirá mil veces, no hay edición en la que no se escriban las palabras infierno, odisea, épica, leyenda o mito, así que este domingo volveremos a vibrar con esta terrorífica y bellísima locura.


La París-Roubaix es totalmente diferente a las demás clásicas del pavés. Aquí la dificultad de los adoquines es máxima a diferencia del Tour de Flandes o Gante Wevelgem. Aquí los sectores de adoquines son en llano, y casi siempre en muy mal estado y de forma siempre muy irregular. Esto quiere decir que aparte de tener piernas tienes que tener unas habilidades superiores para sortear cada uno de los baches, agujeros, resaltes y tramos de tierra, siempre y cuando las condiciones climatológicas sean óptimas, porque de lo contrario los sectores de pavés se convierten en un festival ingobernable.


Los corredores menos habituados a este tipo de piso se encuentran los primeros sectores de pavés y creen haber vencido, pero cuando llegan a los siguientes, la tortura comienza y cada tramo se convierte en un drama. Así sucesivamente hasta caer rápido de las ilusiones y no volver a levantarse viendo la carrera marchar.

Un total de 29 sectores de pavés que suman nada más y nada menos que 54.5 kilómetros, aproximadamente una quinta parte del total de la carrera. Los primeros 93 kilómetros no cuentan con ningún sector de ladrillo, por lo tanto es un momento bueno para buscar una buena escapada y hacer kilómetros sin tanto estrés y peligro. Después de pasar tres sectores de pavés para abrir un poco el apetito, el primer escollo es Saint-Python, un tramo exigente de 3.7 kilómetros y de categoría cuatro sobre cinco que es lo máximo. Aquí la carrera aún va en estado de espera, pero para los corredores no habituados es como una gran batalla que superar y no resultar dañado.

Entre los kilómetros 106 y 140 hay cuatro sectores de categoría dos y tres hasta llegar al sector de Maing-Monchaux, donde empiezan los nervios para ir en busca de dos tramos que parten el pelotón en dos o en tres como son Haveluy-Wallers de 2.5kilometros, de cuarta categoría, y el famoso bosque d´Arenberg, de 2.4 kilómetros de máxima categoría. Cuando realicé la París-Roubaix en 2007 este tramo me pareció brutal, no había sentido algo así nunca encima de la bicicleta. Era prácticamente imposible sujetar el manillar, y la bici parecía que iba partirse en mil pedazos, una sensación única sobre una bici de carretera. Aquí la ruta ya empieza a ser un calvario, y cada tramo de pavés va dejando 'cadáveres' por las cunetas.

Después de este tramo parece que llega algo de normalidad, pero no es así. En la París-Roubaix no hay tranquilidad a estas alturas.

Desde el kilómetro 153 hasta el 208 los sectores son casi todos de cuatro y cinco estrellas, momento impresionante para el espectador. Posiblemente la carrera está dinamitada y la cabeza serán pequeños grupos en busca de la gran hazaña. Cualquier mini sector de pavés es aquí una tortura, y si aún no hay nada decidido sonarán los tambores de guerra en el kilómetro 237 sobre el sector Camphin-en-pévéle, de 1.8 kilómetros, cuarta categoría, y tres kilómetros mas adelante un tramo cinco estrellas como es el Carrefour de l´Arbre, de 2.1kilometros.

Da la sensación últimamente de que el corredor o corredores que apuesten por una aventura en solitario puede llegar a su fin victoriosos. Veremos quién rompe la hegemonía mostrada por el conjunto Quick-Sept, equipo muy estructurado con corredores por y para las clásicas de primavera, como Gilbert, Stybar y Niki Trepstra, actual ganador de Flandes.

Contra la escuadra belga estarán Peter Sagan, Van Avermaet, Van Aert, Vanmarcke, Boasson Hagen y el joven Mads Pedersen entre otros.

Las puertas del velódromo estarán abiertas para uno de ellos, una especie de paraíso después del infierno terrestre, un momento de una intensidad emocional jamás sentida y donde solo unos pocos han podido alzar los brazos.

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