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La última revolución posible

Por Natxo Barberena - Viernes, 6 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Pasados los ecos de la exitosa manifestación feminista del 8 de marzo, hay que poner en relieve el enfoque tan novedoso y llamativo de la convocatoria. Convocatoria que sacó a las calles y plazas de toda España a las mujeres que podían acudir en nombre propio y en representación del resto de mujeres que no pudieron. Todo un soplo de aire fresco, ver a diferentes generaciones de mujeres luchando por sus derechos, exigiendo ya la equiparación total con los hombres, resultó impresionante y toda una lección de cómo hay que hacer las cosas bien.

Porque señores y señoras, esto que viene de lejos es una auténtica revolución. Todas las revoluciones pasadas consistieron en destronar al déspota, asaltar palacios y bastillas derramando mucha sangre (de hecho, se dice que no hay revolución sin violencia) para facilitar un nuevo gobierno. Revolución que hacía el pueblo llano pero que poco le cambiaba al pueblo. Nuevos gestores, nuevos burócratas, nuevos aprovechados que hacían cambios para que no cambiara nada en el fondo. La que se plantea aquí, la revolución feminista, es una revolución silenciosa, es decir sin uso de la violencia. Esta revolución se juega en dos planos simultáneos: cambio de leyes que generen igualdad esté el gobierno que esté al mando, y el otro plano es el verdaderamente novedoso, la revolución de lo íntimo. Cambiar conductas de convivencia porque eso sí hará llegar el cambio al pueblo, a la base que pelea y demanda otra sociedad posible.

Esta revolución llamada feminista está cambiando sustancialmente, entre otras cosas, lo siguiente:

-La manera de entender las relaciones personales establecidas por iniciativa propia.

-Ha puesto en valor conceptos como compartir las tareas, la solidaridad entre iguales, la cooperación a la hora de enfrentarse a cambios sociales.

- Ha peleado por la equidad en las cargas, en las responsabilidades y en las pagas.

-Ha resaltado el valor de la individualidad y de la diversidad liberando a la mujer de la unión indiscutible con el hombre y del sometimiento de la sociedad patriarcal.

-Ha traído, así mismo, la liberación del hombre de su rol de masculinidad dominante hetero como avasallador en la esfera pública y en el ámbito privado.

-Ha traído la liberación sexual, entendiendo ya la sexualidad como placentera independientemente de la reproducción.

-Ha roto con el enamoramiento romántico, ciego por construcción cultural y el casamiento por intereses familiares. Las relaciones de pareja se entienden ahora como un amor sincero basado en el conocimiento de la otra persona.

-Ha traído la apertura de mentes y la integración y normalización de lo LGTBI

No es poco, pensemos en la sociedad que tenían nuestras madres para ver lo asfixiante de aquella época y el avance que se ha conseguido. Pero realmente, para que sea un cambio revolucionario, no solo hay que defender la igualdad en nuestra clase social, la clase media aburguesada donde la estabilidad y la comodidad son la norma, sino que hay que lograrla también en las clases más precarias, las más vulnerables. Es ahí donde la mujer sufre mayor presión. Un entorno familiar que, sintiendo la impotencia del desempleo o la inseguridad de un empleo cuando lo tienen, vive en continua angustia. Ésta lleva al temor y éste a la incapacidad y ambos al uso de la violencia como forma de solucionar lo que creen que es una salida imposible. Porque si no entendemos esta revolución como de justicia social, de lucha de mejora de las clases más humildes, no llegaremos allí donde más lo necesitan y enquistaremos el problema del machismo siendo las paganas las mujeres pobres. Este sistema capitalista neoliberal está haciendo estragos en las capas sociales más pobres y es el responsable de que la riqueza siga aumentando en ciertas clases privilegiadas. No son tan diferentes los privilegios de los hombres frente a las mujeres de los privilegios de unas clases frente a otras. La coherencia nos invita a pelear en los dos planos, la eliminación de los privilegios de los hombres frente a las mujeres y la eliminación de los privilegios por el mero hecho de pertenecer a una clase social.

Quizás es hora de un salto aún mayor en este movimiento revolucionario que anuncia que estamos en la cuarta ola feminista. Hay que poner en valor aquellos modelos concretos de convivencia basados en el respeto, en el reparto de tareas y cuidados, resaltando los beneficios de tal modelo relacional en contraposición del tradicional donde la mujer carga con todo o desproporcionalmente con casi todo. Hay que ser valientes, y tal y como se hizo con el racismo, hay que legislar ya en contra de las actitudes machistas y de los privilegios per se. ¿Y si pensamos en abolir el patriarcado de tal manera que el machismo sea punible? ¿Y si creamos otro modelo de relación social de manera que se limite la riqueza repartiéndola entre toda la sociedad y se ponga fin a la pobreza?

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