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Música

El sonido del delfín

Por Teobaldos - Domingo, 8 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto de la osn

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Navarra. Solista: Akiko Suwanai, violín. Dirección: José Miguel Pérez Sierra, dirección. Programa: Obras de Respighi, Los Pájaros;Mozart, Concierto para violín y orquesta número 3;Borodín, Sinfonía 2. Programación: ciclo de la orquesta. Fecha: 5 de abril de 2018. Lugar: sala principal del Baluarte. Público: Tres cuartos de entrada. Incidencias: Pérez Sierra sustituyó al director anunciado Toshiyuki Kamioka.

El escritor y premio Príncipe de Viana de la cultura Ramón Andrés recrea, con auténtica reverencia, el ambiente que debía respirarse en un antiguo taller de luthier: de fondo, un aroma de lo que fue bosque, un olor traído, a veces, de muy lejos;culto por las maderas a las que la música hará hablar: el arce, que disipaba el mal, el nogal, árbol de espíritus, el pino, el cedro de Chipre o del Líbano, el ciprés de Goa;el almendro, el brezo, el boj, el haya, el roble, etc. Cada uno, el apropiado para la resonancia de la caja y sus ensamblajes;y el pernambuco, el palo de serpiente, o la massaranduba de Brasil, para fabricar los arcos;y “cien crines, por lo menos” de caballos de alta montaña o de Mongolia, para las cerdas. Y, para las cuerdas, tripas de cabra, cordero o carnero. Todo para lograr el sonido perfecto, que debe ser grande, penetrante, hondo, rápido, matizado, luminoso, atractivo, bellísimo, mágico. El violín Stradivarius Delfínde 1714, en las manos de nuestra protagonista de hoy, Akiko Suwanai, goza, sin duda, de todas esas virtudes;y, por supuesto del misterio del luthier de Cremona, donde, por los visto, hasta el agua del arroyo, contiguo la taller, influía en su sonido. Suwanai nos ofreció, efectivamente, un sonido excepcional;amplio volumen, siempre con calidad y hermosura, timbre incisivo pero nunca chillón ni áspero, delicadeza extrema, en todos los recorridos de la partitura, y serenidad y transparencia de fraseo, donde ni la afinación, ni las exigencias técnicas le suponen ningún problema. A mi juicio, ella fue la que salvó la versión del precioso concierto para violín y orquesta número tres de Mozart;porque la orquesta -sin que cometiera infracciones reseñables- anduvo en otra sonoridad. Incluso, me atrevo a decir que, la solista, no estuvo cómoda ni con el tempo, en algunos tramos, en los que se hubiera recreado en matizar más tranquilamente fraseos e intensidades. Por otra parte al planteamiento sutil de los temas por la violinista, la orquesta respondía un tanto gruesa, no fuerte, pero un punto pesada. En la propina (Bach), Akiko dio una lección de dominio de las dobles cuerdas, de la belleza de los graves del instrumento, de su extrema valía.

Comenzó el concierto con la arcaizante pieza deLos Pájaros de Respighi: una entretenida descripción orquestal de diversos sonidos, perfectamente reconocibles y muy bien reproducidos por el oboe, clarinete, trompa, etcétera, y solistas.

Cerró la velada la Segunda Sinfonía de Borodin, con un comienzo orquestal francamente admirable: qué grosor de sonido consiguió la cuerda;a partir del cual se nos introdujo en el mundo ruso de la sinfonía, en su poderosa orquestación, en el deleite de sus melodías. Lo cierto es que la orquesta parece multiplicarse en todo, en estas obras épicas. Sus matices en fuerte están empastados y sorprenden. Pérez Sierra comenzó muy bien su versión, sin prisa con la sonoridad, para que permanezca el dramatismo;al final aceleró las cosas quitándole cierto empaque, o, haciendo una versión más liviana de las danzas, lo que tampoco queda mal.

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