Carta a la barbacoa

Daniel Ezpeleta - Domingo, 8 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Alrededor del fuego se reúne la cuadrilla para comer y beber, para compartir las buenas nuevas y las malas. La virtud de las brasas sobrevive a cualquier ser.

En el repaso de noticias, la cuadrilla pasa la política, la religión y el fútbol como por encima de las brasas, aburridos de tanta necedad y desatino. Poco más tarde de la ingesta de morcilla, chorizo, carne, pescado y lo que haga falta, con las bebidas espirituosas se abre el espíritu en flor y cada cual deja surgir el aroma de su pena o alegría a compartir. Es el momento mágico donde la risa, sobre todo, se hace dueña del tiempo y de las miradas, de las preguntas y respuestas. Es el momento de sacar la buena respuesta del estómago a coces. Y de la música de la amistad nacen los secretos y contentos del corazón. La brasa se va durmiendo en cenizas como las horas en la noche, las botellas se acaban, los cigarrillos también y el abrazo de las sábanas limpias te reclama. Mientras la primavera crece y crece en el bosque y en el prado y a más de uno lo despiertan en la playa o en el sofá. El mundo cruel, traidor, vengativo y embustero sigue ahí, pero nosotros, los amigos, lo esquivamos esta noche con pecho noble y generoso y en ese lugar apacible dejamos acabar la lumbre en brasa;y la brasa en beso.

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