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Sabor de leyenda con aroma local

Los mendavieses Aroa y Sebastián Martínez consiguen el oro en un prestigioso concurso de cerveza artesana con Kondaira, que apuesta por productos navarros

Virginia Urieta | Unai Beroiz - Domingo, 8 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Sebastián y Aroa Martínez, junto a su pequeño Mael, defienden el valor de los productos de la tierra con mezclas innovadoras y propias.

Sebastián y Aroa Martínez, junto a su pequeño Mael, defienden el valor de los productos de la tierra con mezclas innovadoras y propias. (UNAI BEROIZ)

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  • Sebastián y Aroa Martínez, junto a su pequeño Mael, defienden el valor de los productos de la tierra con mezclas innovadoras y propias.

“Hemos quemado lo industrial y ahora buscamos la pureza, los orígenes”

MENDAVIA.- Cuenta la leyenda que la “más hermosa e infortunada princesa de las orillas del Ebro”, Doña Blanca de Navarra, atravesó la belleza de las verdes y fértiles praderas de Mendavia en su huida hacia la ermita de Legarda para escapar de su padre, el rey. Corría el año 1461. Inspirada en esos fecundos prados nace una de las seis cervezas Kondaira (leyenda), “de propiedades tan suaves como los dorados cabellos de esta dama”, según cuentan sus creadores. El matrimonio conformado por Aroa y Sebastián Martínez, de 39 y 44 años, respectivamente, ha creado un producto totalmente made in Navarra, porque como buenos mendavieses -él es de origen francés, aunque está más que afincado en Tierra Estella-, saben defender lo propio.

Desde que fundaron su marca de cerveza artesana hace apenas dos años han transportado los productos y sabores del viejo reino no sólo hasta los paladares más exquisitos, porque han conseguido ya hacerse nombre internacionalmente. El pasado 18 de marzo consiguieron dos medallas (oro y bronce) en el Barcelona Beer Challenge, el concurso internacional de cerveza artesana más importante del sur de Europa. Participaron 1.000 cervezas de 350 cervecerías de 30 países diferentes, y ellos, tras ese reconocimiento, rebosan felicidad.

El punto de partida, cuenta Aroa, “fue la afición y la pasión por la cerveza artesana, la vocación”. Sebastián, formado en Ingeniería Agroalimentaria, se especializó en levadura cervecera en Canadá. Toda su trayectoria profesional ha estado relacionada con el lúpulo, al que es aficionada también su mujer, pedagoga y educadora.

Vendieron su primera caña en 2017. “Siempre nos ha gustado la cerveza artesana, y estamos en una edad en la que ya tenemos cierta experiencia empresarial. Vas con prudencia, conoces mejor todo, tienes las cosas más claras, sabes lo que quieres… Lo ideal es poder trabajar en lo que te gusta”, valora. Empezaron “para probar”, a escala pequeña. Una cosa llevó a la otra y se han convertido ya en un referente local que ha conseguido muy buena acogida. “También hemos querido innovar, como cada uno ha mantenido su trabajo no nos lo jugábamos a sola una carta”. Son nómadas artesanales: trasladan la elaboración de la cerveza a una empresa que se dedica a prestar su infraestructura y maquinaria a otras marcas, las que empiezan y todavía no cuentan con medios para invertir.

Porque todos los comienzos son difíciles. “Y el sector ha llegado ya al punto más alto, ahora sigue en auge pero ya pasó el boom y puede que algunas cervezas empiecen a desaparecer. Al final hay tantas que unas funcionan y otras no”. Lo positivo, dice, es que existe esa tendencia hacia lo natural, ecológico y tradicional. “Hemos quemado completamente el concepto de industrialización y ahora la gente busca productos que se trabajan de manera más artesanal, más tiempo, más despacio. Volvemos a los conceptos de antaño, a los orígenes, a la elaboración tradicional y de productos naturales, porque hoy en día está todo muy adulterado. Se busca la pureza”. Entre sus innovaciones, sus mezclas contemplan en la cerveza también manzanilla ecológica de Urbasa, regaliz de palo de Corella, lúpulo de Olite e incluso patxaran de Viana.

Todos los ingredientes se trabajan con artesanos y productores navarros para dar valor a la tierra vinculando la cerveza a una leyenda o historia de Navarra. Aparece en la etiqueta y está ligada al sabor de este tesoro artesano, que se macera sobre las historias de los monjes del Monasterio de Iratxe, la guerra de los tres Sanchos o la de Blanca de Navarra. En total seis variedades que venden en tiendas ecológicas o delicatessen, y trabajan ya en un nuevo sabor -secreto- y una historia que dar a conocer.

La fórmula El maestro cervecero se encarga de elaborar las fórmulas y encontrar aquello que busca, aunque no es tarea fácil y cada cerveza tiene su procedimiento. “A veces aciertas a la primera o a la segunda, pero hay otras que nos han llevado más tiempo. Él ya sabe cómo la quiere, lo complicado es dar con ello y hay que hacer pequeños ajustes, al color de la cerveza, al amargor, a la levadura…”, relata Aroa.

¿Cerveza o vino? “Creo que está bastante equiparado. Yo prefiero un buen vino a una cerveza comercial aunque hay momentos para cada situación y no tiene que haber una relación de poder entre ambos, hay espacio para los dos”, señala la productora.

Eso sí, apunta que el auge de la cerveza artesana “no está en la misma posición que el del vino, porque de momento no está tan valorada, y ahí es donde tenemos que trabajar los cerveceros artesanos, en vender este concepto y darle valor”. Eso se hace a través de catas, de degustaciones, con la colaboración de los cerveceros -”en este sector hay muy buen rollo y sentido de solidaridad”, y con ferias, que son cada vez más numerosas.

Y es que aunque haya competencia, no hay dos cervezas iguales, por eso resulta más fácil unirse en este sector. “Tenemos que empezar más vendiendo primero el concepto y luego la marca. Además nos encontramos con las mismas piedras en el camino: la dificultad para invertir en un primer momento, porque la maquinaria cervecera es cara y no te vas a meter en una gran inversión sin haber hecho mercado y que nadie haya probado tu cerveza. Hay muchos gastos previos (etiquetado, envasado, fabricación), y tienes que tener un colchón económico para lanzarte”.

Darse a conocer también es complicado. “No es como el vino, que todo el mundo lo conoce y lo bebe. Y las cerveceras industriales llevan más de cien años educando el paladar del español. Ahora es muy difícil llegar y hacer una cerveza artesana que a ese consumidor habitual, que lleva años bebiendo cerveza de batalla, le sepa más buena”. En eso están ellos y, de momento, no les va mal.

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