Lula, mucho más que un político preso

El expresidente de Brasil se entregó a la Policía Federal acatando la orden de la Justicia de encarcelarlo doce años por corrupción en el ‘Lava Jato’. El caso divide a los brasileños y pone en jaque a la izquierda latinoamericana.

José Manuel Cuevas - Lunes, 9 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El expresidente brasileño, Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, en un mitin del Partido de los Trabajadores.

El expresidente brasileño, Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva. (Foto: Efe)

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El expresidente brasileño, Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, en un mitin del Partido de los Trabajadores.
“He hecho muchas cosas, pero no los perdono por haber pasado la idea de que soy un ladrón” “Él ya estaba condenado por lavado de dinero y corrupción y uno tiene que hacer cumplir la sentencia”

Tras refugiarse en el Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo, localidad del estado de São Paulo donde empezó su carrera política, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se entregó el pasado sábado a la Policía Federal de su país para cumplir una condena de doce años y un mes de cárcel por corrupción en el caso Lava Jato, la trama de corrupción que ha sacudido Brasil en los últimos años.

El discurso de despedida de Lula estuvo cargado de frases emotivas dirigidas a la multitud que lo acompañó hasta entregarse, después de que los propios manifestantes se lo impidieran por un rato.

Lula, de 72 años, se refirió a la historia del propio sindicato, que él mismo presidió en los años 70 y donde empezó su carrera política en plena dictadura militar, y acusó a la prensa, la Policía Federal y la Justicia de mentir al “haber pasado la idea a la sociedad” de que él era “un ladrón”.

Asimismo, Lula se refirió a cómo según él lo encarcelaban por su actividad política en favor de los pobres y por demostrar y promover que quienes han salido de las condiciones sociales más complicadas puedan conseguir logros académicos y políticos.

La respuesta de la gente, además de la reacción eufórica de quienes lo acompañaban, se dio en otras partes de Brasil, tanto por quienes se oponían al encarcelamiento del expresidente, como por quienes celebraban que se hiciera justicia frente a quien iba a ser el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones generales de octubre de este año.

El propio partido, que Lula ayudó a fundar en 1980, dio a conocer ayer en un comunicado que el expresidente había dormido “tranquilo” en su primera noche en la Superintendencia de la Policía Federal en Curitiba, de donde será trasladado al Complejo Médico Penal de Pinhais.

Según informaron ayer los diarios brasileños O Globo y Folha do São Paulo, fue necesario reforzar la seguridad del lugar ante la presencia de cientos de militantes del PT, que iniciaron una “vigilia permanente”.

De igual manera, en la cuenta de Facebook del expresidente fue publicado el sábado un vídeo animado con su voz dando un mensaje de esperanza a los suyos. Entre tanto, en Twitter se extendió la etiqueta #LulaPresoentre sus detractores y entre quienes defendían el cumplimiento de la sentencia judicial.

¿por qué está en la cárcel?Más allá del apoyo popular del que goza, Luiz Inácio Lula da Silva está preso por corrupción pasiva y lavado de dinero al haber recibido 1,1 millones de dólares (casi 900.000 euros) para reformar un apartamento tríplex en el balneario de Guaruja (São Paulo) a cambio de favorecer a una constructora con contratos públicos.

Su condena está enmarcada en la Operación Lava Jato, una investigación de corrupción a partir de irregularidades en la petrolera estatal Petrobras y de la que se encarga el juez federal decimotercero de la ciudad de Curitiba, Sérgio Moro.

LUIZ INÁCIO ‘LULA’ DA SILVA

Expresidente de Brasil

sérgio moro

Juez federal decimotercero de Curitiba

Desde 2014, en el Lava Jato se han emitido casi 200 sentencias contra empresarios y políticos, incluyendo parlamentarios de distintos partidos, en un panorama en el que también se destapó el escándalo de la constructora Odebrecht, conocida ahora por haber sobornado a políticos de una docena de países latinoamericanos a cambio de contratos.

El descontento de la población a partir de estos escándalos llevó al sometimiento de la sucesora de Lula, Dilma Rouseff, a un proceso de destitución desde mayo de 2016, tres meses antes de acabar su mandato. Las pesquisas, de igual manera, han llevado a cuestionamientos hacia al actual presidente, Michel Temer.

En lo que respecta a Lula da Silva, el juez Moro lo condenó en julio del año pasado a nueve años y medio de prisión, pero lo dejó apelar en libertad. Ya en enero de este año, un tribunal de segunda instancia ratificó la sentencia de Moro y elevó la sentencia a los 12 años y un mes que empezó a pagar la noche del sábado, con la consecuente inhabilitación de cara a las elecciones generales del próximo octubre.

El pasado 26 de marzo, el mismo tribunal rechazó las objeciones de la defensa del expresidente, y el pasado jueves el Supremo Tribunal Federal de Brasil rechazó un recurso para que Lula pudiera apelar en libertad ante la tercera y última instancias, con lo cual el juez Moro emitió la orden de captura que llevó a su entrega.

Sérgio Moro, que se ha dado a conocer a partir de su papel en las investigaciones en torno a Petrobras y Odebrecht, aclaró en una entrevista a la cadena china CGTN que no vio necesidad de posponer la orden de captura porque Lula “ya estaba condenado por lavado de dinero y corrupción”.

OTRO GOLPE ALA IZQUIERDAEl encarcelamiento de Lula da Silva repercutió más allá de las fronteras brasileñas, pues se trata de uno de los líderes más carismáticos y uno de los estandartes de la izquierda latinoamericana, que cada vez tiene menos poder.

Después de la muerte de Hugo Chávez en 2013 y ante el legado de sus aliados en la región, Latinoamérica ha girado electoralmente a la derecha.

En Argentina, por ejemplo, Mauricio Macri asumió la Presidencia en 2015 tras vencer al candidato de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien tiene tres causas judiciales abiertas.

En Ecuador, tras los diez años de Rafael Correa en el poder, su “revolución ciudadana” continuó con el mandato de Lenín Moreno desde 2017, pero su antecesor se declaró opositor por varias diferencias políticas con las que quedaría enterrado su legado.

En Chile, entre tanto, aunque la expresidenta Michelle Bachelet no formaba parte del “socialismo del siglo XXI”, los votantes optaron por sustituirla el año pasado con Sebastián Piñera, candidato de la derecha.

Por su parte, Brasil vio destituida a su presidenta (del Partido de los Trabajadores), Dilma Rousseff, y ahora ve tras las rejas al que fuera uno de sus presidentes más emblemáticos, lo que deja un futuro incierto de cara a las elecciones generales de octubre.

Esos comicios van de la mano con los respectivos en otros países de gran peso económico en la región, como México o Colombia, que pueden reorientar el mapa político latinoamericano.

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