Centro de la libertad vs. Monumento a los Caídos

Por Natxo Barberena - Lunes, 9 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Poco se ha podido hablar hasta hace bien poco del Monumento a Los Caídos y mucho se está pudiendo hablar a partir de la exhumación de los militares golpistas y del proceso participativo que se abrió para pensar sobre su futuro.

Como ya se ha contextualizado suficientemente sobre el edificio, entro directamente al grano. Yo tan solo veo tres opciones posibles: 1) su conservación tal cual está, 2) su demolición total y 3) su transformación.

La primera opción, su conservación tal cual está, me parece una barbaridad. Es seguir cometiendo un error histórico y perpetuar la exaltación del franquismo/fascismo como ideología genocida y que sigue poniendo en valor el levantamiento militar como resolución de conflictos frente a la democracia.

La segunda opción, la demolición total, me parece lógica frente a la primera. Su desaparición hace que pasemos página de una vez. Hay dos dificultades a mí entender a esta opción: uno su sobrecosto y dos, que el vacío que deja el edificio se tiene que volver a ocupar porque, tan monumento es una mole como un vacío clamoroso. Habría que darle otro perfil a esta parte de la ciudad que perviviera en el imaginativo de la ciudadanía y que haría olvidar el actual perfil de la cúpula. Pero claro, si no puede haber derribo sin edificio, volvemos al problema del coste ¿nos lo podemos permitir? Si es así, adelante.

La tercera opción, la transformación del edificio, me parece razonable si hay valentía y modernidad. El único elemento que merece ser conservado, en caso de no demolerse por completo, es la cúpula por el espacio que genera en su interior y su perfil exterior. Esta parte de Pamplona/Iruña es gris, más gris que ninguna otra, por lo que la actuación que se tenga que hacer sobre el edificio:

requerirá color, romper con esa monotonía que invade toda la plaza y recuerda incesantemente a ese pasado gris franquista.

Requerirá transparencia, abrir el edificio en canal y volverlo transparente para que respire y respiremos al contemplarlo. Limpiarlo de toda connotación de arquitectura fascista.

Requerirá accesibilidad, eliminación de pedestales, bajarlo a ras de tierra para humanizarlo.

Requerirá un uso atractivo, que motive el movimiento de la ciudadanía hacia él para disfrutar de lo que contenga. Un museo que con una visita ya lo has visto y no vuelves a entrar, convierte el edificio de nuevo en un mausoleo. Hay que dotarlo de expresión viva cambiante, expresión de libertad y para eso está el arte.

Requerirá de una adecuación del entorno, no puede convivir un nuevo espacio de libertad creadora con una fuente lineal con sus chorros de agua alineados como un regimiento militar que rinde honores al mausoleo. Esa plaza debe ser rediseñada para facilitar su tránsito y que en ella pasen cosas, actividades diversas, teatro y cine de calle, conciertos… una plaza viva y punto de encuentro similar a aquella que tiene enfrente al final de la avenida.

Y para rematar, ¿y si eliminamos esa linterna tosca y pesada que corona la cúpula y la hacemos de cristal y la convertimos en un mirador público? Tiene que haber unas estupendas vistas de la ciudad desde allí arriba. Además la bajamos del cielo y la ponemos bajo nuestros pies, buena metáfora por si quedara alguna duda de su reinterpretación.

El autor es arquitecto, artista plástico y poeta

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