la carta del día

La pelota nació vasca y se hizo mundial

Por Carlos Villanueva - Jueves, 12 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

es la leyenda que figura en el frontis y rebote, del trinquete del Club de Tenis y que resume la evolución de un deporte que nació aquí y a través de sus distintas modalidades, se extendió por buena parte de España y del extranjero. Recordemos su éxito desde Nevada a Miami, Manila, etcétera.

¿Cómo nació la pelota? Supongo que en aquellos tiempos también habría inviernos como el que acabamos de pasar y la única forma de entretenerse en las cuevas era jugando contra la pared y para ello utilizaban las pelotas de algún guerrero rival, mamut o mismamente las de Roldán, que las debía tener bien puestas, según fuesen los contendientes infantiles juveniles o mayores.

Hagamos un salto en el tiempo y centrémonos en los últimos siglos. En la mayoría de las poblaciones vascas existía, como es lógica, una iglesia que tenía una pared contra la que se lanzaban con la mano limpia, pelotas a veces de goma, trapo y más adelante de cuero a veces de peloteros y otras artesanales como las que hacia mi amitxi. No sé cómo se hacen ahora, pero recuerdo que decían que el bolo interno se hacía de intestinos de gato. Supongo que habrá por ahí estudiosos de la evolución de nuestro deporte, que me podrán corregir casi todo. Pero de lo que no cabe duda es que para jugar no necesitábamos más que una pared más o menos apañada, un suelo sin cacas de vaca y una pelota cuanto más redonda mejor.

Partiendo de esas premisas se organizaban partidos, que eran como ceremonias después de misa mayor, hora en la cual solamente se jugaban estelares, con los mejores del pueblo, dejando es resto de horas para los mediocres y chavales. Recuerdo que alrededor de la pared de mi pueblo bautizada por algún gracioso como frontón mezquino, se juntaba el público generalmente masculino a ver el partido, alguien traía un botijo del aska y más tarde algún porrón de cerveza y aparecía Marcos con una pelota de cuero negra bien engrasada y envuelta en una tela. Decían que la ponía negra con papel quemado previamente en el fogón. Es posible que fuera la única pelota decente del pueblo y se montaba el partido de rigor. Supongo que algo parecido se repetía en la mayoría de pueblos y aldeas vascos.

La pelota evolucionó como todo, se crearon decenas de herramientas, palas, shares, remonte, raquetas, etcétera, cada una con sus características que algunas de ellas como la cesta, remonte y pala, alcanzaron una difusión mundial y otras como el trinquete, establecida sólidamente en algunos países de Sudamérica, se creó la pared izquierda, se cubrieron los frontones que hoy en día en la mayoría de pueblos y ciudades vascas, son locales multifuncionales, incluyendo claro está, el juego de pelota en sus múltiples variantes.

Pues bien, a esa escena bucólica de después de misa y repetida durante décadas en casi todos los pueblos vascos, con otras personas parecidas a los Marcos, Fernando, Severo, etcétera, de mi pueblo, van los amantes del Vintage y la intentan recrear, claro está, con pelotas bien redondas, frontis y suelo bien pulido, tacos en las manos, zapatillas de marca y demás aditamentos, que exige el deporte actual. Aunque en definitiva se trata de lo mismo, de jugar contra una pared sin pared izquierda. Pero si le dices a Severo en su tiempo, que no es pelotari sino ¡frontballari!, igual te corre a boinazos por todo el pueblo pensando que le has insultado.

Señores directivos de la FIPV, muchos estamos hartos de las modalidades de pelota provenientes de los países anglosajones, squash, pádel, etcétera, a las que algunos, incluso pelotaris, se apuntan. Nos guste o no, están en su derecho. Pero que a la esencia de nuestro deporte (pared suelo y pelota y mano), practicada durante siglos en todos los pueblos y ciudades navarras y de regiones limítrofes con su idiosincrasia propia, rezo del ángelus, desafíos, pago del porrón de cerveza, apuestas que en la mayoría de los casos no superaban la puerta de la posada que constituye un valioso patrimonio histórico y cultural, vosotros mismos, con una ligereza impropia de los que tienen que velar por la autenticidad de este deporte le denominéis frontball, me parece absolutamente carente del más elemental sentido común. Os ruego, por favor, que busquéis una denominación acorde con su historia, ya sea en castellano o euskera, pero apartar ese anglicismo de nuestra modalidad primigenia.