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Períodico de Diario de Noticias de Navarra

Que (no) parezca un accidente

Se puede explicar el final de Caja Navarra de muchos modos, pero el desastre natural no es uno de ellos

Un análisis de Juan Ángel Monreal - Jueves, 12 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Un accidente o, mejor aún, un huracán. O un terremoto y su correspondiente tsunami, por emplear el término al que recurrió José Antonio Asiáin, presidente de Caja Navarra, para explicar la decisión de integrar Banca Cívica en CaixaBank en 2012. Un puerto seguro ante la “tormenta regulatoria”. Una colección de palabras que busca presentar la desaparición de prácticamente todo un sector financiero y de docenas de entidades como algo inevitable. Como un desastre natural ante el que nada se podía hacer, ni desde las instituciones regionales ni desde los propios órganos de administración de las cajas ni, por supuesto, desde sus equipos directivos. No se podía evitar y, oiga, no se quejen: que no salió mal;que, gracias a la entrada en CaixaBank, accionistas y preferentistas han podido ganar dinero y que de Caja Navarra al menos queda su obra social.

Enrique Goñi, director general de Caja Navarra, comparece mañana ante el Parlamento de Navarra por segunda vez. Y, si mantiene el tono de lo que expresó hace ya unas semanas en el Congreso de los Diputados, este podría ser el resumen de su intervención. No lo tendrá tan fácil, porque en esta ocasión el formato permite una mayor agilidad en el turno de preguntas, pero a buen seguro que su tesis y su forma de parecer, lo que él mismo definió como “la verdad latosa, perenne, aburrida e implacable”, no habrá variado de forma sustancial.

La desaparición de Caja Navarra no era el único final posible: evitarla hubiese requerido de una gestión muy diferente

Lo único cierto es que, a diferencia de la Comunidad Autónoma Vasca y Aragón, Navarra perdió a su principal entidad financier

Esta versión choca sin embargo con algunas realidades. Y quizá la más categórica es que Caja Navarra no existe hoy como entidad de crédito, a diferencia de las diminutas Caixa Pollença o Ontenyent, ni controla tampoco el banco creado, como BBK, Ibercaja o Unicaja, si bien esta última cotiza en Bolsa desde el pasado verano. Existían por tanto, otras opciones, otros finales posibles para una entidad que contaba con casi un siglo de historia cuando su último director tomó las riendas en el año 2002.

Porque, para entender lo que sucedió con Caja Navarra, conviene retroceder hasta ese momento. Y dividir el análisis entre lo sucedido hasta 2008 y lo que aconteció a continuación. Así, en 2001, Caja Navarra poseía un coeficiente de solvencia superior al 14%, que siete años apenas rebasaba el 8%. Mantenerlo en cifras similares, o al menos por encima del 12%, habría resultado una garantía de supervivencia. Pero lograrlo habría requerido de una gestión completamente distinta a la que se llevó a cabo durante aquellos siente años: más prudente, más conservadora, más clásica, más centrada en el negocio puro y duro, en la gestión de los riesgos y menos en la sorpresa y el continuo golpe de efecto.

Habría sido necesario para ello no recurrir tanto a la financiación mayorista, moderar la obra social sacrificar una política de expansión tardía e inoportuna. Porque, si bien la concentración del negocio en la Comunidad Foral resultaba excesiva, también es cierto que en Navarra tanto el paro como la tasa de morosidad se mantuvieron por debajo de la media durante crisis. Basta con echar un vistazo a las cifras de Caja Rural durante el mismo periodo para comprobarlo. O dicho de otra manera: con el segundo o tercer PIB per capita más elevado de España, Navarra es uno de los mejores territorios para tener una entidad de crédito.

Lo sucedido a partir de 2008 no se entiende sin ello. Como explicaba este mismo domingo el auditor Carlos Andrés Uranga en este periódico, la elección de la fórmula SIP, de los compañeros de baile y el modo contable en que se calcularon las pérdidas esperadas fueron decisiones que, en conjunto, han resultado desastrosas. Y que conviene explicar con detalle. Porque lo único cierto, a diferencia de lo sucedido en la Comunidad Autónoma Vasca y Aragón, es que Navarra ha perdido a su principal entidad financiera.

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