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Trump suaviza su discurso bélico en Siria

El Pentágono teme que un enfrentamiento con Rusia desate una escalada de la tensión militar a nivel mundial

Rafael Salido - Viernes, 13 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Jim Mattis y Joseph Dunford testifican ante el Congreso.

Jim Mattis y Joseph Dunford testifican ante el Congreso. (Foto: Efe)

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  • Jim Mattis y Joseph Dunford testifican ante el Congreso.

washington- Después de varios días de amenazas por parte del presidente Donald Trump, Estados Unidos suavizó ayer su discurso sobre una posible acción militar contra Siria en respuesta al presunto ataque con armas químicas en Duma el pasado sábado, en el que fallecieron al menos 43 personas.

El primero en dar un paso atrás fue el propio Trump, quien a primera hora del día utilizó su cuenta de Twitter para matizar sus palabras, con las que el miércoles insinuaba que una ofensiva sobre Siria era inminente. “Nunca he dicho cuándo se producirá el ataque. Podría ser muy pronto o no tan inmediato”, afirmó.

No obstante, horas más tarde el presidente puntualizó, durante un encuentro sobre comercio y agricultura que tuvo lugar en la Casa Blanca, que se tomarán “decisiones bastante pronto” acerca de Siria. “Veremos qué pasa. Estamos analizando la situación de manera muy seria. Es muy complicado que el mundo nos ponga en una situación así”, agregó.

En similar sentido se expresó el secretario del Departamento de Defensa, James Mattis, quien durante una audiencia del comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes reconoció que, aunque cree que “se produjo” el ataque, aún se están “buscando las pruebas” que permitan tomar una decisión.

Mattis opinó que estas evidencias solo se podrán obtener si el Gobierno del presidente sirio Bachar al Asad autoriza una investigación por parte de los inspectores de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), la cual podría producirse en el plazo de una semana.

En todo caso, insistió el jefe del Pentágono, esta indagación solo podrá realizarse si cuenta con el beneplácito de las autoridades sirias, que aseguraron ayer que “están ofreciendo todas las facilidades posibles”.

Mattis informó a los congresistas que a lo largo del día el presidente Trump, quien “todavía no ha tomado una decisión” definitiva sobre el asunto, se reunirá con el Consejo de Seguridad para evaluar la situación y las posibles opciones.

miedo a rusiaLa bajada de tono de Trump tuvo lugar después de que la Armada rusa en Siria comenzara a prepararse para un inminente ataque de EEUU, un hecho que provocaría una escalada de la tensión militar entre el Kremlin y la Casa Blanca sin precedentes desde la Guerra Fría.

Así, los buques de superficie y los submarinos rusos atracados en la base de Tartus abandonaron dicho puerto sirio por motivos de seguridad. “En caso de amenaza de ataque, los navíos salen a una zona de libre maniobra (mar abierto) para evitar ser destruidos con un proyectil”, confirmó ayer Vladimir Shamánov, jefe del comité de Defensa de la Duma o Cámara de Diputados.

El legislador subrayó que esa es una “práctica habitual” y que su objetivo es garantizar “la supervivencia” de los buques, estacionados en ese puerto desde tiempos de Hafez al Asad, el padre del actual mandatario, Bachar.

Además de los navíos de pequeño tonelaje que se encuentran en Tartus, la Armada rusa cuenta con su propia flota en el Mediterráneo Oriental desde 2013, año en que regresó a la zona tras más de dos décadas de ausencia.

Mientras los militares rusos se preparaban para lo peor, los políticos arremetían contra los “ánimos militaristas” en Washington y advertían de las graves consecuencias de posibles acciones militares contra Damasco. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que seguía “activado” el canal de enlace entre los militares rusos y estadounidenses para evitar incidentes, especialmente aéreos, en el país árabe.

Mientras, el presidente ruso, Vladimir Putin, apeló al “sentido común” de Trump y abordó en profundidad este asunto por segunda vez esta semana con su aliado y, al mismo tiempo, enemigo acérrimo de Al Asad, el líder turco, Reccep Tayip Erdogan.

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