Esto se pone negro

Por José Luis Úriz Iglesias - Viernes, 13 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

En los últimos tiempos levantarse a la mañana y dar un repaso a la prensa diaria puede dar lugar a un estado depresivo que te dure todo el día.

Da la impresión de que todo se desmorona y que a este mundo, al menos al que conocemos, le quedan dos telediarios. Esto, independientemente de lo del cambio climático, que nos lleva a meses de sequía para, a continuación, llegar otros tantos de lluvia y que las estaciones se confundan con retrasos y adelantos.

Por citar exclusivamente la actualidad del instante en el que se escriben estas líneas, podemos observar (los que practicamos este peligroso arte en un mundo donde la mayoría sólo ve) que una mujer ha sido de nuevo asesinada por su pareja, esta vez en Blanes, Girona.

Una epidemia que nadie es capaz de atajar, porque quizás estemos errando en el diagnóstico, y los que tienen capacidad de hacerlo a menudo miran para otro lado.

En la UE nos acecha otra epidemia, el triunfo de los partidos xenófobos, racistas, populistas o de extrema derecha. Después de lo ocurrido en Italia con tres partidos como 5 Estrellas, La Liga Norte, o el que lidera Berlusconi ocupando los primeros puestos en los recientes comicios, o antes Francia con Macron, ahora le ha tocado el turno el pasado domingo a Hungría, demostrando en su proceso electoral que algo muy negro se avecina de manera imparable.

Tres quintos del Parlamento lo van a ocupar los partidos de extrema derecha o neonazis, con la capacidad por tanto incluso de cambiar su Constitución. Son partidos con programas claramente racistas y xenófobos que han contado con el voto masivo de la ciudadanía. Terrible noticia para los demócratas europeos.

Lo que está sucediendo en Siria, el ataque con armas químicas a la población civil con numerosas víctimas, la mayoría mujeres y niños, la situación extrema en Palestina con decenas de ciudadanos acribillados por los militares israelíes o ver al expresidente Lula da Silva, por cierto el favorito para las elecciones de Brasil, entrando en la cárcel por corrupción, son síntomas de lo negro que se pone el panorama.

Que el mundo tenga como principales líderes a dos personajes como Trump y Putin es como para hacérnoslo mirar..., por un psicoanalista claro. Observar a su diestra a gentes como Al Sádar, Kim Jong-un, Xi Jimping, Maduro o Netanyahu produce escalofríos.

Estudios sobre el exceso en el consumo de drogas, alcohol o sexo sin control entre los jóvenes, la violencia que brota cada fin de semana en los lugares de ocio, tampoco nos da para ver ningún rayo de sol. Es probable que la crisis económica esté acabando, aunque no para toda la ciudadanía, pero deja una profunda crisis de valores.

Solidaridad en tiempo de individualismo, empatía en momentos de egoísmo, amistad, honestidad en instantes de corrupción, verdad en tiempo de postverdad son conceptos del pasado en vías de extinción.

En la Unión Europea nos acecha otra epidemia, el triunfo de los partidos xenófobos, racistas, populistas o de extrema derecha

Ahora que se cumplen 41 años de la legalización del PCE añoro aquella época donde, al menos quienes luchamos contra el franquismo, practicábamos y disfrutábamos de esos valores.

En la política casera también se aprecian indicios de negrura. Nuestro país tampoco se libra de la peste del populismo, desde Rivera a Puigdemont apreciamos este peligroso concepto. Lo verdaderamente lamentable no es que existan personajes así, sino que la gente les vote ajena a ese peligro.

La crisis de Cristina Cifuentes y su máster fantasma nos lleva igualmente a zonas de oscuridad, donde lo más terrible no es sólo que suponga un nuevo golpe para el prestigio de una actividad, la política, que debiera ser digna y limpia, sino en este caso también para el de una universidad pública ahora en entredicho.

Observar con perplejidad el más de un minuto de ovación cerrada a la implicada en la reciente convención del PP, parece indicar que los partidos políticos aún no han entendido nada. No es sólo problema del PP, también vimos imágenes parecidas con Chaves y Griñán en el PSOE, que precisamente ahora vuelven al banquillo de los acusados, o con Pujol en CDC, ahora PdeCat.

Hasta que esos partidos, aún con estructuras del siglo XIX en pleno XXI, no se adapten a las demandas sociales en este tema y otros, no avanzaremos en la buena dirección. Así, encuesta del CIS tras encuesta reflejan que precisamente ellos, que debieran servir para solucionar los problemas de la ciudadanía, acaban siendo uno de los problemas más importantes de nuestra democracia.

Por no hablar del conflicto Estado-Catalunya, que lleva camino de enquistarse de manera definitiva. A los errores continuos del PP le suceden inmediatamente los del mundo independentista. Errores judiciales, policiales, políticos que están dejando a nuestra democracia en entredicho.

Hasta que no se entienda por ambas partes que los conflictos políticos se resuelven de manera política, pero con respeto de la ley, buscando puntos de encuentro desde el diálogo y la negociación, esto no acabará.

Siguen los síntomas evidentes de una regresión en la libertad de expresión, el último con el intento de boicot a una obra de Alberto San Juan. Torquemada ha vuelto.

Este artículo se podría extender hasta casi el infinito para demostrar sin ninguna duda que esto se está poniendo muy negro. A veces a uno le entran ganas de salir corriendo hasta alcanzar la galaxia. Pero como aún quedan ganas de batallar para darle la vuelta seguimos en la trinchera.

Veremos...

El autor es exparlamentario y concejal del PSN-PSOE