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El gimnasio de la CD Amaya, anegado

El agua no llegó a dañar las máquinas deportivas, pero contaminó con barro la piscina olímpica y la de 25 metros

Sábado, 14 de Abril de 2018 - Actualizado a las 09:50h

“Los usuarios son los más afectados por estos sucesos, ya que la CD Amaya se paraliza”

pamplona- Mientras que las piscinas de Burlada no sufrieron apenas daños como consecuencia de la crecida del río y pudieron reabrir sus puertas ayer mismo a mediodía, la Ciudad Deportiva Amaya corrió mucha peor suerte dada su ubicación a orillas del Arga y a ras de suelo. “Estamos completamente desprotegidos ante este tipo de fenómenos, y por eso la corriente de agua ha llegado hasta el gimnasio y hasta las piscinas Olímpica y de 25 metros”, explicó Pablo Navallas Santos, gerente del recinto que permanece cerrado desde el miércoles.

Aunque el pronóstico oficial estimaba que la mayor riada iba a tener lugar el jueves entre las siete y las nueve de la mañana, la corriente de agua cobró más fuerza a partir del mediodía, momento en el que las instalaciones de Amaya comenzaron a inundarse. Así, el agua de la piscina Olímpica y de la de 25 metros adoptó un tono marrón, y el suelo del gimnasio y de las canchas de pádel quedó totalmente encharcado.

pablo navallas santos

Gerente de la Ciudad Deportiva Amaya

Pese a los daños sufridos y gracias a la labor de los servicios de limpieza, que comenzaron a trabajar a las siete de la mañana, las instalaciones de la Ciudad Deportiva abrieron sus puertas parcialmente ayer, aunque la normalidad relativa no se recobrará hasta el próximo lunes.

“Los usuarios son los más afectados por este tipo de sucesos, ya que, como Amaya se paraliza durante varios días, sus actividades también se cancelan. Además, el aplazamiento de la Carpa Universitaria también nos perjudica porque tendremos que ajustar los horarios otro viernes más”, explicó Navallas, quien tiene que enfrentarse con cada vez más frecuencia a las crecidas descontroladas del río.

El recuerdo de las riadas de los años pasados se mantiene muy presente entre las limpiadoras de Amaya;una de ellas, Inma Castillo Molís, hizo balance de los desbordamientos recientes y subrayó “el incordio” que supone recuperarse de cada sacudida fluvial. “El agua siempre termina entrando dentro del recinto porque estamos pegados al río y no hay nada que nos proteja”, explicó la mujer mientras secaba los charcos que quedaban entre las máquinas del gimnasio.

Otra de las limpiadoras, Paula Pesántez Berresueta, se mostró un poco más optimista al comparar los daños sufridos el jueves con la situación que se vivió en 2013. “En aquella ocasión el agua cubría todos los rincones y no había forma de limpiar el barro. ¡Esperemos que este año no se repita esa pesadilla!”, confesó la mujer.

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