Ilusión sobre tres ruedas

Sábado, 14 de Abril de 2018 - Actualizado a las 09:50h

Un 6 de septiembre de 2012 la vida cambió para el tudelano Sergio Pozos que tenía entonces 30 años. Su caída del andamio no pasó de ser un accidente laboral más pero ese día marcó el resto de su vida, de la de su mujer, Beatriz (con la que lleva desde los 18 años), y de toda su familia (incluido su perro Tao, que murió hace dos años). Pero su espíritu, su ilusión y su sonrisa no han cambiado. En su nueva vida, sentado en una silla de ruedas, ha buscado distintas ilusiones, retos y ambiciones con los que levantarse cada mañana y los pedales son ahora el motor que mueve su mente.

Nunca ha pensado en su lesión como un freno, ni siquiera cuando despertó en la cama del hospital. Su nueva situación le ha abierto los ojos al mundo del deporte del que conocía más por televisión que por practicarlo, “mis brazos me llevan ahora donde nunca lo hicieron mis piernas”, afirma con su eterna media sonrisa. Tras 5 años de practicar handbike, con varias medias maratones (como la Behobia-San Sebastián), campeonatos de España, trofeos en carreras y retos logrados (subir al Moncayo desde Tudela) sus aspiraciones miran ya a medio plazo (hacer la etapa de los Lagos de Enol y el Tourmalet) y a largo plazo con poder llegar algún día a unos Juegos Olímpicos, siempre junto a Beatriz y ahora su otro yo inseparable, Rolo, al que sacó de una perrera tras la muerte de su primer perro Tao, “cuando ocurrió el accidente sufrió mucho y le cambió el carácter, estábamos muy unidos. Cuando me desperté en Pamplona por el primero que pregunté fue por Tao. Se murió con cuatro años y no me fui detrás de milagro. Desde que llegó al hospital de Toledo en diciembre de 2012 ha buceado, jugado al baloncesto, esquiado y andado en bici, deporte del que se enamoró y en el que no para de crecer. “Ojalá recordara algo de aquel día. Solo recuerdo cosas de una semana antes y de 10 días después de llegar al hospital, tras el accidente en Logroño. En medio, nada. Me desperté en la cama del hospital, con una dosis de medicación bestial y sin recordar nada. Ni siquiera me daba cuenta de que no me pudiera mover”, relata Sergio Pozos.

en toledoLo normal en estas circunstancias es “coger unas depresiones de caballo”, como dice él, pero cuando se vio en la cama y se lo explicaron, “la verdad es que lo asimilé y cuando llegué al hospital de Toledo y visité a la psicóloga le dije ‘las horas que tengas reservadas para mi dedícalas a otro porque yo no necesito’. Solo pensaba en rehabilitarme para irme a casa”. Dicho y hecho, todos los ratos que podía coger al día los dedicaba a hacer ejercicios y a fisioterapia. De hecho, llegó en octubre y si normalmente nadie sale de allí antes de 6 meses, el puente de diciembre ya lo disfrutó en Tudela. “Cuando sales, te preguntas qué eres. Tu eres periodista, yo era escayolista, pero entonces no era nada. Tienes muchas horas para pensar y tuve que buscar un escape”, recuerda, “ahora soy ciclista, el deporte recupera casi más que la fisioterapia”.

“Muchas veces pienso si yo hubiera sido capaz de hacer todo lo que mi mujer a hecho por mi”

“Ver la ilusión con la que el campéon de España hablaba del handbike me contagió”

“A veces se te va la cabeza a pensar lo que has perdido y no l

Su pasión por la bici llegó en el propio Toledo una tarde mientras jugaba al ping pong, “me dijeron que si quería bajar a dar una vuelta en bici. Pensé que se habían equivocado pero me hicieron salir al parking y había varios pacientes montados. Me subí a una y después de 3 meses sobre una silla de ruedas, coger la bici adaptada y ver la sensación de libertad y velocidad que te da me enganchó. Ya no pensé en otro deporte y todo el objetivo era comprarme una cuando saliera de allí”. La segunda vez que llevaron bicis de ese tipo estuvo presente Gustavo Molina, que era campeón de España de su categoría, “me estuvo contando que había carreras, su sueño de ser olímpico... ver su ilusión me contagió”.

Gracias a que un cuñado suyo saxofonista organizó un concierto benéfico en Tudela consiguió reunir el dinero para la bicicleta de competición, “y así empecé, al principio no llegaba ni a Ablitas (unos 5 kilómetros) a mi ritmo, tranquilo. No quería cogerle manía y no me lo tome como obligación. Fui entrenando y haciendo cada vez más kilómetros y decidí ir a una carrera de Madrid que se llama Ponle freno e hice un cuarto. Era diciembre de 2013, llevaba dos meses con ella”.

Entonces ya se planteó la competición como algo serio y se federó, “fue algo complicado, fui el primero en Navarra y estamos integrados en la Federación de Ciclismo. La UCI me controla a mí, igual que a Contador”, sonríe;y se plantó de golpe en su primer campeonato de España. “Me sirvió para darme cuenta del trabajo que necesitaba y también para motivarme”. Con el tiempo Sergio sentía que no mejoraba las cronos y que mucha gente joven llegaba a su categoría por lo que tomó otra decisión “me dije, o hago el dominguero o si compito lo hago bien”.

De esa forma se metió en una dieta, que él denomina kamikaze, que le ha permitido perder 17 kilos en seis meses y su próximo paso es tratar de buscar un entrenador una vez que cinco veces a la semana sale tres horas diarias en bici, “en realidad no me supone esfuerzo. Hay días que me toca descansar y el cuerpo me pide salir en bici. Sé que es casi un imposible pero mi sueño es tratar de llegar a los Juegos Olímpicos”.

Sergio solo tiene palabras de reconocimiento para Beatriz. “No dudó ni un momento en dejar su trabajo e ir a Toledo conmigo. Muchas veces pienso si yo hubiera sido capaz de hacer todo lo que ella ha hecho. Nunca me ha demostrado bajones, aunque seguro que habrá tenido sus malos ratos”. Los tres viajan siempre juntos, Beatriz, Sergio y Rolo, “cada vez que piensas en viajar, ir a un concierto o cualquier cosas se convierte en una aventura porque tienes que prever todo, cómo es el hotel, los accesos... Incluso ir a ver el Fútbol Sala aquí en Tudela. El club se porta muy bien conmigo, pero a veces dejan coches los árbitros o la ambulancia y ya no puedo pasar”. Desde la serenidad y la perspectiva, Sergio se muestra convencido, “muchas veces se te va la cabeza en estas circunstancias a pensar en lo que has perdido pero no a lo que has ganado”, concluye.

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